sábado, 28 de febrero de 2015

DEPORTIVO XIL: TODO UN CLÁSICO
           
El Deportivo Xil se ha convertido en todo un clásico de la comarca: 42 años contemplan a este equipo nacido en 1973 fruto de un movimiento local promovido por Horacio Castro, Miguel García Quinteiro, los hermanos Galiano y algunos otros para la construcción de un terreno de juego que albergara el fútbol que los chavales de Xil practicaban en el campo de “O Pazo”. El Xil, que militó en segunda y tercera regional, se midió en su día en liga a equipos como Vilalonga, Portonovo, Céltiga, O Grove o Ribadumia entre otros, pero sin duda los partidos que despertaba más pasión cada año eran los derbis con el otro equipo meañés, el Unión Dena.


De esquea a dereita, arriba: Ribeiro, Gino, Pepe Zapateiro, Manolo Camiña, Doro,
Cielo e Caseano; e abaixo: Cándido, Lito, Galiano, Ernesto de Luis Domínguez.
Los orígenes
La historia del fútbol en Xil se retrotrae a los años 30 cuando en plena II República los jóvenes de la localidad integraban un equipo que jugaba en el “campo do Pazo” y en “el campo da Cagallona” (próximo al cementerio de Meaño) enfrentándose a otros de la comarca como el Libertad o el Juventud de Sanxenxo, “O Empalme” de Sisán, “O Racha” de Vilalonga, el “Xa Virán” de Castrelo, el Anduriña o el Pontearnelas, entre otros. Eran encuentros amigables en campos no reglados y que no formaban parte de ninguna competición oficial. Aquel equipo se disolvió a inicios de los 40 y aunque el maestro de la parroquia, José Durán Medaniche quiso recuperarlo a finales de la década -pretendía llamarlo Deportivo Gilense-, fracasó por no llegar a acuerdo con los vecinos para permitir que se jugara en el “campo do Pazo”.

Primeiro partido do Xil, amigable no campo de Marquesa en Barrantes, 22-08-73
Segundo partido amigable do Xil, amigable en Poio, verán de 1973
El fútbol organizado no se retomaría en Xil hasta 1973 en que nace el Deportivo Xil. Horacio Castro García, que fuera uno de los promotores del club -y a la postre primer presidente-, rememora el momento: “los chavales llegaron a un acuerdo con el dueño de una finca en O Pazo y le pagaban un alquiler, poniendo cada uno el dinero que podía, para jugar allí al fútbol, Recuerdo que un día íbamos caminando por el lugar Miguel de Quinteiro (García Quinteiro) y yo, cuando vimos como el balón les cayó en una finca aledaña, su propietario lo recogió y no se lo devolvió, acabándose allí el partido”. “En aquel momento -continúa- empezamos a hablar de lo bueno que sería que los chavales tuvieran un campo donde jugar, pues ya entonces empezaba a aparecer la droga y entendíamos que si los chavales ocupaban su tiempo en el fútbol se olvidarían un tanto de ella”. “Quinteiro -prosigue Horacio Castro- me dijo que tenía un monte bastante llano que, acondicionado, casi debía dar un campo y en las semanas siguientes nos pusimos a ello: hablamos con los vecinos colindantes para conseguir más terrenos y hacer un campo reglamentario, y empezamos a organizar un club federado”.


Obras de construcción do campo de Boavista, ano 1973

El campo de Boavista
El campo pudo construirse gracias a aportaciones vecinales más a la mano de obra que muchos de ellos ofrecieron de forma altruista. “Teníamos 25.000 pesetas -recuerda Horacio Castro- que fue lo que nos cobró la pala por allanar el terreno, el resto del trabajo fue nuestro”. El Boavista -que así se bautizó- se inauguró oficialmente el 23 de junio de 1974 en un partido en que el Deportivo Xil se medía a una selección gallega, ante la que cayó por 1-4. Aquella fue una jornada festiva en la parroquia: traca de bombas a las ocho de la mañana, misa a las 12 en el campo con sermón a cargo de cura párroco Manuel Cornes y presencia de la Virgen del Carmen -nombrados respectivamente coadjutor y protectora del club-, aperitivo en el campo y, por la noche, tras el partido, una verbena.

