domingo, 2 de junio de 2013

Meañeses por el mundo (III): Nicaragua
Guillermo Rodríguez Barreiro

A sus 34 años el meañés Guillermo Rodríguez Barreiro dirige la delegación de la ONG “Amigos de la Tierra” en Nicaragua. Desde este país centroamericano evoca su Meaño natal y nos habla de sus proyectos y sus sueños -entre ellos su ilusión de expandir allí el cultivo de la vid y experimentar con cepas albariña en Nicaraguas-. El país lo acogió hace ahora doce años y le caló tan hondo que decidió establecerse y formar allí una familia. “Guiller” es uno de esos entrañables meañeses que tenemos hoy por el mundo.

Guillermo Rodríguez Barreiro en ferry hacia la isla de Ometepe que se divisa al fondo

“PLANTÉ CUATRO CEPAS DE ALBARIÑO QUE ME TRAJE EN LA MALETA DESDE MEAÑO”


-       ¿Cómo acaba un meañés de voluntario en Nicaragua?
-       Fue a raíz de estar estudiando ingeniería agrícola en Ourense que entré en contacto con la ONG Amigos de la Tierra. Primero estuve con ellos en movilizaciones en La Haya contra el cambio climático. Luego, cuando planeaba estudiar Ciencias Ambientales en León dispuse por circunstancias de un año sabático. En ese tiempo cabía la posibilidad de acceder a una beca para irme de voluntario con esta ONG a desarrollar proyectos ambientales en Suecia, lo que era para mí además una oportunidad estupenda para perfeccionar el inglés. Pero al final la beca surgió para Nicaragua, de hecho era la primera que se otorgaba para un país no europeo y, aunque no entraba en mis planes, tenía 22 años y me atreví a probar. En principio se trataba de estar sólo un año, pero luego a la persona que estaba al frente de la ONG y que llevaba ocho años en Nicaragua le surgió una oportunidad profesional en España, regresó y me recomendó para que yo asumiera la dirección de la ONG aquí. Y así llevo en este país desde 2001.
-       Tengo entendido además que has echando raíces.
-       Sí, estoy casado con una nicaragüense y tenemos dos hijos, la parejita, con doce y dos años.
-       ¿En qué parte de Nicaragua vives?
-       Vivo en la capital, Managua, que es donde está la sede de nuestra ONG. Pero luego viajo mucho por todo el país e incluso por Centroamérica para supervisar proyectos.
Tomando datos en Quelantaro
-       ¿Y cuáles son esos proyectos que en este momento tenéis en marcha?
-       Tenemos muchos, pero yo  destacaría cuatro: uno en Río San Juan, en el Sureste del país; otro en Somoto, en el Norte; un tercero en un municipio de la isla de Ometepe, en el lago Nicaragua; y un cuarto en el Golfo de Fonseca, que incluye los países de Nicaragua, Honduras y El Salvador. Todos son proyectos encaminados a dos objetivos: por una parte, proteger el medio ambiente en zonas especialmente sensibles y, por otra, trabajar con la población empobrecida que habita esas zonas. Así, tenemos activos proyectos para proteger especies en peligro de extinción, como la tortuga marina o los manglares, pero también otros con las personas para desarrollar programas de agricultura ecológica, pesca y marisqueo responsable, pozos de agua y turismo comunitarios en comunidades empobrecidas, construcción de escuelas, programas de alfabetización de adultos…
-       ¿Cuántas personas integran el equipo de Amigos de la Tierra Nicaragua que diriges?
-       Somos catorce, de ellos dos gallegos, el compañero Xavier Fernández y yo. Los otros doce son nicaragüenses. En el equipo empezamos siendo sólo tres en su día y yo llevaba la representación de Amigos de la Tierra para toda Centroamérica. Pero la ONG se asentó y hoy tiene delegaciones en Honduras, El Salvador y otros países centroamericanos. Entonces Nicaragua pasó a disponer de delegación propia y el equipo creció conforme lo hicieron los proyectos.
-       ¿Cuál es tu trabajo diario en la ONG en Nicaragua?
-       Un 60 por ciento del tiempo lo empleo en trabajo de gabinete en Managua desde donde hacemos el seguimiento y la coordinación de los diferentes proyectos no sólo en Nicaragua, sino también en contacto con Amigos de la Tierra España, Salvador, Honduras… El resto es trabajo de campo con viajes a través del país para supervisar proyectos, hablar con la gente de la zona, escucharles, resolver los problemas que nos plantean e identificar proyectos nuevos para los que buscamos luego financiación. 

