domingo, 19 de mayo de 2013


PADRENDA SALDA SU CUENTA CON EL CIEGO PADÍN

Eugenio Padín, conocido en su tiempo como el “Cego de Padrenda” recibió por fin su homenaje por parte del concello y la Diputación, un tributo que coloca a este icono de la música popular, ahora ya de forma consciente, en la memoria colectiva de los meañeses. El acto se celebró este pasado viernes, Día das Letras Galegas, jornada que coincidía precisamente con la del 74 aniversario de su muerte. Padrenda pone así una pica en el mapa gallego de la cultura merced este ciego, mítico cantor de coplas, que llevó el nombre de su localidad como emblema allí a donde iba.

Momento de homenaje el ciego Padín en los exteriores de la casa de cultura de Padrenda

    El homenaje conllevó el descubrimiento de un medio relieve del ciego creado por el escultor Lucas Míguez y que permanece adosado ya a la fachada de la casa de cultura. En él se ve al ciego Padín tocando su zanfoña acompañado por uno de sus nietos a la pandereta, una imagen ésta legada por el objetivo de la cámara del fotógrafo Francisco Zagala en 1885. El acto congregó a un centenar de vecinos y contó con la presencia de la alcaldesa Lourdes Ucha, el presidente de la Diputación Rafael Louzán, el delegado territorial de la Xunta Cores Tourís y varios miembros de la familia, hoy descendientes del ciego Padín, entre los que se encontraba su nieta Mercedes más un tataranieto que puso la nota musical al momento interpretando al órgano el himno gallego y el “Negra Sombra” del poema de Rosalía.
   Tras una breve semblanza que Lourdes Ucha hizo sobre el ciego se procedió al descubrimiento del relieve que estuvo seguido de la presentación de un libro -que se distribuyó entre los presentes- editado por la Diputación a partir de un trabajo de investigación sobre el personaje realizado por el joven meañés Manuel Paz Castro. Tras ello el presidente provincial Rafael Louzán resaltó el “el ejemplo de afán de superación de ciego Padín”, el hecho de que aquel  homenaje al ciego partiera en su día de una propuesta del cura párroco de Padrenda, Ramón Fernández, y el empeño que durante años puso en llevarlo a cabo el fallecido alcalde Jorge Domínguez.

Un ciego anónimo con su zanfona
   El personaje
  Eugenio Romualdo Padín García nació en Padrenda en 1853. La viruela lo dejó ciego con 18 años, pero ello no fue óbice para que su novia, Ramona, con la que mantenía una relación formal, contrajera nupcias con él años después. Del matrimonio nacieron tres hijos, Ramón, Adolfo y María. Hoy viven tres de sus nietos, si bien sólo uno, Mercedes, mantiene la mente lúcida para atisbar algunos recuerdos del que fuera su abuelo.
  El ciego Padín se atrevió pronto con la copla y el romance hasta convertir su afición en un estilo de vida. Sus hijos primero, luego un criado y más tarde un nieto, se convirtieron en sus lazarillos en cada viaje por cuanta fiesta había y donde hacía gala de su sátira, música y voz. En las Cabezas en Armenteira, en la Pastoriza en Vilanova, en Santa Cruz en Castrelo, en las Angustias de Xil, en San Adrián de Vilariño... no había fiesta, fonda o taberna que se preciara en O Salnés por donde no pasara el ciego con sus coplas. No obstante, su mejor clientela estaba en Vigo y en el hotel de A Toxa, en donde amenizó los baños en verano durante más de 60 años y donde los turistas gozaban con sus valses, polkas y coplas, tocados, “barbalolados” o cantados, y no sólo en gallego o castellano, sino hasta en francés, idioma éste en que, por cierto, el ciego cobraba más por cantar.
   Su figura fue retratada con maestría en su tiempo a través de la pluma de Cabanillas, Filgueira Valverde o Blanco Torres -quien dijo de él “era respetado polos vellos e animado polas mozas”-, así como por el pincel de artistas como Castelao, Osés o Suárez Couto.

El ciego de Padrenda actuando en la Fonda de Calixto en Cambados en un cuadro de Castelao



     El último juglar
   “Los ciegos eran en su tiempo los herederos de aquella tradcións jugalresca. Con sus coplas venían a ser la viva voz de lo que hoy es la sección de sucesos de un periódico”. Quien así habla es el maestro lucense Baldomero Iglesias Dobarrio, miembro en su día de Fuxan os Ventos y fundador del grupo de música tradicional A Quenlla, y que es hoy unos de los grandes conocedores de los cantares de ciegos. “Los sucesos -continúa-, y en particular los crímenes, eran la temática más recurrente de sus coplas, y el caso del cego de Padrenda no era una excepción. También estaban presentes los amoríos, la temática heroica y la pícara, incluso alguna sátira política, con metáforas para eludir la censura y dependiendo del público presente”.
   En su investigación sobre el “cego de Padrenda” Baldomero Iglesias ha logrado recopilar algunos de los temas que interpretaba Eugenio Padín “entre ellos una marcha real con la que abría repertorio y la pieza Non me mates, que era un parrafeo de temática amorosa entre mozos y mozas”. “Otras -continúa-, como el Xan Pirulé que popularizó Padín, estaban extendidas entre los ciegos, mismo en Lugo la misma pieza era conocida como As tres comadres, si bien es cierto que luego cada uno, como hizo el de Padrenda, adaptaba la letra a su zona alumbrando una versión nueva”. Pero el arte del ciego no sólo era el canto sino también el humor “y así -concluye Iglesias Dobarrio- era habitual que contaran chistes o realizaran comentarios jocosos para captar la atención del público”.