Personaxes que forman parte da historia do clube, nunha foto actual.
De esquerda a dereita:  Ricardo Galiano, Amancio, Horacio, Manuel Padín e Sueiro
Pocos saben, no obstante, que los colores oficiales rojinegros de la indumentaria con que se viste desde entonces el equipo -que evoca la del Milan italiano- son fruto de un error que nos explica el propio Horacio Castro: “En principio habíamos acordado que la camiseta fuera toda roja y el pantalón blanco, de hecho esos colores se registraran ya así en la Federación. Sin embargo, cuando la empresa de pinturas pontevedresa Celso Míguez, que se brindara a regalarnos la indumentaria, nos la entrega comprobamos al abrir la cajas que las camisetas era a rayas verticales rojas y negras. Entonces nos dijimos que también eran bonitas y nos quedamos con esos colores”.
Cierto que a la hora de entrar en competición oficial y estrenarse en aquella temporada 1973-74 surgieron problemas con el campo. Y es que la Federación Gallega de Fútbol, tras recibir una serie de reclamaciones, decidió excluir al equipo del campeonato al entender que el Boavista no reunía las condiciones requeridas, sobre todo en lo referente al excesivo desnivel del terreno de juego y a la falta de un acceso en condiciones al mismo. Pero el Xil apeló la decisión y consiguió una prórroga de ocho días para subsanar los problemas, lo que logró hacer en ese corto período de tiempo la directiva que presidía Horacio Castro.

Cartel anunicado do partido de inauguración do campo
de Boavista, 23-06-74
Empieza la competición: los años 70
El Deportivo Xil se estrenaba así en liga en la temporada 1973-74 con Leonardo Martínez (Barrantes) en el banco para disputar la entonces segunda regional “Rías Baixas”, una liga de 13 equipos en la que militaban clubs de tanta solera hoy como el Portonovo, Umia, Vilalonga, Deportivo Grove, Céltiga o Ribadumia, entre otros. Como cabía esperar el Xil no brilló en aquella su primera temporada: acabó colista con tan sólo siete puntos. Su primer gol lo materializó el meañés Luis Rodríguez “O Vigués” en un partido jugado en Boavista ante el Céltiga y donde el cuadro meañés cayó por 2-3. Su primera victoria llegó en el derbi ante en Dena, un domingo 13 de enero de 1974, en que Xil se imponía en As Cachizas por 0-2, goles ambos de Miguel Sueiro. El equipo lo integraban Andrés, Luis, Juan, Melón, Carmelo, Victor, Eduardo, Galiano, Sueiro, Miguel y Lino. Otra victoria ante el Ribadumia y tres empates completaron los puntos del Xil en aquella primera temporada.


1974, expedición do Xil en barco cara a Illa para xogar co Céltiga
En la 1974-75 el Xil clasificó séptimo en la mitad de la tabla, y en el 75-76 lo hizo octavo lo que le permitió salvar la categoría por un punto dado que al año siguiente se creaba la tercera regional. Horacio Castro refiere el conflicto que se produjo con el Cangués, filial del Alondras, que pretendía la plaza del Xil en segunda: “fue necesaria una reunión de la Federación en Santiago, en la que dijimos que estábamos dispuestos a apelar a la nacional porque entendíamos que la plaza era nuestra. Aquella votación la ganó el Xil y el Cangués, dolido, acabó disolviendo el equipo”.
Pero en la temporada 1976-77 el Xil no pudo mantener la categoría y, tras clasificar como colista, desciende a tercera. El equipo se movió durante casi una década en esta categoría donde los más que pudo fue clasificar tercero en la 1978-79.


Equipo do Xil na tempda 1976-77, de esquerda a dereita, arriba: Suso, Cons, Ferrancho, Ñico (porteiro), Ruel e Bernardino; 
e abaixo: Juan, Currás, Mazola, Quirós e Chas.

El regreso a segunda
Fue en la segunda mitad de los ochenta cuando el Deportivo Xil vive otro momento dorado, este de manos de José María Alonso Esperón en la presidencia y de Ramiro García Fariña (Dena) en el banco. En la segunda temporada de ambos, la 1987-88, el equipo se proclama campeón de su grupo de tercera y consigue el ascenso a la segunda regional. Aquel plantel todavía se recuerda en Xil: Dozo y Fandiño como porteros Varela, Uzal, Banjamín y Nando en defensa; Arturo, Eladio Abal, Pepe “O Rubio” y Horacito en el dentro de campo; y Manuel Ángel y Piñeiro en punta. Junto a ellos jugadores como César, Martiño, Andrés y Raúl Abal, Vázquez, Martiño y Eladio Vilas. No sólo habían conseguido el histórico ascenso sino que también llegar a jugar la final de la Copa Diputación en esa temporada, final en la que cayeron ante el ante el Moraña por 1-2. “Era una buena hornada de jugadores, de que los que muchos venían ya de nuestros juveniles con José Muras” recuerda hoy José María Alonso, de cuyas paredes del ya mítico Bar Xil cuelgan 14 fotografías del equipo en diferentes etapas del club. “Aquélla -continúa- fue una época de mucha unión entre todos, íbamos con autobús a los campos y llevábamos hasta parte de la banda de música de Meaño que viajaba a los partidos para animar al equipo”. No fue fácil retener el plantel “porque el Ribadumia, Vilalonga, Cambados, Umia y otros equipos de arriba en nuestra zona pronto pusieron sus ojos en varios de nuestros jugadores que se acabaron yendo”. Así las cosas el equipo se mantuvo dos temporadas en segunda tras las cuales cae de nuevo a la tercera donde milita hace 25 años, abonado casi siempre a la zona baja y siendo habitual farolillo rojo.