Charlando con líder indígena en Los Guatuzos-Río San Juan
-       ¿Cuál es ese proyecto que sueñas con poner en marcha algún día?
-       El reto en este momento es  estabilizar los muchos que tenemos abiertos. Pero a nivel personal sí me gustaría empezar a desarrollar la producción de uva en Nicaragua. La última vez que estuve en Meaño me vine con cuatro cepas de albariño en la maleta y las planté en una finca que tengo aquí, han brotado pero de momento están muy pequeñas… no sé si les sentó bien el viaje (risas). De hecho yo estudiara ingeniería agrícola en Ourense pensando en meterme en el mundo del vino en Galicia, luego aquí en Nicaragua hice la carrera de agrónomo y la tesis, que tengo todavía aún pendiente, versa sobre la posibilidad de ampliar la viticultura en el país. En Nicaragua no existe tradición de vino, la uva es un artículo de lujo, la poca que hay se consume fresca y eso que aquí el clima permite recoger ¡tres cosechas al año!. De momento estoy probando estas cosas en mi finca y, si funcionan, me gustaría extender el cultivo y la producción de uva a zonas necesitadas.
-       Por cierto, ¿se ve el albariño en Nicaragua?
-       Aquí la mayoría del vino llega de Chile, Francia, algo de España e Italia. Pero sí he visto un albariño en un restaurante de pescados, que son los más caros que existen por aquí, era un albariño de O Rosal, lo vi en la carta y me enseñaron la botella, pero no recuerdo el nombre. Eso sí, recuerdo que era carísimo, lógicamente con aquel precio no lo consumí.
-       Cuando uno lleva doce años en un país como Nicaragua, trabajando con comunidades empobrecidas… supongo que cambia mucho la perspectiva de la cosas, la escala de valores que uno tiene, ¿no?
-       Cambia radicalmente. Aquí ves la otra cara, la de mucha gente que vive con mucho menos y que está más satisfecha que nosotros en España que tenemos mucho más. Ves gente que sólo tiene para comer al día siguiente y, sin embargo, no se les quita la sonrisa de la cara. Eso te demuestra que hay otros modos más sencillos de vivir, lejos del modelo materialista y consumista en que fuimos educados y que conocemos ahí.

Inaugurando invernadero comunitario para mujeres productoras de hostalizas en Los Guatuzos

-       Supongo que, al lado de lo que se vive ahí, la crisis económica que atraviesa Europa, y España en particular, puede hasta resultar anecdótica ¿no?
-       En parte sí porque en Nicaragua se vive una crisis permanente con gente muy expuesta a inundaciones, terremotos, huracanes, sequías… Son gente que tiene como techo una casa de plástico y que padece auténticas dificultades para cubrir de forma elemental las necesidades más básicas que te imaginas. Este es un país de enormes desigualdades donde la mayoría de la población es realmente muy pobre. Además, desde la distancia, yo pienso que la crisis en España es algo relativo: me parece de ficción que el país cayera tanto en tan sólo tres años, creo que ahí el sistema político está contribuyendo a engrandecer esa crisis escondiendo la base del problema y permitiendo que algunos se estén enriqueciendo a costa de la gente que realmente padece la crisis.
-       ¿Se está percibiendo a raíz de ello el retorno de emigrantes nicaragüenses desde España?
-       De momento no, la gente aguanta. Y eso que cuando yo llegué aquí hace unos años se iba mucha para España y para Estados Unidos. De hecho en España hay colonias importantes de nicaragüenses en ciudades como San Sebastián, Zaragoza o Madrid. Pero la gente se aferra al país a donde emigró, manda menos dinero, pero de momento aguanta ahí.
La ONG lleva a cabo proyectos para preservar el medio natural
-       Si alguien desde España quiere colaborar con los proyectos de Amigos de la Tierra en Nicaragua o quiere involucrarse en su voluntariado ¿A dónde debe dirigirse?
-       Desde Galicia lo más directo es ponerse en contacto con las oficinas que Amigos de la Tierra tiene en Vigo o en Ourense. A partir de ahí se encauza la línea de colaboración como socio o incluso la posibilidad de hacerse voluntario. La ONG está creciendo y ampliando su base social y de hecho notamos un interés cada vez mayor de la gente por estos proyectos.
-       Hablemos de Nicaragua. En comparación con los demás países de su entorno, ¿es un país barato?
-       Sí, es el más barato de toda Centroamérica. Aquí el salario mínimo interprofesional viene a ser unos 150 euros mensuales, un menú en un comedor popular puede costarte en torno a 1,50 euros o incluso menos. Sin embargo, el país tiene un gran potencial productivo, hasta el punto de que en los años 70 era considerado el granero de Centroamérica.
-       ¿Cómo se valora desde ahí el gobierno de Ortega y del Frente Sandinista?
-       Aquí a una primera época del Frente Sandinista le siguieron en los 90 una serie de gobiernos conservadores, muy serviles a los intereses norteamericanos y que duraron 16 años. Ahora el Sandinismo volvió con Ortega y este sí es un gobierno que muestra más interés por la gente, algo que también es bueno para nuestros proyectos porque ahora el gobierno es más receptivo para con ellos. Con Ortega el país ha progresado mucho, hasta mis padres la última vez que vinieron a visitarme desde Meaño me decían  que se notaba un cambio grande en los tres ó cuatro últimos años: en la gente, las carreteras… todo había mejorado mucho con respecto a la última vez que ellos estuvieran aquí y de hecho lo percibían. Ahora bien, lo que le echan en cara a Ortega es el control que ejerce sobre los medios de comunicación, el colocar a sus hijos y otros miembros de la familia en ministerios y puestos del gobierno, que algunas personas del Frente Sandinista se hayan, como quien dice, aburguesado… Yo personalmente considero que sí se están logrando cambios positivos para la población más desfavorecida que estuvo olvidada por muchos años.