Un ciego con su lazarillo. Foto de Zagala
Famoso y austero
Tal fue su fama que el ciego Padín pronto se codeó con gente de alcurnia entre ellos el propio marqués de Riestra, uno de los personajes más influyentes de la Galcia su tiempo. “También era llamado a cantar a casa de señores como los Zárate -rememora hoy su vecino Ramón Piñeiro, conocido como Moncho “O Ferreiro”-, y mismo la señorita María de Zárate fue madrina de bautismo de la hija del ciego”. “Recuerdo que a la isla de A Toxa -continúa- acudía cada verano de vacaciones al hotel un célebre tenor de la época, Mercadillo, quien disfrutaba mucho cantando allí con el ciego”. Refiere además como en otra ocasión los turistas adinerados del Gran Hotel da Toxa financiaron las guirnaldas del alumbrado que se dispuso en Padrenda cuando la fiesta del Sacramento de la hija del ciego. Y es que la fama de Padín llegó a ser tal que allí donde actuaba acudía la gente en gran número “porque entonces -recuerda Moncho- ir a ver al ciego era como hoy ir a ver a Los Satélites o la Sintonía”.
   Esa fama contrastaba, no obstante, con la austeridad de su vivienda. En ella solían parar los afiladores que, amén de afilar cuchillos y tijeras, arreglaban paraguas y platos a los vecinos en la casa del ciego Padín.. Aque era una casa humilde del barrio de Baiuca en la que había dispuesto para él mismo una pequeña habitación en el exterior que daba al porche cubierto por una parra de viña. “Yo, que entonces era un niño -recuerda Moncho- lo veía andar a menudo el aquel porche; cada vez que tropezaba con los postes de la viña acudía el nieto para guiarlo o sentarlo”.
   El ciego Padín falleció el 17 de mayo de 1939 a la edad de 86 años. Sus vecinos afirman que tocó su acordeón por fiestas y fondas hasta poco antes de morir. Hoy Padrenda conserva apenas su recuerdo a través de la voz puñado de ancianos, algunos de los cuales sirvieron de testimonio para este reportaje. La vieja casa, heredada por hijos y nietos acabó en manos ajenas, vendida y derribada. Dentro se constata que había una pequeña acuarela que el propio Castelao, con el que había trabado amistad, le había regalado al ciego y en la que se le veía sentado, tocando el acordeón, en su pose habitual de cabalgar una pierna sobre otra, cuadro de que nada se supo tras la muerte traumática del Albino, nieto y propietario de la vivienda, víctima de un atropello en Castrelo. También fueron dilapidadas muchas de las que las fincas que adquirió a costa del dinero que ganaba en sus actuaciones, y lo mismo ocurrió con el viejo acordeón al que se le perdió la pista tras habérselo requerido un hijo con el pretexto de repararlo.

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Mercedes Padín González
  Nieta del “Cego de Padrenda”

Mercedes Padín González es nieta del “Cego de Padrenda”, y  la única persona viva de la familia directa en condiciones de aportar testimonio sobre el que hoy es considerado como el último juglar de O Salnés. A sus 80 años Regina, que actualmente vive en Salcedo, evoca aquí el puñado de recuerdos que conserva ligados a su abuelo, el ciego Eugenio Padín.

“RECUERDO QUE SIENDO NIÑA NOS VISITABA Y ME SENTABA EN SUS RODILLAS”

 
Mercedes Padín en su casa de Salcedo
-       ¿Qué recuerdos conserva vivos de su abuelo?
-   Pocos, porque cuando lo conocí era yo muy pequeña, apenas cinco o seis años y vivíamos de aquella en Campolongo en Pontevedra. Mi recuerdo se limita a algunas visitas que nos hacía, en la que me cogía en brazos y me sentaba en sus rodillas diciéndome que me quería mucho. Luego recuerdo a ir a su casa en Padrenda a comer en algunas fiestas con la familia, pero de aquella el abuelo ya había muerto.
-       ¿Y cómo era aquella casa que hoy ya no existe?
-       Era una vivienda humilde, con un pequeño porche y una parra de viña en la parte delantera. El interior tenía una cocina terreña y una gran sala que hacía las veces también de habitación. En ella recuerdo algunos de sus instrumentos colocados en una especie de baranda: el viejo acordeón, creo que una gaita, un viejo bombo... También recuerdo colgadas muchas pinturas, una de ellas decían que era del mismo Castelao.
-  ¿No conserva ningún recuerdo material de aquella casa?
-       No. Tiempo después cuando se hablaba de que el nieto que había heredado la quería vender hablamos con él para comprar la piedra de la vieja lareira que había en casa y tener un recuerdo, pero no quiso venderla.
-       Y usted ¿cuándo tuvo noción de la importancia del personaje de su abuelo?
-       Fue mucho después. Yo trabajaba como limpiadora en el sanatorio de Santa María en Pontevedra y por aquellos años estuvo ingresada allí por una operación una señora llamada Herminia Fariña, que resultó ser una poetisa de Meaño que al parecer era muy reconocida en aquella época.
-       Tanto que era esa mujer era miembro de la Real Academia Gallega.
-       Sí, pero yo realmente de aquella no sabía de la importancia de aquella mujer. Recuerdo que un día mientras limpiaba la habitación en la que estaba ingresada ella me preguntó de donde era. Cuando le dije que tenía vínculos con Meaño, en concreto en Padrenda porque era nieta del ciego, ella se sorprendió y me dijo que lo había conocido mucho. Fue aquella mujer quien me descubrió su importancia.
-       ¿Recuerda que le dijo?
-       Sí, me dijo: “¿pero tú sabes quién era tu abuelo?  Tú abuelo era muy importante, era toda una eminencia”. A raíz de ello en esos días en que estuvo hospitalizada me cogió mucho afecto por la admiración que sentía hacia el que había sido mi abuelo. Tiempo después me envió una nota manuscrita en la que hablaba de esa admiración y acompañó esa nota de un poema que ella hiciera en honor al ciego y que al parecer se había publicado en muchos sitios.
-       ¿Conserva la nota y el poema?
-       Sí, los tengo aquí mismo.
Mercedes desdobla un viejo papel y nos entrega la nota manuscrita fechada el 17 de noviembre de 1958 junto con el poema original. En la primera se lee: “A la bella señorita Merceditas Padín, nieta del inolvidable y célebre protagonista de este sencillo romance, publicado en varias revistas españolas y extranjeras como tributo de sincera admiración”. Y a su lado el poema que evoca el entierro del ciego y que acaba con estos versos: “¡Cómo solloza el paisaje /dándote la despedida! / Ciego de Padrendra, ¡adiós! / ¡Que tengas luz allá arriba!”