José Mª Alonso nunha foto actual
Otros logros se pueden mencionar de aquellos años 80. Así en la temporada 1984-85 se construye la única grada que hoy alberga en campo en su lateral sur. “La hicimos por la noche cuando íbamos a echar allí horas al regresar de nuestros trabajos -rememora José María Alonso-, incluso recuerdo ir con los tractores a buscar piedras por los viejos muros de los montes para hacer la cimentación”. También fue a mediados de esa década cuando se construyó un pozo para dotar de agua en condiciones al campo “porque antes la cogíamos literalmente en un regato cercano” apunta José María.  A ello ayudó el Vilalonga “porque estaba remodelando su campo de San Pedro y entrenó una temporada en Xil -explica el entonces presidente- Acordamos no cobrarles nada y que a cambio nos ayudaran a financiar la construcción del pozo y la canalización para dar servicio al campo”. La época trajo consigo también algún susto como cuando un invierno duro se cayó el muro de la fachada del campo que hubo que levantar de nuevo cuando al club apenas tenía fondo alguno.

Banquiño do Xil en Porriño no anos 70, con Fandiño no centro.
A súa deretia Albino (entrenador) de Manolo Galiano
Presidentes, entrenadores y jugadores
Los más de 40 años de historia del Xil fueron posibles gracias a la labor de presidentes como el mentado Horacio Castro, al que siguió Manuel Galiano, Silverio Méndez, José Mª Alonso, Telmo Martín -el empresario que fue alcalde de Sanxenxo, diputado provincial y alcaldable en Pontevedra presidió el Xil en la temporada 1988-89- Horacio Cacabelos, Olegario Ortega, José Manuel González, Marcelino Cores, Néstor Naveiro y el actual Ricardo Pardo. Por el banco han pasado, entre otros, entrenadores como Leonardo Martínez, José María Camiña, Chás, Ramiro García Fariña, “Balois, José Domínguez “O Rubio” o Albino entre otros. Y también sumaron muchos directivos en la sombra, por encima de todos el omnipresente Manuel Fandiño, el que más años de largo comprometió su labor, gris y efectiva, con el club de sus amores.

05-09-76: Horacio Castro impón a insignia de ouro
a Mullonio cando se vai para o Pontevedra
Cuando se pregunta por jugadores a cualquier aficionado histórico del Xil, todos mentan a Mulloni como el mejor. A José Manuel Martínez Mulloni -que era un nombre completo-, natural de Sanxenxo, bien lo recuerda Horacio Castro: “era un interior muy bueno, que destacaba mucho, y que vendimos en 1976, aún siendo juvenil, al Pontevedra por 50.000 pesetas, cuando por aquélla el presupuesto de una temporada nuestra debía rondar las 100.000 pesetas”. Cierto que el Xil obtuvo aún más dinero por el jugador por cuanto hizo añadir una cláusula en el contrato por la que si Mulloni se iba traspasado a otro equipo el Xil  percibiría el 5 por ciento del dinero de la operación. “Y como quiera que al principio Mulloni se fue al Pontevedrés que era el filial -explica Horacio Castro- y luego recaló en el Pontevedra como profesional, se entendió este cambio como un traspaso por lo percibimos 150.000 pesetas a mayores, que era mucho dinero, y que el entonces presidente Silverio Méndez empleó en construir unos nuevos vestuarios en un lateral del campo”. Después del Pontevedra Mulloni, según recuerda el Horacio, acabó recalando en el Lorca.
El que fuera primer presidente destaca a otro jugador de la quinta, Monchiño, “también un centrocampista muy bueno que acabó traspasado al Arosa en esa misma época por 25.000 pesetas”. Era un dinero que, cuando aparecía, suponía una inyección para un club que estaba siempre bajo mínimos y que únicamente se mantenía con las cuotas del poco más del centenar de socios que tenía, la cantina y la taquilla “porque por entonces con el Céltiga, Vilalonga, Dena, Portonovo, todos ellos equipos de aquí, había mucha rivalidad por lo que aún venía gente y se hacían buenas taquillas”.