Guilelrmo Rodríguez con la familia y su hermano Pablo en San Vicente do Grove en una visita reciente a Galicia
-       Después de 12 años en Nicaragua, ¿qué es lo que más echas más de menos de Galicia?
-       Lógicamente el contacto con la familia y los amigos, a muchos de los cuales conozco desde que éramos niños. Pero algo curioso que sí echo de menos últimamente son las estaciones. En Nicaragua vivimos en un verano permanente, tenemos siempre doce horas de luz solar desde las 5,30 ó 6 de la mañana hasta las 17,30 ó 18 horas. Echo de menos, por ejemplo, el invierno, esos días fríos o de lluvia que tienes que estar encerrado en casa y que invitan más a la lectura, a la reflexión. Aquí eso no existe, siempre mantenemos el mismo ritmo. Por eso me gusta ir a Meaño por Navidad, no sólo por las fiestas y el estar en esas fechas con la familia, sino porque ahí es invierno. Cada vez que voy mi madre lamenta mi mala suerte si llueve continuamente, en cambio yo estoy encantado.
-       ¿Cada cuánto tiempo vienes por acá?
-       Solemos ir cada año en Navidades porque, como te decía, además de ser la fecha idónea para coincidir con mis hermanos que también andan por otros países, también me gusta reencontrarme con el invierno, el frío y la lluvia.
-       Supongo que Internet ayuda a paliar la distancia ¿no?
-       Muchísimo. Hasta mis padres se pusieron en esto de la red y con la webcam pueden ver incluso a sus nietos desde ahí, algo que sin duda resulta emocionante.
-       ¿Y cuál ese lugar concreto que uno echa más en falta desde el otro lado del océano?
-       La playa de A Lanzada y los ríos que, además, en los últimos años se han recuperado con paseos y senderos maravillosos. No dejo de visitar esos lugares cada vez que voy por ahí.
-       ¿Y de Meaño en particular?
-       Como me gustan los ríos en Meaño me encanta bajar hasta el río en Lores, y lo sigo haciendo cada vez que voy. En los últimos años han llevado a cabo además una recuperación fantástica de la ribera con un paseo y un sendero estupendo. También rindo visita a las churrasquerías de Dena, porque a mi mujer le encanta el churrasco, y me gusta aquella taberna que hay en Xil… ¿cómo se llamaba?… la de Cancela.
Visitando el invernadero de mujeres de Upala en Costa Rica
-       Haznos una guía para un meañés que piense en visitar Nicaragua, ¿qué no debería perderse?
-       Las ciudades coloniales, sobre todo Granada, una ciudad pegada al lago de Nicaragua, que fue la primera que los españoles fundaron en el continente y que es hoy patrimonio de la humanidad. Tiene una bahía fantástica, la Playa de San Juan del Sur, con un antiguo puerto marinero, que recibe mucho turista. Al sur de ésta existen unas playas donde desovan ¡hasta 17.000 tortugas marinas!, sólo hay siete playas del mundo en que tenga lugar este fenómeno y dos de ellas están en Nicaragua. Recomendar también la isla de Ometepe, la única isla del mundo con dos volcanes en medio de un enorme lago de agua dulce, el segundo más grande de América, y en la que se puede hacer una espléndida caminata de cinco horas para ascender a uno de los conos volcánicos que presiden la isla. Por último, aconsejar el río San Juan, un punto caliente de biodiversidad extrema que tiene además una bella historia de piratas que remontaban este río desde el Caribe para atacar las antiguas ciudades coloniales españolas.
-       Y desde el punto de vita gastronómico ¿que no debemos dejar de saborear?
-       Es este sentido haría dos recomendaciones. Por una parte, probar el “indio viejo”, una base de maíz, producto esencial en la dieta nicaragüense, en la que mezcla a modo de revuelto, carne de vaca desmenuzada y especias. Y por otra el “nacatamal”, también una masa de maíz sobre la que dispone carne de cerdo, pimiento, algo de patata… y todo ello se cuece envuelto en una hoja de plátano. De hecho el “nacatamal” con café y pan es el desayuno típico nicaragüense.
-       Lo tendremos en cuenta si visitamos Nicaragua.
-       Muy bien, aquí estamos. Un abrazo a todos los meañeses. Hasta pronto.