Familiares del ciego de Padrenda con Lourdes Ucha y Lucas Míguez en el centrro

sábado, 27 de abril de 2013

EDUARDO CAMIÑA UCHA
Sumiller meañés finalista de "La Nariz de Oro 2013"

Como cualquier meañés Eduardo Camiña Ucha se crió entre viñas. Ahora este joven de Simes, que trabajó en restaurantes como “Pepe Vieira” o “Casa Solla” y que lo hace ahora en el “Abastos 2.0” de Santiago, acaba de ser elegido como uno de los once finalistas gallegos para la Nariz de Oro 2013. En total serán los 73 sumilleres de toda España los se darán cita en Madrid los días 14 y 15 de junio en esta final que designa al mejor sumiller español del año. La particularidad de este meañés es su juventud puesto que, con tan sólo 21 años, es uno de los finalistas más jóvenes del certamen lo que apunta su potencial en el mundo de sumillería. 


“CREO QUE LOS VINOS GALLEGOS SE VALORAN MÁS EN EL RESTO DE ESPAÑA”

Eduardo Camiña, finalista de "La Nariz de Oro" 2013
   -  ¿21 años no es una edad temprana para ser  finalista de la Nariz de Oro?
    -  Sí, he llegado lo que se dice pronto porque la edad media de los sumilleres que llegan a esa final es de 35 o 40 años, que es cuando se está en pleno apogeo.
    -  Y cuando el cliente del “Abastos 2.0”, que es donde usted trabaja en Santiago, requiere de los servicios del sumiller y se les pone delante un chaval de 21 años para aconsejarle en vinos ¿no recelan un tanto?
    -      Reconozco que al principio a los clientes que no me conocen sí les sorprende, pero luego cuando les hablas y ven que realmente conoces este mundo sí se dejan aconsejar.
     -    Generalmente asociamos el sumiller al mundo del vino, pero no sólo es ese campo el suyo ¿no?
    -   No, el sumiller es experto no sólo en vinos, sino también en licores y todo tipo de bebidas, alcohólicas o no, incluso aguas, como también en puros, quesos… y todo lo que conlleva el mundo de la sobremesa.
-       ¿Cómo surge en usted la pasión por este mundo?
-       Desde pequeño en casa se vivía el mundo de la viticultura y del vino, y supongo que eso influyó en que, cuando me decanté por hacer un ciclo de servicios de restauración en el instituto Carlos Oroza de Pontevedra, me cautivara un módulo de sumillería que impartía en él. Luego, por casualidad en el restaurante “Pepe Vieira” conocí a Xoan Canas, quien fue Nariz de Oro de España en 2004. Cuando le hablé de mis inquietudes se brindó a apoyarme, me dejó material, libros… De su mano empecé a conocer los vinos de Galicia, Francia, Alemania… incluso acabé trabajando en “Pepe Vieira” un verano. Tras finalizar mi módulo hice las prácticas en “Casa Solla” en Poio, y de la mano de Pepe Solla, que no sólo es gran cocinero sino también gran conocedor de vinos, me seguí formando, hasta el punto de que tras las prácticas trabajé unos meses con él. Hubo más gente que me ayudó como Rodrigo Méndez en Meaño que desde su bodega me abrió el mundo de sus tintos Rías Baixas…
-       ¿Cuál es la norma básica de un buen sumiller?
-       Yo creo que hablar con el cliente, conocer sus gustos y, en función de ellos, ayudarles a escoger un vino, un licor… que le enganche y que haga de esa comida o esa velada algo especial.
-       ¿La gente se deja aconsejar cada vez más al sumiller?
-       Depende de donde trabaje uno, pero aquellas personas que acuden a un local que dispone de un sumiller sí suelen requerir su servicio, quieren escuchar su consejo.
-       ¿Cómo es esa final de la Nariz de Oro en Madrid?
-       Será los días 14 y 15 de junio. En ella habrá dos tipos de pruebas. En una se catan cuatro vinos diferentes, pero de la misma zona, denominación, variedad y año. Luego sales durante unos diez minutos, tras los cuales regresas a la sala y te dan a catar uno de esos cuatro vinos en copa negra: tú tienes que identificarlo, saber su denominación, la variedad, el año… todo y exponerlo. Luego también se realiza una prueba teórica con 29 preguntas a través de las que debes demostrar tus conocimientos sobre el mundo del vino y la sumillería.
-       En el certamen no sólo se elige al mejor sumiller de España sino también se premian vinos ¿no?
-       Sí, se hace una cata con unos 300 vinos y se eligen los mejores. Luego los premiados en cada categoría incorporan una etiqueta negra que acredita su premio en la Nariz de Oro.
-       ¿Y cuál es su ilusión cara al certamen y el futuro?
-       Mi ilusión es continuar formándome, si bien para seguir estudiando en este campo ahora hay que ir a Madrid o al extranjero, y eso no lo tengo todavía claro. También está el viajar para seguir conociendo este mundo… La final de Madrid es una buena opción para todo esto, para mí además es un reconocimiento al trabajo y el estudio de estos años. ¿Cara al futuro?... Poder transmitir mis conocimientos desde un local, organizar catas…