Equipo do Xil cara a 1981
Aquellos fueron los únicos traspasos por los que se obtuvo dinero. Pero hubo jugadores que recalaron también en otros equipos de arriba: “A finales de los 80 -recuerda José María Alonso-, del equipo que subió a segunda, se fue el central Nando al Cambados que entonces militaba en tercera, o Eladio Abal al Vilalonga”. “De manera especial -añade- recuerdo a este último: era un centrocampista excelente, con buen disparo y que tenía unos saques de banda que parecían córners: ¡era capaz de colocar el balón al segundo palo! Tenía calidad para triunfar, pero quizá su timidez le impidió explotar”.

Anecdotario
1979-80, partido de farra en Xil.
De esquerda a dereita: Ruel, Cores e Victor
En sus orígenes el campo de Boavista estaba totalmente abierto “por lo que te imaginas el tiempo que se perdía cada vez que un balón se iba fuera” apunta Horacio Castro. Su cierre perimetral se acometió en la temporada 1975-76. El club, que sólo disponía para ello de 30.000 pesetas que aportara una tienda agraria de Sanxenxo, se encontró con la generosidad de un empresario de Xil y socio del club, Evaristo Varela, que tenía una fábrica de ladrillo en Dena -popularmente conocida como la fábrica de los Calixtos-: “el se brindó a aportar el material -recuerda Horacio- y esperaba por el dinero tres años. Envió los ocho camiones de ladrillo que hacían falta y al final nos condonó toda la deuda”. Eso sí, el empresario que era también acérrimo seguidor y socio de Pontevedra, ponía su condición: “cuando yo le decía que Mulloni podía ir al Celta -recuerda Horacio-, él me espetaba: ¡si no va al Pontevedra, olvídate del ladrillo!”.
Tal gesto sirvió para que el club nombrara a Evaristo Varela socio de honor y le concediera la insignia de oro: “recuerdo que cuando se la puse antes de un partido en pleno centro del campo -rememora Horacio- no se le aguantaba en la chaqueta de punto y él emocionado me apremiaba diciéndome: ¡rómpeme la chaqueta!, ¡rómpeme la chaqueta!”.

Equipo do Xil a fins dos anos 70
Los árbitros también dieron mucho juego por aquellos años. “Una vez en Grove -recuerda Horacio- estábamos ganando 1-2 y el trencilla pitó el final ¡quince minutos antes de la hora! Cuando se percató del error nuestros jugadores ya estaban con la ropa toda mojada festejando la victoria bajo la ducha y en estas el árbitro se presentó requiriendo que volviesen al campo. Al final acordamos jugar ese cuarto de hora otro día porque estábamos todos mojados, y ese otro día logramos mantener la renta”. “En otra ocasión en Arcade -continúa- desde la grada le llamé a un árbitro falangista y éste, ni corto ni perezoso, paró el partido y mandó la pareja de la guardia civil a donde yo estaba para recriminarme”.

Equipo do Xil a inicios dos 80 con Telmo Martín de porteiro
La presencia de la guardia civil era habitual en cualquier campo de segunda o tercera  “tanto que había árbitros que no empezaban el partido si no estaba presente la guardia civil” apunta Miguel Sueiro, quien fuera jugador y capitán del equipo. Y es que las trifulcas eran frecuentes: “yo tuve que encerrar a un aficionado del Xil en Mosteiro -recuerda Horacio- para evitar que se la armaran al árbitro”. “En otra ocasión -continúa- recuerdo que Silverio (Méndez) tiró un bote de bebida al terreno de juego y se dio a la fuga empezando a correr por la grada, pero la guardia civil que estaba en el campo lo paró y quiso llevárselo detenido. Tuvimos que convencerles entre varios para que desistieran”. “Eran situaciones que se vivían en todos los campos -precisa Miguel Sueiro-, que eran más fruto de la ignorancia que de otra cosa y que, con el tiempo, fueron remitiendo conforme fue habiendo más cultura”.
Otro mal endémico de aquellos años eran las alineaciones indebidas: “quien más y quien menos reforzaba en alguna jornada el equipo si tenía ocasión -reconoce Horacio-. Recuerdo en cierta ocasión al Deiro, que nos recibía en su campo, y que contó con Millán que era portero del Cambados. El partido se puso feo y al final denuncié al árbitro la alineación indebida. La cosa no sentó bien y cuando nos visitaron en la segunda vuelta en Xil acabamos a paraguazos”.

