sábado, 21 de febrero de 2026

 

Metidos ya en la Cuaresma, y con la Semana Santa en el horizonte, la época semeja propicia para acercarse al arte religioso medieval, con el Románico como primer estilo artístico internacional en el mundo cristiano. En el corazón de O Salnés y abrimos desde aquí este particular Ventanuco para conocer las reseñas que se mantienen del románico meañés.

DESCUBRIENDO EL ROMÁNICO MEAÑÉS

El románico meañés está representado por dos iglesias que son las de San Xoán Bautista de Meaño y Santa María de Simes. Dos tempo de origen medieval, época de la conservan partes, pero que luego alteradas por remodelaciones posteriores.
La primera parada la hacemos en la iglesia de San Xoán Bautista de Meaño. Enclavada en el lugar a A Canle, conserva hoy uno de las colecciones de canecillos mejor conservada de la comarca saliniense. Los canecillos son piezas habituales en el  románico, cuya función, amén de la artística, era entonces contribuir a instruir a una población de por sí analfabeta.


Canecillos de hastial sur de la iglesia de San Xoán Bautista de Meaño

En  esta iglesia meañesa, en total, son 22 canecillos, en los que resalta la temática obscena y admonitoria de varias piezas, conformando un libreto de piedra creado con el fin de amonestar y advertir al observador sobre la conducta equivocada y la necesidad de expiar el pecado antes de acceder al interior sagrado del templo. Entre ellas, cuatro canecillos de onanismo, en los que la masturbación y la sexualidad se muestran de forma explícita. (En la foto anexa, canecillo de un hombre en acto de masturbación)

Por lo demás, la huella románica pervive en el ábside rectangular, cuyo interior, cubierto con bóveda de cañón ligeramente cerrada en el arranque y sin columnas ni ornamentos, evocan por su simplicidad la influencia visigótica. La nave propiamente dicha obedece a una remodelación del siglo XVII.


Dado que la parroquia de Meaño fue la más tardía en crearse como tal, la iglesia primitiva, alejada de núcleo poblacional, podría haber actuado como ermita señorial del linaje de los Lis. No en vano, hasta inicios del s. XX, los señores de Lis tenían derecho de ascendencia sobre el nombramiento del párroco en Santiago (en 1931 Desiderio Dovalo fue el primer párroco nombrado por el arzobispado sin interferencia señorial alguna).


Exterior de la iglesia de Santa María de Simes
           
La segunda parada obligada es la parroquia de Simes, cuya iglesia de Santa María rememora los personajes Doña Urraca y Alfonso VII, que fueron sus protectores, más un pasado monacal en las inmediaciones. La iglesia, también de ábside rectangular, tiene este espacio cubierto por bóveda de cañón apuntado (coronado con una linterna que da entrada a la luz natural), en consonancia con sus arcos. Estos últimos se asientan sobre columnas adosadas, rematadas en amplios capiteles vegetales de bella factura.

Reseñar por su singularidad, la portada abocinada (ver en la foto anexa), con dos arquivoltas semicirculares sobre dos pares de columnas acodilladas en jambas, y su tímpano ocupado por una cruz griega. Y, a sus canecillos de la nave -cuerpo éste que obedece a transformaciones del s. XVIII- agrega por el exterior, en el vértice del ábside, la presencia de la escultura de dos animales decapitados, tumbados uno sobre otro: encima, un cordero con el costillar marcado, coronado por una cruz lobulada, y que tiene debajo a otro, éste a modo de monstruo, conjunto que Isidro Bango Torviso interpreta como el triunfo de bien sobre el mal.


No hay comentarios:

Publicar un comentario