El joven sumiller meañés, a las puertas de "Abastos 2-0", su local de trabajo en la zona vieja de Santiago


- Hablando de vinos ¿cuál es la denominación de origen gallega que más le ha sorprendido en los últimos años?
-       Los Rías Baixas siempre han sido el bom en España, pero en los últimos años se elaborando caldos espléndidos en la Ribeira Sacra, incluso en Ribeiro, con bodegueros que trabajan mucho con variedades autóctonas que están dando grandes resultados. Creo que lo que nos ocurre en Galicia es que no valoramos nuestros vinos, pienso que se valoran más en el resto de España. En Galicia tenemos el 60 por ciento de las variedades españolas, y una gama tan amplia permite obtener vinos muy diferentes y de mucha calidad.
-     ¿Y qué me diría de los Rías Baixas tintos por los que empiezan a apostar algunas bodegas?
-       Que están siendo muy reconocidos internacionalmente y encontrando una excelente acogida en el exterior. No son esos vinos secos, sino frescos, vivos, con acidez, propios de zona de mar, y eso es algo diferente que no tienen el resto.
-       ¿El vino bueno siempre en caro?
-       No, necesariamente. Por debajo de 10 euros se pueden encontrar en el mercado vinos ya muy buenos. En el mundo del vino, como en otras cosas, el precio no lo es todo.
-       Bueno, la prestigiosa guía Parker ya puntuó hace un par de años el valdeorras gallego “Rúa” con más de 90 puntos y eso que en el mercado no llegaba a los dos euros.
-       Sí, pero se supo después que eso fue un error, no sé si de la bodega o de los responsables de la guía en sí, pero al parecer se produjo una confusión con dos vinos que elabora la misma bodega y, de hecho, ya pidieron perdón por ello. Pero desde luego que el error supuso un tirón para ese vino hasta el punto de que su demanda aumentó una barbaridad e incluso incrementó su precio. Eso afecta a la gente que está muy influida por este tipo de publicaciones, que no siempre son absolutas.
-    Hablemos de Meaño. Mójese y recomiéndeme un buen vino elaborado aquí, en tierras meañesas, a ser posible un blanco y un tinto, pero que se muevan en una buena relación calidad-precio, que con la que está cayendo no está el bolsillo para excesos.
-       En un tinto me quedaría con un “Bastión de Luna”, que elabora la bodega Forxas do Salnés de Rodrigo   Méndez. Es un Rías Baixas tinto que mezcla caíño, espadeiro y loureiro, y que resulta un vino fresco muy interesante. ¿Un blanco? Me quedaría con “Leirana Finca Genoveva”, un Rías Baixas cien por cien albariño que elabora la misma bodega. Ahora, si hablamos de relación calidad precio me quedo con el “Bastión de Luna”.
 
El "Goliardo" espadeiro de Forxas do Salnés
del que habla el sumiller
-   Usted, que ha trabajado en restaurantes como “Pepe Vieira” o “Casa Solla”, y que lo hace ahora en el “Abastos 2.0” en Santiago ¿qué vinos meañeses demanda el cliente?
-    Lo que más piden de Meaño son los albariños “Leirana” y “Albariño do Ferreiro”, éste último del bodeguero Gerardo Méndez, y en tintos se está demandando mucho el “Goliardo” de Forxas do Salnés, tanto en su variedad caíño, como espadeiro o loureiro. Todos son buenos vinos, si acaso el “Albariño do Ferreiro” es más caro y por ello menos accesible a cualquier bolsillo.
-      Después de haber estudiado tanto, de conocer mucho el mundillo del vino, ¿qué consejo daría a un bodeguero meañés de albariño para obtener un buen caldo?
-       Para conseguir un buen vino es más importante la uva que la bodega. Por tanto mi consejo sería cuidar mucho el viñedo,  la tierra, la naturaleza en el entorno de la cepa, para obtener así una buena materia prima. Yo apostaría también por tratar de conseguir los vinos albariños de siempre, con uvas pisadas con los pies como antes, albariños frescos que pudieran aguantarse tiempo.
-       ¿Se ven en la restauración los llamados “vinos de autor” que son los albariños que elaboran los bodegueros meañeses de la asociación de Bodegas Artesanas Rías Baixas?
-       No, se ven muy poco, y eso que creo que hacen un buen trabajo. Yo les animaría, como decía antes, a apostar por el albariño que siempre se hizo en cada casa, no dejarse llevar por la norma y luchar por su vino. En esto del vino en cada casa nuestra de Meaño existe una historia de mucho trabajo en la que, aún sin grandes medios y sin mucha tecnología, se han elaborado buenos albariños al alcance de todos, y eso resulta admirable.

Para finalizar, y antes de cerrar nuestro particular Ventanuco, evocamos un virtual último vino escuchando esta canción de Alberto Cortez...








domingo, 21 de abril de 2013


LA ÉPOCA DORADA DE LAS ORQUESTAS MEAÑESAS (II)


En esta segunda y última entrega del reportaje nos detenemos en los hermanos Dovalo, quienes promovieron a lo largo de la etapa la creación de diversas formaciones en Meaño, todas ellas desaparecidas hoy, y nos desplazamos al núcleo Lores que, junto con Simes, es el que mantiene todavía algún residuo de actividad.


Orquesta de señor Lores en una actuación en Samieira en 1954. De izquierda a derecha: Vicente "de Simes", Rafa Dovalo, Pablo Dovalo, Manuel Lores, Pepe Sineiro y "Maracas" de Samieira

Para hablar de la época dorada de las orquestas meañesas en la segunda mitad del XX es obligado detenerse hermanos Dovalo. La primera referencia que se tiene de ellos data de mediados de los años 50 cuando se les veía  dos de ellos, Pablo y Rafael, integrando una pequeña formación que lideraba Manuel Lores, otrora trompetista de la "Columbia" y, en su etapa postrera, mítico director de la banda de Meaño. Apenas unos años después encontramos a estos dos hermanos integrando la orquesta “Iris” que, aunque cambadesa en origen por cuando estaba promovida por “Encarnadito”, ensayaba durante aquella época en O Pazo (Xil) y contaba con un nutrido grupo de músicos meañeses como Pepe “de Pelaio”, Amancio “de Concepción” o Avelino “de Xil” amén de los citados Pablo y Rafael.