O Deportivo Xil a fins dos anos 80
Prima y triunfos sonados
El Xil ha sido siempre un equipo humilde donde el dinero falta por doquier. “Solo en los años 70 los jugadores percibían alguna prima por ganar si la taquilla era buena -apunta José María Alonso-, de hecho yo recuerdo haber recibido en una ocasión 300 pesetas”. Pero el dinero era excepcional y esas primas ocasionales desaparecieron con el descenso a tercera. “Cierto que en la temporada 88-89 hubo una -relata José María Alonso-, la única de que tengo constancia en 30 años y que ofreció el entonces presidente Telmo Martín, que mantenía un pique tremendo con Ribadumia, y que decidió pagar a cada jugador que ganó allí 0-1, 5.000 pesetas por barba por aquella victoria”. E incluso nos refiere el caso de la única prima a terceros en la historia del club: “nos la ofreció en 88-89 estando en segunda un directivo del Cuntis que se presentó aquí ofreciendo 100.000 pesetas por no perder en Bueu, porque si puntuábamos allí subía el Cuntis si ganaba”. “Pero aquel dinero no lo cobramos -continúa- porque en Bueu, que estuvimos ganando 0-1 durante buena parte del partido, caímos por 2-1 con un gol a poco para acabar el partido por un penalti fuera del área por mucho”.

O Xil arredor de 1996-99
Más de cuatro décadas de historia dan también para algunos triunfos sonados “como cuando ganamos al Céltiga 1-2 en a Illa, a donde entonces se iba en barco porque no había puente -rememora Horacio- Recuerdo que nuestro portero, Lino Cores hiciera un partido fantástico, tanto que le pedían la camiseta al final y él les repetía: ¿pero cómo voy a daros la camiseta si no tenemos dinero para comprarlas?” “Fue cierto -corrobora Miguel Sueiro-, Lino hiciera un partido tremendo  aquel día, llegara contento el hombre porque acababa de tener a su primer hijo y creo que venía de celebrarlo”. Un Céltiga con el que, por cierto se mantenían excelentes relaciones “hasta el punto de que cada vez que íbamos allí -recuerda José Mª Alonso de sus tiempos de jugador- nos invitaban a todos a pulpo”.


Plantilla actual do Xil, tempada 2014-15
Pero las victorias que mejor sabor dejaban en la afición eran se lograban ante el Unión Dena, el eterno rival. El derbi meañés dio durante años partidos de mucha pasión, no exentos de algunas dosis de humor entre ambas aficiones “como cuando algún aficionado del Dena llegaba con el saco y lo dejaba en el bar: “para que recojáis los goles mañana”, nos decía”, recuerda Manuel Galiano, secretario del club en los 70. “Eran la madre de todos los partidos, los dos más importantes de la temporada” añade José María Alonso que los vivió como jugador y como presidente. Y es que la victoria ante el vecino fue, para unos y otros, durante años la más codiciada por parte de ambos.


Otras imágnes para el recuerdo...












De esqueda a dereita: Sueiro, Horacio e Sineiro, rememoran os inicios do fútbol en Xil
diante do que foi no seu día campo de fútobl de O Pazo

sábado, 21 de febrero de 2015


Congusto.es (III)
O MUIÑO DA CHANCA

O Muiño da Chanca é un vello muiño de río restaurado construido no século XVIII

Ao pé da estrada PO 550 ao seu paso por A Chanca en Dena atópase este local hostaleiro, negocio familiar de segunda xeración que compre este 2015 os 20 anos de vida, e que se convertíu neste tempo en toda unha referencia na gastronomía da comarca saliniense. Avalado polo Prato de Ouro do Premio Nacional de Gastronomía de Radio Turismo 2010, polo Plan de Calidade de Turismo Rías Baixas e sendo un dos únicos cinco restaurantes de Galicia amparados pola Ruta de Viños de España pola defensa deste sector, o Muiño da Chanca é hoxe local idóneo para un xantar tranquilo, con producto fresco e de primeira calidade. Un lugar onde, vaias con quen vaias, tés sempre garantido o quedar ben.