Caminanando hacia Playa Salamina en el Pacífico



En el mirador de Catalina de la Laguna de Apoyo con el compañero Fernando Ramos de Amigos de la Tierra



domingo, 19 de mayo de 2013


PADRENDA SALDA SU CUENTA CON EL CIEGO PADÍN

Eugenio Padín, conocido en su tiempo como el “Cego de Padrenda” recibió por fin su homenaje por parte del concello y la Diputación, un tributo que coloca a este icono de la música popular, ahora ya de forma consciente, en la memoria colectiva de los meañeses. El acto se celebró este pasado viernes, Día das Letras Galegas, jornada que coincidía precisamente con la del 74 aniversario de su muerte. Padrenda pone así una pica en el mapa gallego de la cultura merced este ciego, mítico cantor de coplas, que llevó el nombre de su localidad como emblema allí a donde iba.

Momento de homenaje el ciego Padín en los exteriores de la casa de cultura de Padrenda

    El homenaje conllevó el descubrimiento de un medio relieve del ciego creado por el escultor Lucas Míguez y que permanece adosado ya a la fachada de la casa de cultura. En él se ve al ciego Padín tocando su zanfoña acompañado por uno de sus nietos a la pandereta, una imagen ésta legada por el objetivo de la cámara del fotógrafo Francisco Zagala en 1885. El acto congregó a un centenar de vecinos y contó con la presencia de la alcaldesa Lourdes Ucha, el presidente de la Diputación Rafael Louzán, el delegado territorial de la Xunta Cores Tourís y varios miembros de la familia, hoy descendientes del ciego Padín, entre los que se encontraba su nieta Mercedes más un tataranieto que puso la nota musical al momento interpretando al órgano el himno gallego y el “Negra Sombra” del poema de Rosalía.
   Tras una breve semblanza que Lourdes Ucha hizo sobre el ciego se procedió al descubrimiento del relieve que estuvo seguido de la presentación de un libro -que se distribuyó entre los presentes- editado por la Diputación a partir de un trabajo de investigación sobre el personaje realizado por el joven meañés Manuel Paz Castro. Tras ello el presidente provincial Rafael Louzán resaltó el “el ejemplo de afán de superación de ciego Padín”, el hecho de que aquel  homenaje al ciego partiera en su día de una propuesta del cura párroco de Padrenda, Ramón Fernández, y el empeño que durante años puso en llevarlo a cabo el fallecido alcalde Jorge Domínguez.

Un ciego anónimo con su zanfona
   El personaje
  Eugenio Romualdo Padín García nació en Padrenda en 1853. La viruela lo dejó ciego con 18 años, pero ello no fue óbice para que su novia, Ramona, con la que mantenía una relación formal, contrajera nupcias con él años después. Del matrimonio nacieron tres hijos, Ramón, Adolfo y María. Hoy viven tres de sus nietos, si bien sólo uno, Mercedes, mantiene la mente lúcida para atisbar algunos recuerdos del que fuera su abuelo.
  El ciego Padín se atrevió pronto con la copla y el romance hasta convertir su afición en un estilo de vida. Sus hijos primero, luego un criado y más tarde un nieto, se convirtieron en sus lazarillos en cada viaje por cuanta fiesta había y donde hacía gala de su sátira, música y voz. En las Cabezas en Armenteira, en la Pastoriza en Vilanova, en Santa Cruz en Castrelo, en las Angustias de Xil, en San Adrián de Vilariño... no había fiesta, fonda o taberna que se preciara en O Salnés por donde no pasara el ciego con sus coplas. No obstante, su mejor clientela estaba en Vigo y en el hotel de A Toxa, en donde amenizó los baños en verano durante más de 60 años y donde los turistas gozaban con sus valses, polkas y coplas, tocados, “barbalolados” o cantados, y no sólo en gallego o castellano, sino hasta en francés, idioma éste en que, por cierto, el ciego cobraba más por cantar.
   Su figura fue retratada con maestría en su tiempo a través de la pluma de Cabanillas, Filgueira Valverde o Blanco Torres -quien dijo de él “era respetado polos vellos e animado polas mozas”-, así como por el pincel de artistas como Castelao, Osés o Suárez Couto.