Orquesta "Iris". Pablo Dovalo (acordeón derecha), "Encarnadito" (acordeón izquierda),
Pepe "de Pelaio" (trombón), Avelino "de Xil" (contrabajo), Amancio "de Concepción"
(batería), y saxos de izquierda a derecha, Baldomero "do Grove", Laureano
"de Concepción" y Rafa Dovalo

Finalmente en el año 1958 el mayor, Pablo, gestó su primer proyecto propio, la orquesta “Los Diamantes”, con músicos meañeses como su primo Rosendo Fernández y Luciano Castro (saxos), Amancio “de Concepción” (batería), Manuel Méndez “Naveiro” y José Sineiro (trompetas), Pepe “de Pelaio” (trombón), Daniel “de Fixón” (bajo) o el vocalista Francisco “Lovis” -de la desaparecida Columbia-. En 1962-63 la reclamación de una orquesta coruñesa, que pretextaba tener registrado el nombre, obligó a la formación a mudar aquel por el de “Los Brillantes”. Pero el cambio se hizo ya sin un Pablo Dovalo que se había embarcado -nunca mejor dicho- en una aventura como concertista en trasatlánticos de la compañía Ybarra y Transatlántica Española, y que regresaría en 1965 para gestar, pero ya en Pontevedra, formaciones como la orquesta “Florida” o el grupo “Los Microns”. Pablo Dovalo, que vive hoy jubilado y entregado a su grupo “Amigos do Acordeón Rías Baixas”, rememora aquellos años: “fue una época de orquestas con grandes músicos -afirma-, todos versados en el método de solfeo, en contraposición con el tocar de oído que se impone hoy, una época donde las orquestas sonaban sin artificios y ofrecían una música más variada: pasodobles, cumbias, fox-trok, merengues, tangos, valses…”

"Los Diamantes" en 1958, de izquierda a derecha: Luciano Castro, Rosendo Fernández, Rafa Dovalo, Amancio "de Concepción", Manuel Méndez "Naveiro", Pepe Sineiro, Pepe "de Pelaio", Daniel "de Fixón", y abajo Pablo Dovalo (acordeón) y Fracisco "Lovis"

            Mientras tanto en Meaño, a inicios de los 70, los otros dos hermanos Dovalo, Rafael y Miguel, impulsaban nuevos proyectos. El primero era un maestro versado en una amplia gama de instrumentos, y el segundo acabará ejerciendo durante años como ingeniero de un sonido que llevaba desde la parte trasera de los escenarios en su posición de batería. Un Miguel -el menor de los tres- que empezara como tocanddo en “Los Diamantes” con tan sólo 11 años  porque, como recuerda, “a mis hermanos les hacía falta uno en la batería y entonces me metieron a mí”, Precisamente de su mano surgió primero “Los Salneses”, un proyecto que se gesta en 1970-71 y que se mantuvo diez años para, tras un paréntesis, transformarse bajo la batuta de Rafael en “Solera” (1978), formación que éste impulsó durante su estancia de dos años en Galicia (1978-80) al regresar temporalmente de su migración finlandesa. “Solera” empezó siendo un quinteto, con ambos hermanos (Rafa teclados y Miguel batería), su primo Rosendo (saxo), y los grovenses Quico (bajo) y Rafita (guitarra). Luego, ya sin Rafa Dovalo que regresara a Finlandia, acabó convirtiéndose en sexteto y hasta octeto con la incorporación, entre otros, el  trombonista de Dena Vicente González.

"Solera" original, 1978, de izquierda a derecha: Miguel Dovalo, Rosendo Fernández,
Rafa Dovalo, Quico y "Rafita"
    En su dilatada trayectoria como instrumentista Miguel Dovalo acumula una vida llena de anécdotas. “Recuerdo que en los 70 -narra- íbamos a tocar a Braganza en Portugal, pero tuvimos problemas en la frontera porque uno de nuestros músicos estaba haciendo el servicio militar y en Tui le exigían un permiso especial para cruzar. Nos vimos obligados a regresar a la caja de reclutas en Pontevedra a por el documento, y cuando llegamos a Braganza, por unas carreteras complicadas, era la una de la madrugada”. “Nos temíamos que la gente nos corriera a palos del pueblo -continúa-, pero sin embargo, cuando llegamos nos acogieron bien, nos llevaron raudos al campo de fiestas, montamos y empezamos a tocar de madrugada… Y luego estuvimos tocando allí hasta las ocho de la mañana.” Fue, sin duda, la fiesta en la que más tarde se bajó del escenario.

"Solera" hacia1982, de izqueirda a derecha, arriba: Rosendo, Rafa Barreiro, Miguel y Manuel González;
y abajo "Rafita", Vicente González y Quico

Miguel nos confiesa que para él siempre resultaban peculiares las fiestas del interior de Galicia: “En Ourense -refiere- era muy habitual que se juntara mucha gente en la clásica sesión vermouth, sobre todo porque en ese momento era costumbre leer en alto el listado de las aportaciones que cada vecino había hecho para la fiesta, y eso siempre suponía un pique”.
            Su último proyecto, y más ambicioso, fue la creación en los a finales de los 80 de la orquesta “Principal”. El representante Froiz Plá negociara con “Solera” el transformar aquel, en su última etapa octeto, en una gran orquesta de doce números. Estamos ya la época de de los trailers, los montadores, las luces, y toda esa puesta en escena que prima en las orquestas de hoy. La “Principal” resultó un éxito rotundo. La formación triunfó durante una década, no sólo en Galicia, sino más si cabe fuera por cuanto, de la mano de Froiz Plá, su presencia se hizo habitual en Barcelona, Valladolid, Zamora, León, País Vasco o Asturias entre otras zonas. Así fue que “de aquella buena parte del tiempo la pasábamos en carreteras de media España” recuerda Miguel.