muiño da chanca, dena
Exterior do Muiño da Chanca en Dena

A FICHA
Interior dun dos comedores do Muiño da Chanca
Onde está: No barrio de A Chanca en Dena, a carón mesmo da PO 550. 
Coordenadas GPS: 
42º26'55.0''N 8º48'59'5''W
Xerencia: Antonio e Jacobo Domínguez Fernández.
Horario de cociña: en tempada baixa de 13 a 15 horas pola semana; fins de semana de 13 a 15 e de 21 a 00,00 horas. Tempada de verán aberto tódolos días de 13 a 15 horas e de 21 a 00,00.
Xefe de cociña: Jacobo Domínguez.
Xefe de sá: Antonio Domínguez.
Recomendacións: Pescados e carnes á brasa. Nos pescados, lubina, mero e rape; nas carnes, chuletón da "croca" (parte da cadeira de terneira galega).
Prezo medio menú á carta/persoa: 30-35 euros.
Menú do día: De luns a venres, prezo 14 euros (a elexir entre 5 pirmeiros e 3 segundos, inclúe viños, postre e café).
Outros servizos: Dous comedores independentes. Terraza. Estacionamento propio.


A HISTORIA
Outra imaxe do exterior a pe do PO 550 ao seu paso por Dena

O "muiño da Chanca", tamén coñecido como "de Casal", é un vello muiño de río do século XVIII, de cubo cadrado inclinado e dúas pedras de moer. No catastro do Marqués da Enseada aparece recollido como muiño maquieiro propiedade de Domingo Domínguez. Deixou de moer a finais do anos 60 do século XX. Empezou sendo un muiño de reducidas dimensións que coñeceu unha ampliación a inicios del século XX que convertíu a súa planta rectangular orixinal nunha planta en L. Antonio Domínguez Pérez -pai dos irmáns que exercen hoxe a xerencia-, antigo hostaleiro e traballallador de cociña en barcos de pasasxe durante anos, mercouno aos herdeiros da familia Casal en 1984. Tras unha reforma con mimo levaba a cabo por el mesmo durante unha década, e despois de conseguir autorización de Augas de Galicia e Patrimonio, abríuno ao público como local de hostalería o 5 de xuño de 1995. En 2006 engadíu unha segunda sá para adaptarse daquela á primeira lei do tabaco.


A ENTREVISTA

Antonio Domínguez Fernández é o xefe de sá e quen traballa cara o público no Muiño da Chanca, mentras o seu irmán menor, Jacobo, está dentro á fronte dos fogóns. Ambos encarnan a segunda xeración vencellada a este local con capacidade hoxe para 130 personas que naceu e, de feito, se mantén con mimo como negocio familiar. 

"O SEGREDO E BOTAR AQUÍ HORAS DE TRABALLO E CONTAR UN PRODUCTO DE PRIMEIRA CALIDADE" 


Antonio Domínguez rexento o local xunto co seu irmá
Moitos locais de hostalería están sofrindo en plena crise económica e vostedes capean ben o temporal. Cal é o segredo?
O segredo é botar aquí horas e horas de traballo coidando ao cliente cun producto e primeirísima calidade.
Especialidade en peixes e carnes á brasa. Que demanda máis o cliente?
Aquí hoxe o 75 por cento da demanda é peixe, o del o 90 por cento é peixe á brasa: lubina, mero, rape...
E como se as arreglan para atopar ese peixe fresco de continuo?
Ten unha gran dificultade, sobre todo no verán. Nós traballamos con tres proveedores: un na lonxa en Portonovo, outro en Cambados e un terceiro en Vigo, a ás veces encargándolle xa o producto pola tarde, sempre exemplares grandes.
En que medida resulta rentable para o negocio traballar un menú diario?
Inflúe moito porque temos que adaptarnos á demanda, pero facémolo sempre desde a calidade. Certo que ofrecemos un menú de 14 euros, cando outros o están ofrecendo a 8 ou 9, pero nos aquí facémolo coas mesmas condicións de quen xanta á carta: producto fresco de primeira, un bo viño con denominación de orixe, mantelería de tela, a mesma cristalería... non facemos distinción algunha. A o cliente resposta ben: hai semanas que, de feito, temos máis traballo nos días laborais que en sábados e domingos.
É política do local non acoller eventos como despedidas de solteir@, primeiras comunións, comidas ou ceas de grupos numerosos... por que razón?
Por dúas. Por unha banda porque a cociña á brasa nosa está concebida como cociña caseira, non estamos para servir a grupos grandes mantendo o punto de calor para todos. E por outra, porque a filosofía do local é de comidas ou ceas de parella, familia, de empresa, primamos ante todo un ambiente tranquilo.


