domingo, 26 de abril de 2026

 

MÚSICA Y CANTO PARA EMOCIONAR EN PRIMAVERA 


La soleada tarde invitaba al público ayer sábado (por 25 abril) a disfrutar del Festival de Bandas de Música Populares en Meaño. Considerado el decano de su género en Galicia, el evento congregaba a las bandas Xuvenil de Barro, la lalinense de Vilatuxe y la Unión Musical de Meaño.
Abría con el tradicional desfile de las formaciones por delante del consistorio, para luego dar paso a la sucesión de conciertos en la Praza da Feira, cubierta por una carpa para la sombra del público. De los tres conciertos nos quedamos, sobremanera, en la Xuvenil de Barro, con “The Last Letter From Mourdoch” de Masanori Taruya; en Vilatuxe, con su interpretación  de las “Danzas Armenias” del Alfred Reed; y en, la Unión Musicla de Meaño, con la renombrada “Turbina” de Phillip Butters. (Vídeo: momento de pasacalles de la BUMM)



Pocos al aire libre
El director de la BUMM Diego Javier Lorente reconocía que "no estamos en la época dorada de las bandas de música en Galicia, porque la covid dio mucho para atrás en todo lo relacionado con la cultura, y en la música bandística también, por lo que queda mucho para recuperar lo perdido y la mentalidad de las nuevas generaciones no ayuda". En cuanto este formato de festivales al aire libre -aclaraba el director de la BUMM Diego Javier Lorente- "hubo muchos en sus años, pero hoy sólo persisten este de Meaño y otros tres en Galicia, el resto se han ido a interiores".


La Unión Musical de Meaño en su pasacalles de presentación
 
Reinventarse
El Festival de Bandas de Meaño, visto lo visto en los últimos años, siempre desde el público -y esto es opinión-, llama a un giro. El pasacalles de inicio evidenciaba una escasez de público tal que, mismo este año, hizo prescindir en las bandas de algunos saludos de rigor a algunas aceras, que estaban vacías de público. Bajo la carpa, atrás quedaron los llenos de otrora, y ayer reunía a 350 personas de las 450 sillas dispuestas por una organización que se desvive en que todo esté a punto con gusto sublime.


Final del concierto de la BUMM

En este siglo vivimos en la generación que, por encima de escuchar, ve, cuando te dicen “voy a ver un concierto”, no “voy a escuchar un concierto”. Y en el festival meañés, lo de escuchar sí, lo de ver es otra cosa. Los conciertos de clásica o de bandas, se degustan hoy en un espacio donde, amén de la escucha activa -sin sonido exterior que lo interfiera- la penumbra en el patio de butacas que invita a rumiar el arte, el graderío permita ver a la orquesta -o banda-, pudiendo el espectador dirigir la vista allí donde están los compases protagonistas lo requieren en cada caso.

Al festival lo salva la pasión de las familias de los músicos, mas este formato es complicado captar melómanos del exterior, al margen de las formaciones musicales presentes. Lejos de una crítica, estas líneas no son otra que una invitación a la reflexión y recuperar parte lo perdido cuando la covid, que nos comentaba el maestro Lorente López.


Panorámica del público bajo la carpa


Meaño Canta
El “Mes de Música” que, debemos a la familia de la BUMM y los profesionales EMMM cuenta en los últimos años también en la emoción de las voces blancas y su “Meaño Canta”. En esta edición fueron 86 los escolares entre 7 y 14 años los que el domingo 19 se avinieron a participar en una iniciativa que se impulsa, sobremanera, merced a la perseverancia de la soprano lírica vilagarciana, Marina Penas, y los docentes de la Escuela, Juan Portela y Vanesa Dopazo.


Actuación de los coristas de "Meaño Canta" y Vanesa Dopazo en la flauta

Escolares, sobre todo meañeses, pero también otros llegados desde Sanxenxo, Ribadumia, Vilagarcía y Cambados, ávidos de esta convivencia. “La música -explicaba Marina Penas- es el lenguaje más universal de todos, cantar nos une a los seres humanos, con el canto podemos expresar nuestros sentimientos con el instrumento que todos tenemos más cerca del corazón: la voz”.
Fue una jornada de formación intensiva de siete en horario de mañana y tarde -con altos para almuerzo y merienda que servía la organización-, aprender repertorio y realizar ensayos. Y, por la tarde, a las 19:00, con suma puntualidad, la coral que se fuera gestando durante la jornada, ofreció desde el graderío del pabellón su concierto ante las unas 150 personas apostadas en las sillas dispuestas sobre la cancha. (En el vídeo, Marina Penas explicando el proyecto y e valor del canto)



Fue media hora justa de canto en que, dirigidas por Marina Penas, los niños transmitieron emoción con sus voces. Un repertorio que se iniciaba con el “Canon Infantil” de Josu Elberdin, seguido de “Rondas infantiles para no infantes”, quodlibet de Johan Basto donde acabaron sonando al alimón “Un elefante”, “La vaca Loca”, “Los pollitos” y “La cucaracha”, cuatro temas infantiles, que entre lo nostálgico y la simultaneidad de la polifonía, lo hacían idóneo para público adulto. 


El coro acompañado por Lorenzo, Juan y Vanesa

Se completaba con “Si eres entonado”, “Funga Alafia”, canto africano de bienvenida, el “Domingo cantando” de Jerry Estes, “Viva la música” del estadounidense Mark Weston y, como despedida, “Eu quero soñar”, una canción de la otrora profesora de guitarra de la EMMM, Lucía Verde, que se convirtió en todo un himno para la escuela meañesa desde cuando se presentó hace años. Y, en el mundillo de las emociones en el que todo suma, las voces blancas ten acarician el alma con facilidad. (En el vídeo, el coro cantando el "Eu quero soñar" de Lucía Verde)






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