Orquesta "Principal" hacia 1995: de izquierda a derecha, arriba: Rosendo, Rafael Barreiro, Rosendo Castro, Paco?, Daniel "de Uruguay", Vicente, Miguel Dovalo y Miguel Lema; y abajo: Reyes, Ángel "Barry" y Ana "de Sevilla"

            Pero con el tiempo la competencia cada vez mayor entre representantes y el encarecimiento de los costes provocaron una merma de ganancias. Por si fuera poco el mundillo se había llenado en los últimos años de músicos llegados de fuera “sobre todo sudamericanos, que supusieron una competencia porque tocaban por mucho menos dinero lo que acabó por hundir los salarios”. Todo ello, unido al cansancio de los líderes de aquella de la formación y del propio Dovalo con muchos años sobre los escenarios, hizo que la orquesta aceptase en 2002-03 la tentadora oferta de un empresario de Rianxo que compró material y nombre. La “Principal” continuó pues -y sigue hoy-, pero con otros músicos y a modo de pálida fotografía que aquella original meañesa que definitivamente se había apeado de la carretera.
            Miguel Dovalo reconoce que aunque algunos compañeros le dicen hoy que echan de menos aquellos años “yo desde luego que no. Fueron muchas noches sin dormir y muchos kilómetros en la carretera. Hasta el punto que te digo que hoy no voy a fiestas porque quedé harto de ellas”. “Además -continúa- tampoco me atrae porque, con los complementos técnicos que se han incorporado en los últimos 20 años -en relación a ayudas de bases rítmicas artificiales-, todas las orquestas suenan igual, los músicos ceden el protagonismo a unos cantantes que se han convertido más que nada en animadores y bailarines, tanto que hay formaciones que tienen cuatro o cinco, casi tantos como músicos, lo que desvirtúa a éstos”.

El núcleo de Lores
Lores fue la tercera cuna de las orquestas meañesas. Aquí se gestara un primer proyecto con el  grupo “Alfa”, una formación integrada por siete adolescentes, buena parte de ellos de Lores (Javier Rosal, Sito Basdediós, Manolo Balboa, José Cortegoso, Lito Méndez “de Xil”, Mª José y Angel “de Castrelo”), que se mantuvieron activos entre 1979-82. Se estrenaran por primera con un concierto en su Lores natal, pero luego durante sus años de actividad la formación se movió sobre todo por Lugo y Ourense.

Orquesta "Novedades" en 1984 en A Lanzada. De izquierda a derecha: Orencio Méndez, Amancio Muñiz, Ana Mª Filgueira, Raúl Filgueira, Etelvino Rey, Luis Miniño, Javier Lázaro y Luciano Méndez

Y a partir de la desaparición de la mítica charanga “Os Pinos” de Paradela -cuyo nombre se debía al apodo de la familia que la integró en origen-, se gestaron desde Lores dos formaciones más. Una, de la mano de Raúl Filgueira, emigrante retornado de Alemania que, tras tocar el bombo en “Os Pinos”, impulsó la charanga “Los Linces” la cual derivó hacia 1984 en orquesta “Novedades”, en su arranque con músicos como Orencio Méndez, Amancio “de Muñiz”, Etelvino Rey, Luis Miniño, Javier Lázaro, Luciano Méndez, Cándido “de Samieira” o el citado Raúl Filgueira más la voz de su hija Ana Mª. “Novedades” se mantuvo hasta 1998, tiempo en que recorrió Galicia “y llegamos a actuar en Gijón -recuerda Raúl- a donde viajamos en el autobús de Valentín”.

"Mediterráneo" en 2012: de izquieda a derecha, arriba:
Manolo "de Ponteareas", María, Meixús y Marcos;
y abajo: Manuel, Juan Manuel, Pablo y Suso
El otro proyecto se gestó de la mano del bajista Manuel Domínguez, que también se iniciara en “Os Pinos”, y que alumbró el grupo “Mediterráneo”, una formación integrada por siete músicos -hoy ocho, cinco de ellos de Lores- y que comenzó su andadura a finales de los 90. El grupo mantiene hoy su actividad pese a que su mentor acaba de anunciar estos días que abandona la formación y, por extensión, el mundo de la música. Amén de Galicia, “Mediterráneo” llegó a tierras de Oviedo o incluso a Suiza “a donde fuimos llamados para actuar un fin de año en un Centro Cultural Gallego” recuerda Domínguez.

Todas aquellas míticas orquestas meañesas se han apeado hoy de la carretera. Tan sólo se mantienen “Gran Coliseo” y “Mediterráneo” como canto del cisne de una época que se apaga. Sobre los escenarios el relevo lo ha tomado una banda que se recuperó en 1985 y que vive en este inicio del siglo XXI su momento de esplendor. Pero esa es ya otra historia.