O Muiño ten unha carta con 110 viños
Outra característica e a ampla carta de viños. Cantos ofrecen en carta?
Neste momento temos 110, facendo fincapé sobre todo nos viños galegos, como non, os albariños, pero tamén os mencías, godellos... porque nos últimos anos están aparecendo uns viños fantásticos destas variedades en Galicia. Moitos son viños de adegas pequenas, familiares e dunha gran calidade que nós queremos descubrir tamén ao cliente.
Sae rentable ter tanto viño en carta?
Certo que hai hostaleiros que prefiren unha carta curta porque te arriscas a ter mercaduría parada, e iso é un problema sobre todo nos brancos polas añadas dado que son viños xóvenes. Sabemos que para unha carta como a nosa hai que mover moito viño, pero iso tamén nos da un toque de distinción.
Algún proxecto en mente no local para un futuro próximo?
A curto prazo non, seguir como estamos e mantendo ante todo a líña de calidade.


A RECEITA: Lubina á brasa
Outra imaxe do que foi primeiro comedor do local coa barra ao fondo

  • Ingredentes para 4 personas: Lubina de 1,5 kg., 400 gramos de patacas, allo, pirixel, sal en escamas, aceite virxe extra.
  • Limpamos e abrimos a lubina fresca, recén chegada e colocámola directamente na parrilla, a cal debe ter a altura suficiente sobre a brasa para que o peixe se faga lento (15 minutos)
  • Aliñamos con allo picado, pirixel, sal en escamas e un chorro xeneroso de aceite virxe extra.
  • Cando o lubina está dorada por un lado dámoshe a volta e repetimos o aliño.
  • É importante ir aliñando en repetidas ocasións durante o preceso de asado.
  • Mentras, nunha ola aparte cociñamos as patacas ao vapor.
  • Presentamos ben quente e acompañado por una ensalada da horta con bo aliño.
  • Por recomendación da casa acompañamos para beber un branco Rías Baixas (monovarietal albariño) servido no seu punto de frescor.

Para saber máis do Muiño da Chanca pincha no seguinte enlace: 
 Para contacto e reservas: 
teléfono 986 745 093; mchanca@hotmail.com



sábado, 14 de febrero de 2015

conversas.com
José Sineiro Domínguez
Coleccionista de antigüedades

José Sineiro Domínguez
La caza y las antigüedades son las dos pasiones de José Sineiro Domínguez, meañés que regenta en el centro de Dena un estanco propiedad de la familia desde hace generaciones, tanto que el establecimiento está considerado uno de los más antiguos de toda la comarca de O Salnés. Pero en realidad el establecimiento es algo más que un estanco al uso porque, a poco que el cliente detiene sus ojos en el interior, puede descubrir una variopinta colección de antigüedades que José Sineiro, gran apasionado de este mundo, ha ido consiguiendo a lo largo de los últimos 30 años. Desde un molde prehistórico para la confección de hachas encontrado en Dena, hasta diversas lámparas de quinqué -algunas de gran tamaño-, pasando por tallas de madera, hachas neolíticas en piedra pulida, antiguos faroles de estación de ferrocarril, una escafandra e inicios del siglo XX o una máquina registradora de los año 30, entre otras piezas, completan el particular paisaje interior.

“CONSERVO UN ARCHIVO FAMILIAR CON 700 DOCUMENTOS QUE SE REMONTAN AL SIGLO XV”

José Sineiro entre algunas piezas de su colección
¿Cuándo y cómo empieza su pasión por el mundo de las antigüedades?
Fue a finales de los años 70 del siglo pasado cuando descubrí en casa una maleta llena de documentos antiguos, lo que venía a ser el legado de un amplio archivo familiar desde generaciones atrás. En ella debía haber unos 700 documentos de varios siglos atrás, muchos la mar de curiosos y de gran interés histórico.
¿A cuándo se remontan los más antiguos?
Al año 1400 y pico, esto es, en pleno siglo XV
¿Cuáles son los documentos más curiosos de ese archivo?
Hay varios. Los hay muy antiguos que hablan ya de la pesca de la lamprea en la zona de Padrón, otros que son expedientes del tabaco de contrabando del año 1800 y pico, otros que apuntan las directrices para la elaboración del catastro del marqués de la Ensenada, los hay que hablan de la Guerra de Independencia, uno de 1912 que es una autorización de la delegación del gobierno en la que concede permiso a un vecino de Dena para disponer de un vehículo tirado por caballos a modo de diligencia para el transporte de personas… Incluso hay alguno muy antiguo habla de la contaminación en Dena…
¿De la contaminación?
Sí, porque hace más de un siglo algunos vecinos de Dena con propiedades cerca de las telleiras, que por entonces había muchas en la zona, se quejaban por las molestias que causaba el humo cada vez que se hacía una hornada. El conflicto se solventó con un acuerdo, de ahí el documento, por el cual los dueños de las telleiras se comprometían a darle a los vecinos una cierta cantidad de tejas por hornada a modo de compensación por las molestias o el daño causado.
¿Y usted los ha leído todos?
He leído buena parte de ellos, otros es imposible descifrarlos dada la dificultad de entender la letra. Algunos historiadores que han sabido de este archivo se han acercado por aquí  a lo largo de esto años para investigar.