El ciego de Padrenda actuando en la Fonda de Calixto en Cambados en un cuadro de Castelao



     El último juglar
   “Los ciegos eran en su tiempo los herederos de aquella tradcións jugalresca. Con sus coplas venían a ser la viva voz de lo que hoy es la sección de sucesos de un periódico”. Quien así habla es el maestro lucense Baldomero Iglesias Dobarrio, miembro en su día de Fuxan os Ventos y fundador del grupo de música tradicional A Quenlla, y que es hoy unos de los grandes conocedores de los cantares de ciegos. “Los sucesos -continúa-, y en particular los crímenes, eran la temática más recurrente de sus coplas, y el caso del cego de Padrenda no era una excepción. También estaban presentes los amoríos, la temática heroica y la pícara, incluso alguna sátira política, con metáforas para eludir la censura y dependiendo del público presente”.
   En su investigación sobre el “cego de Padrenda” Baldomero Iglesias ha logrado recopilar algunos de los temas que interpretaba Eugenio Padín “entre ellos una marcha real con la que abría repertorio y la pieza Non me mates, que era un parrafeo de temática amorosa entre mozos y mozas”. “Otras -continúa-, como el Xan Pirulé que popularizó Padín, estaban extendidas entre los ciegos, mismo en Lugo la misma pieza era conocida como As tres comadres, si bien es cierto que luego cada uno, como hizo el de Padrenda, adaptaba la letra a su zona alumbrando una versión nueva”. Pero el arte del ciego no sólo era el canto sino también el humor “y así -concluye Iglesias Dobarrio- era habitual que contaran chistes o realizaran comentarios jocosos para captar la atención del público”.

Un ciego con su lazarillo. Foto de Zagala
Famoso y austero
Tal fue su fama que el ciego Padín pronto se codeó con gente de alcurnia entre ellos el propio marqués de Riestra, uno de los personajes más influyentes de la Galcia su tiempo. “También era llamado a cantar a casa de señores como los Zárate -rememora hoy su vecino Ramón Piñeiro, conocido como Moncho “O Ferreiro”-, y mismo la señorita María de Zárate fue madrina de bautismo de la hija del ciego”. “Recuerdo que a la isla de A Toxa -continúa- acudía cada verano de vacaciones al hotel un célebre tenor de la época, Mercadillo, quien disfrutaba mucho cantando allí con el ciego”. Refiere además como en otra ocasión los turistas adinerados del Gran Hotel da Toxa financiaron las guirnaldas del alumbrado que se dispuso en Padrenda cuando la fiesta del Sacramento de la hija del ciego. Y es que la fama de Padín llegó a ser tal que allí donde actuaba acudía la gente en gran número “porque entonces -recuerda Moncho- ir a ver al ciego era como hoy ir a ver a Los Satélites o la Sintonía”.
   Esa fama contrastaba, no obstante, con la austeridad de su vivienda. En ella solían parar los afiladores que, amén de afilar cuchillos y tijeras, arreglaban paraguas y platos a los vecinos en la casa del ciego Padín.. Aque era una casa humilde del barrio de Baiuca en la que había dispuesto para él mismo una pequeña habitación en el exterior que daba al porche cubierto por una parra de viña. “Yo, que entonces era un niño -recuerda Moncho- lo veía andar a menudo el aquel porche; cada vez que tropezaba con los postes de la viña acudía el nieto para guiarlo o sentarlo”.
   El ciego Padín falleció el 17 de mayo de 1939 a la edad de 86 años. Sus vecinos afirman que tocó su acordeón por fiestas y fondas hasta poco antes de morir. Hoy Padrenda conserva apenas su recuerdo a través de la voz puñado de ancianos, algunos de los cuales sirvieron de testimonio para este reportaje. La vieja casa, heredada por hijos y nietos acabó en manos ajenas, vendida y derribada. Dentro se constata que había una pequeña acuarela que el propio Castelao, con el que había trabado amistad, le había regalado al ciego y en la que se le veía sentado, tocando el acordeón, en su pose habitual de cabalgar una pierna sobre otra, cuadro de que nada se supo tras la muerte traumática del Albino, nieto y propietario de la vivienda, víctima de un atropello en Castrelo. También fueron dilapidadas muchas de las que las fincas que adquirió a costa del dinero que ganaba en sus actuaciones, y lo mismo ocurrió con el viejo acordeón al que se le perdió la pista tras habérselo requerido un hijo con el pretexto de repararlo.

