Metidos ya en la Cuaresma, y con la Semana Santa
en el horizonte, la época semeja propicia para acercarse al arte religioso medieval,
con el Románico como primer estilo artístico internacional en el mundo
cristiano. En el corazón de O Salnés y abrimos desde aquí este particular
Ventanuco para conocer las reseñas que se mantienen del románico meañés.
DESCUBRIENDO EL
ROMÁNICO MEAÑÉS
El románico meañés está representado por dos
iglesias que son las de San Xoán Bautista de Meaño y Santa María de Simes. Dos
tempo de origen medieval, época de la conservan partes, pero que luego
alteradas por remodelaciones posteriores.
La primera parada la hacemos en la iglesia de
San Xoán Bautista de Meaño. Enclavada en el lugar a A Canle, conserva hoy uno
de las colecciones de canecillos
mejor conservada de la comarca saliniense. Los canecillos son piezas habituales
en el románico, cuya función, amén de la
artística, era entonces contribuir a instruir a una población de por sí analfabeta.

Canecillos de hastial sur de la iglesia de San Xoán Bautista de Meaño
En esta iglesia
meañesa, en total, son 22 canecillos, en los que resalta la temática obscena y
admonitoria de varias piezas, conformando un libreto de piedra creado con el
fin de amonestar y advertir al observador sobre la conducta equivocada y la
necesidad de expiar el pecado antes de acceder al interior sagrado del templo.
Entre ellas, cuatro canecillos de onanismo, en los que la masturbación y la
sexualidad se muestran de forma explícita. (En la foto anexa, canecillo de un hombre en acto de masturbación)

Por lo demás, la huella románica pervive en el ábside rectangular, cuyo interior, cubierto con bóveda de cañón ligeramente cerrada en el arranque y sin columnas ni ornamentos, evocan por su simplicidad la influencia visigótica. La nave propiamente dicha obedece a una remodelación del siglo XVII.
Dado que la parroquia de Meaño fue la más tardía
en crearse como tal, la iglesia primitiva, alejada de núcleo poblacional,
podría haber actuado como ermita señorial del linaje de los Lis. No en vano,
hasta inicios del s. XX, los señores de Lis tenían derecho de ascendencia sobre
el nombramiento del párroco en Santiago (en 1931 Desiderio Dovalo fue el primer
párroco nombrado por el arzobispado sin interferencia señorial alguna).

Exterior de la iglesia de Santa María de Simes
La segunda parada obligada es la parroquia de
Simes, cuya iglesia de Santa María rememora los personajes Doña Urraca y Alfonso
VII, que fueron sus protectores, más un pasado monacal en las inmediaciones. La
iglesia, también de ábside rectangular, tiene este espacio cubierto por bóveda
de cañón apuntado (coronado con una linterna que da entrada a la luz natural),
en consonancia con sus arcos. Estos últimos se asientan sobre columnas
adosadas, rematadas en amplios capiteles vegetales de bella factura.
Reseñar por su singularidad, la portada
abocinada (ver en la foto anexa), con dos arquivoltas semicirculares sobre dos pares de columnas
acodilladas en jambas, y su tímpano ocupado por una cruz griega. Y, a sus
canecillos de la nave -cuerpo éste que obedece a transformaciones del s. XVIII-
agrega por el exterior, en el vértice del ábside, la presencia de la escultura
de dos animales decapitados, tumbados uno sobre otro: encima, un cordero con el
costillar marcado, coronado por una cruz lobulada, y que tiene debajo a otro,
éste a modo de monstruo, conjunto que Isidro Bango Torviso interpreta como el
triunfo de bien sobre el mal.


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