Catel pormocional de la Orquesta "Iris"
Otras fotografías para el recuerdo

Mítica foto de la Orquesta "Iris":
A la derecha Pablo Dovalo; en el centro de pie, Pepe de Lino

Orquesta "Los Diamantes" hacia 1963, con un joven Miguel Dovalo (11-12 años) en la batería
           
"Solera" última etapa, hacia 1988-89
"Solera" hacia 1981, 
ya sin Rafael Dovalo
           



Orquesta "Novedades" en A Toxa
Orquesta "Novedades"
en la ermita de A Lanzada







sábado, 6 de abril de 2013

LA ÉPOCA DORADA DE LAS ORQUESTAS MEAÑESAS (I)

Aunque hablar de música en Meaño es hoy sinónimo de banda, no siempre ha sido así. Meaño conoció una esplendorosa época de orquestas creadas en este concello y que vivieron su época dorada en la segunda mitad del siglo XX. Desde la Columbia a la Principal, pasando por las míticas Melodías, Gran Victoria, Los Diamantes o por formaciones como Los Salneses, Solera, Nova Festa o Novedades entre otras. Todas ellas gestadas a partir de los focos Meaño, Xil y, el último en el tiempo, Lores-Simes. Fueron proyectos impulsados por gentes como Maximino Crespo, Silverio Méndez, los hermanos Guiance, Raúl Filgueira o los omnipresentes hermanos Dovalo. En este reportaje, concebido en dos entregas a través de la voz y los recuerdos de sus protagonistas, hacemos un recorrido por la que fue época dorada de las orquestas meañesas.


            La primera orquesta que se gestó en esta etapa en Meaño fue la “Columbia” que surge a finales de los años 40. Promovida entre otros por el saxofonista de la banda Maximino Crespo la orquesta contaba con diez músicos entre los que se encontraban los meañeses Etelvino Rey (trompeta), Verísimo  Camiña (saxo tenor), Manuel Doce (percusión), los hermanos Edelmiro (acordeón) y Albino Martínez (saxo), el que luego fue mítico director de la banda de Meaño Manuel Lores (trompeta) o el propio Germán Rodiño, quien tras el franquismo se convertiría en el primer alcalde de la democracia en Meaño, y que tocaba el contrabajo en aquella formación.  Pero a sus 88 años años Maximino Crespo recuerda de un modo especial a su cantante, Francisco “Lovis” Calviño, “que era mujeriego empedernido y que en alguna fiesta nos tuvo esperando hasta altas horas de la madrugada porque se había ido con una moza”.

Orquesta Columbia, 1948-49? De izquierda a derecha, arriba: Etelvino Rey (trompeta), Maximino Crespo (saxo), Manuel Lores (trompeta), Germán Rodiño (contrabajo), Juan "O Carrapicho" (saxo y flauta); y abajo: Verísimo Camiña (saxo tenor), Franciso "Lovis" Calviño (vocalista), Damián Novo (acordeón) y Manuel Doce (percusións)

Aquellos eran tiempos duros para el músico. “Yo iba en bicicleta -recuerda Crespo- desde Meaño hasta Cobas -que dista unos 6 kilómetros- para bajar luego a coger la coche de Padín en Barrantes. Aquella furgoneta nos trasladaba a todos apretujados con el instrumenta, hasta el lugar de destino a modo de taxi, y luego esperaba hasta el final de la verbena para traernos de nuevo”. “Y cuando tocábamos lejos -continúa- el contrato incluía cena y dormida, pero no en restaurantes ni hoteles porque entonces en aquellas aldeas no había, y tenía que ser en las casas de vecinos por las que nos iba repartiendo la comisión, de tal forma que cada músico cenaba o pernoctaba con una familia distinta”.
Los ingresos eran modestos. Una actuación “podía suponer 10 pesos por barba” recuerda Maximino, por lo que “no se podía vivir de la música y en mi caso, cuando venía de tocar, iba trabajar a las fincas”. Reconoce que hubo un momento en que, con el dinero que ganaba, su ilusión había sido comprarse un acordeón “pero ao final comprei o Pampexo”, sentenció, en relación a una finca en la parte baja de Meaño.
Un Maximino que recuerda además como al entonces director de la banda de música de Meaño, y a la sazón cuñado, Roberto Doce “no le gustaba que los músicos compagináramos banda y orquesta, por lo que nos hizo elegir entre una u otra”. Será, no obstante, la emigración a América la que acabe dando la puntilla a aquella banda meañesa que desaparece en los años 60.


La "Melodías" se crea en Meaño a finales de los años 50
  La “Columbia” se mantuvo unos años tras la marcha de Maximino Crespo a la orquesta “Ritmo” de Barrantes. Tiempo después el saxofonista regresó para retomar proyectos en su Meaño natal y, junto con un puñado de músicos, crea a finales de los años 50 la mítica orquesta “Melodías”, donde repetían algunos componentes de la Columbia más otros meañeses como Avelino González (contrabajo), José Álvarez “O Asturiano” (saxo), Jorge “de Xil” (batería) o un Ignacio Camiña (acordeón y órgano) “que regresando de una Nochevieja de Nigrán -recuerda Maximino- se llevó el susto de su vida al ver su pianola  -que así llamaban coloquialmente al teclado en la orquesta- salir despedida de la baca del furgón por un frenazo violento en una curva”. Aquella orquesta “Melodías”, que contaba con la voz del vocalista de Tremoedo, Ángel Villanueva, se mantuvo activa hasta finales de los años 70. Su éxito traspasó fronteras llegando a actuar en León y en las localidades madrileñas de Parla y Fuenlabrada “en unos años donde viajar era muy duro”.

Orquesta Melodías, finales de los 60. Arriba: segundo por la izquierda, Verísimo Camiña, tercero Avelino, y en el centro Maximino Crespo, seguido de Ignacio Camiña y (segundo por la derecha) José Álvarez "O Asturiano"

            La “Columbia” se mantuvo unos años tras la marcha de Maximino Crespo a la orquesta “Ritmo” de Barrantes. Tiempo después el saxofonista regresó para retomar proyectos en su Meaño natal y, junto con un puñado de músicos, crea a finales de los años 50 la mítica orquesta “Melodías”, donde repetían algunos componentes de la Columbia más otros meañeses como Avelino González (contrabajo), José Álvarez “O Asturiano” (saxo), Jorge “de Xil” (batería) o un Ignacio Camiña (acordeón y órgano) “que regresando de una Nochevieja de Nigrán -recuerda Maximino- se llevó el susto de su vida al ver su pianola  -que así llamaban coloquialmente al teclado en la orquesta- salir despedida de la baca del furgón por un frenazo violento en una curva”. Aquella orquesta “Melodías”, que contaba con la voz del vocalista de Tremoedo, Ángel Villanueva, se mantuvo activa hasta finales de los años 70. Su éxito traspasó fronteras llegando a actuar en León y en las localidades madrileñas de Parla y Fuenlabrada “en unos años donde viajar era muy duro”.