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Mercedes Padín González
  Nieta del “Cego de Padrenda”

Mercedes Padín González es nieta del “Cego de Padrenda”, y  la única persona viva de la familia directa en condiciones de aportar testimonio sobre el que hoy es considerado como el último juglar de O Salnés. A sus 80 años Regina, que actualmente vive en Salcedo, evoca aquí el puñado de recuerdos que conserva ligados a su abuelo, el ciego Eugenio Padín.

“RECUERDO QUE SIENDO NIÑA NOS VISITABA Y ME SENTABA EN SUS RODILLAS”

 
Mercedes Padín en su casa de Salcedo
-       ¿Qué recuerdos conserva vivos de su abuelo?
-   Pocos, porque cuando lo conocí era yo muy pequeña, apenas cinco o seis años y vivíamos de aquella en Campolongo en Pontevedra. Mi recuerdo se limita a algunas visitas que nos hacía, en la que me cogía en brazos y me sentaba en sus rodillas diciéndome que me quería mucho. Luego recuerdo a ir a su casa en Padrenda a comer en algunas fiestas con la familia, pero de aquella el abuelo ya había muerto.
-       ¿Y cómo era aquella casa que hoy ya no existe?
-       Era una vivienda humilde, con un pequeño porche y una parra de viña en la parte delantera. El interior tenía una cocina terreña y una gran sala que hacía las veces también de habitación. En ella recuerdo algunos de sus instrumentos colocados en una especie de baranda: el viejo acordeón, creo que una gaita, un viejo bombo... También recuerdo colgadas muchas pinturas, una de ellas decían que era del mismo Castelao.
-  ¿No conserva ningún recuerdo material de aquella casa?
-       No. Tiempo después cuando se hablaba de que el nieto que había heredado la quería vender hablamos con él para comprar la piedra de la vieja lareira que había en casa y tener un recuerdo, pero no quiso venderla.
-       Y usted ¿cuándo tuvo noción de la importancia del personaje de su abuelo?
-       Fue mucho después. Yo trabajaba como limpiadora en el sanatorio de Santa María en Pontevedra y por aquellos años estuvo ingresada allí por una operación una señora llamada Herminia Fariña, que resultó ser una poetisa de Meaño que al parecer era muy reconocida en aquella época.
-       Tanto que era esa mujer era miembro de la Real Academia Gallega.
-       Sí, pero yo realmente de aquella no sabía de la importancia de aquella mujer. Recuerdo que un día mientras limpiaba la habitación en la que estaba ingresada ella me preguntó de donde era. Cuando le dije que tenía vínculos con Meaño, en concreto en Padrenda porque era nieta del ciego, ella se sorprendió y me dijo que lo había conocido mucho. Fue aquella mujer quien me descubrió su importancia.
-       ¿Recuerda que le dijo?
-       Sí, me dijo: “¿pero tú sabes quién era tu abuelo?  Tú abuelo era muy importante, era toda una eminencia”. A raíz de ello en esos días en que estuvo hospitalizada me cogió mucho afecto por la admiración que sentía hacia el que había sido mi abuelo. Tiempo después me envió una nota manuscrita en la que hablaba de esa admiración y acompañó esa nota de un poema que ella hiciera en honor al ciego y que al parecer se había publicado en muchos sitios.
-       ¿Conserva la nota y el poema?
-       Sí, los tengo aquí mismo.
Mercedes desdobla un viejo papel y nos entrega la nota manuscrita fechada el 17 de noviembre de 1958 junto con el poema original. En la primera se lee: “A la bella señorita Merceditas Padín, nieta del inolvidable y célebre protagonista de este sencillo romance, publicado en varias revistas españolas y extranjeras como tributo de sincera admiración”. Y a su lado el poema que evoca el entierro del ciego y que acaba con estos versos: “¡Cómo solloza el paisaje /dándote la despedida! / Ciego de Padrendra, ¡adiós! / ¡Que tengas luz allá arriba!”

Familiares del ciego de Padrenda con Lourdes Ucha y Lucas Míguez en el centrro

sábado, 27 de abril de 2013

EDUARDO CAMIÑA UCHA
Sumiller meañés finalista de "La Nariz de Oro 2013"

Como cualquier meañés Eduardo Camiña Ucha se crió entre viñas. Ahora este joven de Simes, que trabajó en restaurantes como “Pepe Vieira” o “Casa Solla” y que lo hace ahora en el “Abastos 2.0” de Santiago, acaba de ser elegido como uno de los once finalistas gallegos para la Nariz de Oro 2013. En total serán los 73 sumilleres de toda España los se darán cita en Madrid los días 14 y 15 de junio en esta final que designa al mejor sumiller español del año. La particularidad de este meañés es su juventud puesto que, con tan sólo 21 años, es uno de los finalistas más jóvenes del certamen lo que apunta su potencial en el mundo de sumillería. 