Hachas neolíticas encontradas en en Meaño y que integran la colección
¿Y cómo da usted el salto a las piezas antiguas?
Fue algo más tarde cuando un vecino de O Castro en Dena, sabedor de mi afición, me trajo una piedra que en realidad era un molde para fabricar hachas antiguas, pieza cuyo hallazgo comuniqué a la Universidad de Santiago y un equipo dirigido por Beatriz Comendado Rey la estudió y la dató entre el III y II milenio a. C. Ello acrecentó más todavía mi pasión por este mundillo.
¿Cuántas piezas posee en la actualidad?
No sabría calcular… algo más de medio centenar, unas 60… quizás 70, no sabría precisar.
¿Cómo las consigue?
Algunas las he comprado en anticuarios, otras me las han regalado, también he hecho algunos cambios con otra gente aficionada al mundillo, incluso las hay que han llegado a mis manos por casualidades.
¿Qué piezas resaltaría de su colección?
Las hay muy variadas: una talla del siglo XV que es una Anunciación en madera que conseguí en Pontecaldelas; una escafandra de inicios del siglo XX “Siebe Gorman”, que fue inventor de las escafandras, y que me hice con ella O Grove; dos sulfatadoras de 1910, una antigua bitácora perteneciente a un barco que encalló en nuestras costas hace un siglo; una cafetera de bar de 1930 con la que di en Villafranca del Bierzo; una cómoda de sacristía policromada del siglo XVII; varias lámparas de quinqué, algunas hachas de piedra prehistóricas que aparecieron en O Couto, Chan do Monte y algunos otros lugares de nuestra zona…

Cafetera de bar del año 1930
La escafandra Siebe Gorman de la colección




















¿Tienen valor económico o es meramente sentimental?
No, todas son piezas de valor sentimental porque, en realidad, su valor económico es bajo.
¿Y qué piensa hacer usted con esta colección en el futuro?
Quedará en casa a modo de archivo o colección familiar.
¿Alguna pieza que recuerda de manera especial con la que quiso hacerse pero que no pudo?
Sí, hubo alguna, pero no se puede decir…

Mueble de sacristía policromado del siglo XVII
¿Por alguna razón no se pudo hacer con ella?
Simplemente porque pedían más dinero del que yo podía disponer para estas cosas.
¿Qué opinión le merece a usted el cuidado por el mundo de las antigüedades y, por extensión, del patrimonio en Meaño?
En Meaño como en otros concello hace 40 o 50 años había un abandono total de todo este mundillo. Cierto que en las últimas décadas las administraciones se han preocupado más y se ha progresado mucho, no hay más que ver recuperaciones como las que se están llevando a cabo en los castros de Besomaño en Ribadumia, o Alobre en Vilagarcía… es un trabajo fantástico para la recuperación del pasado, digno de ver.
¿Echa usted en falta alguna actuación similar en Meaño?
Por supuesto que sí. En Meaño hay sitios sin excavar que serían de gran interés.

Una de la varias lámparas de quinqué de la muestra
¿Alguna zona en concreto?
El monte de San Cibrán en Cobas donde se sabe que hay un antiguo castro, el monte de O Castro en Dena, que fue donde apareció el molde de hacha que tengo en mi colección. De hecho, cuando se construyó en esta zona el cementerio nuevo me consta que aparecieron ahí algunas piezas de época prehistórica, probablemente de un castro que existe en esa zona. También se habla de un monte de O Castro en Xil… Disponer de un yacimiento de este tipo sería además un aliciente más para el turismo y una forma de atraer visitantes a nuestro municipio.
¿Alguna otra actuación que echa en falta?
Sí, me gustaría que se creara un museo, si no a nivel municipal, sí cuando menos a nivel comarcal, para albergar este tipo de piezas. Creo que sería de gran interés para la Mancomunidade contar con un museo etnográfico y que aportaría mucho valor a la comarca. Hace años lo llegué a comentar con Jorge Domínguez, que entonces era también presidente de la Mancomunidade, pero no vi interés. Mas nunca es tarde para una iniciativa de este tipo, creo que debería valorarse.