Orquesta Gran Victoria, finales de los 70. De izquierda a derecha, arriba: Arturo Guiance (bajo), José Guiance (batería), Silverio Méndez (órgano), Jorge Domínguez (trombón), Santiago Durán (saxo tenor), Maximino Crespo (saxo), Julio Rodiño (trompeta); y abajo: Cándido Helinoro y Germán "do Grove"




        
            Pero antes de la “Melodías”, el organista Silverio Méndez, que se había iniciado en las orquestas “Imperial”, “Los Magos de Ritmo” y “La Plana” -amén de la “Saratoga” en sus tiempos de “mili” en A Coruña- crea en Xil en el año 1950 la orquesta “Victoria”, la cual toma su nombre de un antiguo salón de baile que había en Cambados. Aquella formación se transforma a inicios de los 70 “Gran Victoria”. De manos de Silverio pasaron generaciones de músicos por una orquesta que se mantuvo hasta 1982. Entre ellos el trombonista Jorge Domínguez (padre del alcalde fallecido hace poco), los hermanos José y Arturo Guiance, el saxofonista Aurelio Rey o el trompetista meañés Julio Rodiño quien entró en la formación en 1964: “de aquella -recuerda- ya estaba funcionando, contaba con nueve músicos más dos cantantes y yo me mantuve en ella unos 18 años”. “Silverio era una esclavo de la música -continúa el trompetista que hoy tiene 72 años-, quitaba gente para arriba y cuando estaban en lo alto se la birlaban otras orquestas que les pagaban más”. Silverio Méndez, hoy fallecido, recordaba en 1997 el episodio: “muchos de los músicos que yo formé -aseguraba entonces- llegaron a las mejores orquestas del momento como Montes o Los Chicos de Jazz. Entre ellos recuerdo de un modo especial  al cantante José Jiménez O Xitano, de O Grove, que era muy bueno”. La formación llegara a contar incluso con una vocalista femenina en sus primeros años, cuando la presencia de la mujer en este mundillo era apenas testimonial, y a la que se recuerda como Jerucha de Bueu. Con aquella mítica “Gran Victoria” -otrora “Victoria” a secas- viajó Silverio por toda Galicia llegando a actuar en Cangas de Narcea, León o en varias localidades del norte de Portugal.

A partir de 1982 Nova Festa aglutina a músicos
de la desaparecida Gran Victoria
        A inicios de 1982 problemas internos dan al traste con la formación. Y en marzo de ese mismo año su batería José Guiance (Simes) arriesga su dinero en la creación una nueva orquesta que aglutinaba a la mayor parte de aquellos músicos que integraran la “Gran Victoria”: nace así “Nova Festa”, que ensayaba en la de Otero (Meaño) y que contaba con nueve números, entre los que se encontraban los citados Jorge Domínguez, Arturo Guiance o Julio Rodiño entre otros. Este último dejó la formación en 1983 “porque -recuerda hoy- mi mujer me hizo elegir entre la orquesta o el restaurante que acabábamos de abrir". Mientras tanto un Silverio Méndez ya entrado en años aún insiste y funda la orquesta “Panamá”, con gente como los saxofonistas Juan Carlos Canario y Manolo “do Correo” más el vocalista Daniel entre otros. Fue un proyecto efímero que duró apenas un año, y tras el cual Silverio dijo adiós a los escenarios. Pero “Nova Festa” sí caló y tuvo sus años dorados que le llevaron a actuar en las localidades portuguesas de Oporto, Ponte de Lima o Monçao o en la asturiana de Tineu, entre otras. 

Nova Festa a mediados de los 90. De izquierda a derecha, de pie: José Guiance, Pepe Sineiro, Mariano, Emilio, Fabián, Marcelino, Arturo Guiance; y sentadas: Mª Mar? y Trini

Nova Festa se convirtió en Oriente,
nuevo proyecto de la saga Guiance
Hacia el año 2000 la formación, a propuesta de su representante entonces, Sito Mariño, muda su nombre por “Oriente” y como tal se mantiene una década hasta que desaparecer. Ahora, el hijo de José Guiance, Victor -quien encarna la tercera generación de músicos de la familia-, más su tío y bajista Arturo, acaban se retomar la orquesta bajo el nombre de “Gran Coliseum”, formación que se estrenaba precisamente el pasado 23 de febrero en Salcedo. Cierto que Victor Guiance reconoce que el mundillo, no está fácil: “tenía una inversión anterior en un escenario que cedí el pasado año alquilado, pero que no resultó por lo que me atreví con un proyecto propio. Pero con la crisis lo de los representantes está complicado, prometen un dinero, luego pagan menos… por lo que casi mejor ir por uno, y en eso estamos”.



Gran Coliseum aparece en febrero de 2013 de la mano de Victor Guiance. De izquierda a derecha (abajo): Victor (batería), Fany (teclados), Arturo (bajo), Victor G., Desiré y Carlos (voces), Gabriel (trompeta), Norberto (saxo) y Santi (trombón).


El próximo fin de semana subiremos hasta este Ventanuco la segunda parte de este reportaje, centrado entonces en el núcleo meañés de los hermanos Dovalo y un último foco Lores-Simes.

NOTA: si el lector desea aportar aportar alguna corrección de datos expuestos, ampliar los mismos o identificar a músicos de fotografías que no pudimos identificar remitir información al correo fuenblanca@yahoo.es