“CREO QUE LOS VINOS GALLEGOS SE VALORAN MÁS EN EL RESTO DE ESPAÑA”

Eduardo Camiña, finalista de "La Nariz de Oro" 2013
   -  ¿21 años no es una edad temprana para ser  finalista de la Nariz de Oro?
    -  Sí, he llegado lo que se dice pronto porque la edad media de los sumilleres que llegan a esa final es de 35 o 40 años, que es cuando se está en pleno apogeo.
    -  Y cuando el cliente del “Abastos 2.0”, que es donde usted trabaja en Santiago, requiere de los servicios del sumiller y se les pone delante un chaval de 21 años para aconsejarle en vinos ¿no recelan un tanto?
    -      Reconozco que al principio a los clientes que no me conocen sí les sorprende, pero luego cuando les hablas y ven que realmente conoces este mundo sí se dejan aconsejar.
     -    Generalmente asociamos el sumiller al mundo del vino, pero no sólo es ese campo el suyo ¿no?
    -   No, el sumiller es experto no sólo en vinos, sino también en licores y todo tipo de bebidas, alcohólicas o no, incluso aguas, como también en puros, quesos… y todo lo que conlleva el mundo de la sobremesa.
-       ¿Cómo surge en usted la pasión por este mundo?
-       Desde pequeño en casa se vivía el mundo de la viticultura y del vino, y supongo que eso influyó en que, cuando me decanté por hacer un ciclo de servicios de restauración en el instituto Carlos Oroza de Pontevedra, me cautivara un módulo de sumillería que impartía en él. Luego, por casualidad en el restaurante “Pepe Vieira” conocí a Xoan Canas, quien fue Nariz de Oro de España en 2004. Cuando le hablé de mis inquietudes se brindó a apoyarme, me dejó material, libros… De su mano empecé a conocer los vinos de Galicia, Francia, Alemania… incluso acabé trabajando en “Pepe Vieira” un verano. Tras finalizar mi módulo hice las prácticas en “Casa Solla” en Poio, y de la mano de Pepe Solla, que no sólo es gran cocinero sino también gran conocedor de vinos, me seguí formando, hasta el punto de que tras las prácticas trabajé unos meses con él. Hubo más gente que me ayudó como Rodrigo Méndez en Meaño que desde su bodega me abrió el mundo de sus tintos Rías Baixas…
-       ¿Cuál es la norma básica de un buen sumiller?
-       Yo creo que hablar con el cliente, conocer sus gustos y, en función de ellos, ayudarles a escoger un vino, un licor… que le enganche y que haga de esa comida o esa velada algo especial.
-       ¿La gente se deja aconsejar cada vez más al sumiller?
-       Depende de donde trabaje uno, pero aquellas personas que acuden a un local que dispone de un sumiller sí suelen requerir su servicio, quieren escuchar su consejo.
-       ¿Cómo es esa final de la Nariz de Oro en Madrid?
-       Será los días 14 y 15 de junio. En ella habrá dos tipos de pruebas. En una se catan cuatro vinos diferentes, pero de la misma zona, denominación, variedad y año. Luego sales durante unos diez minutos, tras los cuales regresas a la sala y te dan a catar uno de esos cuatro vinos en copa negra: tú tienes que identificarlo, saber su denominación, la variedad, el año… todo y exponerlo. Luego también se realiza una prueba teórica con 29 preguntas a través de las que debes demostrar tus conocimientos sobre el mundo del vino y la sumillería.
-       En el certamen no sólo se elige al mejor sumiller de España sino también se premian vinos ¿no?
-       Sí, se hace una cata con unos 300 vinos y se eligen los mejores. Luego los premiados en cada categoría incorporan una etiqueta negra que acredita su premio en la Nariz de Oro.
-       ¿Y cuál es su ilusión cara al certamen y el futuro?
-       Mi ilusión es continuar formándome, si bien para seguir estudiando en este campo ahora hay que ir a Madrid o al extranjero, y eso no lo tengo todavía claro. También está el viajar para seguir conociendo este mundo… La final de Madrid es una buena opción para todo esto, para mí además es un reconocimiento al trabajo y el estudio de estos años. ¿Cara al futuro?... Poder transmitir mis conocimientos desde un local, organizar catas…

El joven sumiller meañés, a las puertas de "Abastos 2-0", su local de trabajo en la zona vieja de Santiago


- Hablando de vinos ¿cuál es la denominación de origen gallega que más le ha sorprendido en los últimos años?
-       Los Rías Baixas siempre han sido el bom en España, pero en los últimos años se elaborando caldos espléndidos en la Ribeira Sacra, incluso en Ribeiro, con bodegueros que trabajan mucho con variedades autóctonas que están dando grandes resultados. Creo que lo que nos ocurre en Galicia es que no valoramos nuestros vinos, pienso que se valoran más en el resto de España. En Galicia tenemos el 60 por ciento de las variedades españolas, y una gama tan amplia permite obtener vinos muy diferentes y de mucha calidad.
-     ¿Y qué me diría de los Rías Baixas tintos por los que empiezan a apostar algunas bodegas?
-       Que están siendo muy reconocidos internacionalmente y encontrando una excelente acogida en el exterior. No son esos vinos secos, sino frescos, vivos, con acidez, propios de zona de mar, y eso es algo diferente que no tienen el resto.
-       ¿El vino bueno siempre en caro?
-       No, necesariamente. Por debajo de 10 euros se pueden encontrar en el mercado vinos ya muy buenos. En el mundo del vino, como en otras cosas, el precio no lo es todo.
-       Bueno, la prestigiosa guía Parker ya puntuó hace un par de años el valdeorras gallego “Rúa” con más de 90 puntos y eso que en el mercado no llegaba a los dos euros.
-       Sí, pero se supo después que eso fue un error, no sé si de la bodega o de los responsables de la guía en sí, pero al parecer se produjo una confusión con dos vinos que elabora la misma bodega y, de hecho, ya pidieron perdón por ello. Pero desde luego que el error supuso un tirón para ese vino hasta el punto de que su demanda aumentó una barbaridad e incluso incrementó su precio. Eso afecta a la gente que está muy influida por este tipo de publicaciones, que no siempre son absolutas.
-    Hablemos de Meaño. Mójese y recomiéndeme un buen vino elaborado aquí, en tierras meañesas, a ser posible un blanco y un tinto, pero que se muevan en una buena relación calidad-precio, que con la que está cayendo no está el bolsillo para excesos.
-       En un tinto me quedaría con un “Bastión de Luna”, que elabora la bodega Forxas do Salnés de Rodrigo   Méndez. Es un Rías Baixas tinto que mezcla caíño, espadeiro y loureiro, y que resulta un vino fresco muy interesante. ¿Un blanco? Me quedaría con “Leirana Finca Genoveva”, un Rías Baixas cien por cien albariño que elabora la misma bodega. Ahora, si hablamos de relación calidad precio me quedo con el “Bastión de Luna”.
 
El "Goliardo" espadeiro de Forxas do Salnés
del que habla el sumiller
-   Usted, que ha trabajado en restaurantes como “Pepe Vieira” o “Casa Solla”, y que lo hace ahora en el “Abastos 2.0” en Santiago ¿qué vinos meañeses demanda el cliente?
-    Lo que más piden de Meaño son los albariños “Leirana” y “Albariño do Ferreiro”, éste último del bodeguero Gerardo Méndez, y en tintos se está demandando mucho el “Goliardo” de Forxas do Salnés, tanto en su variedad caíño, como espadeiro o loureiro. Todos son buenos vinos, si acaso el “Albariño do Ferreiro” es más caro y por ello menos accesible a cualquier bolsillo.
-      Después de haber estudiado tanto, de conocer mucho el mundillo del vino, ¿qué consejo daría a un bodeguero meañés de albariño para obtener un buen caldo?
-       Para conseguir un buen vino es más importante la uva que la bodega. Por tanto mi consejo sería cuidar mucho el viñedo,  la tierra, la naturaleza en el entorno de la cepa, para obtener así una buena materia prima. Yo apostaría también por tratar de conseguir los vinos albariños de siempre, con uvas pisadas con los pies como antes, albariños frescos que pudieran aguantarse tiempo.
-       ¿Se ven en la restauración los llamados “vinos de autor” que son los albariños que elaboran los bodegueros meañeses de la asociación de Bodegas Artesanas Rías Baixas?
-       No, se ven muy poco, y eso que creo que hacen un buen trabajo. Yo les animaría, como decía antes, a apostar por el albariño que siempre se hizo en cada casa, no dejarse llevar por la norma y luchar por su vino. En esto del vino en cada casa nuestra de Meaño existe una historia de mucho trabajo en la que, aún sin grandes medios y sin mucha tecnología, se han elaborado buenos albariños al alcance de todos, y eso resulta admirable.

Para finalizar, y antes de cerrar nuestro particular Ventanuco, evocamos un virtual último vino escuchando esta canción de Alberto Cortez...