sábado, 20 de mayo de 2017

Unión Dena temporada 2016-17. Ascenso a Primera Autonómica
El Unión Dena acaba de de conseguir el ascenso que le devuelve a la Primera Autonómica. Lo hace tan sólo un año después de haber bajado y en una efeméride histórica, la del 70 aniversario del club. El equipo que dirige Isidro Barbeito certificó el logro en la penúltima jornada, tras empatar con el Zacande, rival directo por la plaza, en un abarrotado campo de As Cachizas que, con más de un millar de espectadores, registró, de largo, su mejor entrada de la temporada.

UNIÓN DENA: QUE 70 AÑOS NO ES NADA...! 

1947, la señorita Esther hace el saque de honor en la inaguración
del campo de Torres en Coirón
Corría el año 1947 cuando en plena posguerra, y con el país sumido en las carestías de los llamados “tempos da fame”, se fundaba el Unión Dena.  Su primer presidente -ya fallecido- fue Luciano Fariña “O Latoneiro”, que estaba acompañado en aquella primera directiva por vecinos de la localidad como Manuel Camiña -autor del himno del equipo y que luego acabó emigrando a Argentina- o Manuel Martínez.
1947, inauguración del campo de Torres con el párroco Peregrino Reboiras
El primer campo de fútbol que sirvió para que los jóvenes dieran sus primeras patadas al balón con la camiseta del Dena fue el conocido como “O Piñeiro de Torres” en Coirón, ubicado en una finca particular. A aquel partido de inauguración, del que todavía se conservan fotografías en algunos domicilios, acudió el sacerdote de la parroquia, Don Peregrino, quien bendijo en los prolegómenos el que era primer campo de fútbol del Dena. El encuentro, enfrentara a los locales, capitaneados por Tito “de Concha” -el jugador más importante de los primeros años del club-, contra un equipo pontevedrés.
El Dena mantuvo su actividad hasta la temporada 1956-57, en que desapareció temporalmente. La recuperó en 1966, año que marcó el comienzo de una fase transición, condicionada por el éxodo, por cuanto el equipo juega hasta 1969 en el campo del Vilalonga. Por aquel entonces integran la plantilla jugadores como Sito, Guillermo, Servando, Manolo “O Laberco”, Luis “O Caldereiro”, Antonio “O Panadeiro”, Mario, Sayar, Pepe “de Cándido”, Pepe “O Poceiro”, o Chico “O Cacharulo”, y lo dirigía desde el banquillo el cambadés Millán.

1967, el Unión Dena en sus años de exilio en Vilalonga
El Dena jugó en Vilalonga durante tres temporadas hasta que en 1970 se construyó el campo de fútbol de As Cachizas, con Manuel Martínez de presidente. El club se hiciera con los terrenos merced a las aportaciones de sus socios, algunos de los cuales llegaron a aportar hasta 10.000 pesetas, cifra nada nada desdeñable en esos años. El primer partido que acogió As Cachizas fue un choque de juveniles que enfrentó al Unión Dena y al Ribadumia, y en el que los visitantes se impusieron por un contundente 1-4. Se iniciaba así la etapa de la consolidación.

Formación del Dena a finales de los años 60
Disponiendo de campo propio -es de los pocos de la comarca que son propiedad exclusiva de un club deportivo-, el Dena mantiene ya desde entonces la continuidad con varios equipos en competición federada y conoce algunos de sus mejores años. Los mayores éxitos le llegaron a finales de los 80 e inicios de los 90. Así, al final de la temporada 1988-89, con Toñín como entrenador y Sebastián Pita en la presidencia, el Dena asciende por primera vez en su historia a la Primera Regional. Otro de los momentos que quedaron para la recuerdo fue el acaecido el 17 de julio de 1988, cuando se proclama campeón de la Copa Federación al imponerse al San Miguel por 2-0 en la final disputada en el campo San Pedro de Vilalonga.
Ya en la historia reciente el Unión Dena consigue el ascenso la Primera Autonómica al final de la campaña 1999-2000, con Enrique Jiménez como técnico y García Moldes en la presidencia, y con un plantel que entonces integraban jugadores como Martín Otero, Gerardo, Capilla, Casimiro, Pichi, Carlos Rey, Darío o Domi entre otros. Pasó efímero, por cuanto al final de la campaña regresa a segunda.

1976, Equipo del Unión Dena (con Telmo Martín de portero)
No fue hasta la temporada 2013-14 que retorna de nuevo a la Primera Autonómica, ascenso que logra con el grovense Alfredo Ochoa en el banco y el ya actual presidente José Castro al frente de la entidad. No obstante, los malos resultados provocan la dimisión de Ochoa a las pocas jornadas y su relevo es asumido por Fernando Otero. El Unión Dena se mantiene en la categoría tres temporadas, bajando al final de la 2015-16, durante la que los malos resultados provocan el relevo en el banco, con un Isidro Barbeito que toma el relevo de Fernando Otero pero que no puede evitar el descalabro. No obstante, la confianza en el técnico es plena y bajo su dirección el equipo retorna ahora a Primera Autonómica en su 70 aniversario. El otro gran logro de la última década viene dado por la apuesta de lleno por la cantera, hasta el punto de que el club cuenta desde hace unos años con equipos en todas las categorías.


Equipo del Dena en 1984
El paso que se impone ahora es la designación del nuevo presidente por cuanto José Castro Cousido, que se había avenido a prorrogar su mandato al final de la pasada temporada ante el vacío de poder generado porque nadie quería asumir las riendas del club, se muestra, ahora sí, decidido a hacerse a un lado. El club deberá dar pues con la nueva cabeza visible que comande la nave en su nuevo periplo en Primera Autonómica.


      GALERÍA DE FOTOS      


1947, en el campo de Torres en Coirón


Otra imagen del partido inagural en el campo de Torres


Otra formación del Dena a finales de los años 60


Equipo del Dena en 1968


Plantilla del Dena en 1988 en un torneo de verano



sábado, 13 de mayo de 2017

hemoroteca 

Ver para crer. En 1997 dabamos cunha historia tan real como emotiva: a dun veciño da comarca saliniese que coas súas propias mans construía un avión na súa casa de Ribadumia. Publicabámola en FARO DE VIGO o 9 de febreiro de 1997. E damos fe que, uns anos despois, surcaba o ceo con ese aeroplano. Vinte anos desta historia é unha boa efemérime para rescatala a traela hoxe ao noso particular Ventanuco.
Fotos: José Luiz Oubiña

UN VECINO DE RIBADUMIA CONSTRUYE UN AVIÓN EN SU CASA


José Carlos Martínez trabajando en su avión

“Voar é unha sensación agradable, que me produce pracer, porque chega un momento en que o avión convértese nunha extensión do meu propio corpo no aire, un aire que é como a estrada, non hai dous días que estea igual”.  Para José Carlos Martínez Barreiro volar ha sido desde chaval su verdadera pasión.
Este joven nació hace 31 años en el concello arousano de Ribadumia, donde sigue residiendo actualmente en casa de sus padres, Desde las navidades del 94 José Carlos trabaja en lo que  es su gran proyecto: construir con sus propias manos un avión con el que poder volar, algo que semeja tener visos de fantasía y que parece trasladarnos hasta los mismos límites de la realidad.
José Carlos es una persona discreta que procura eludir los protagonismos.  Lo pudimos descubrir en su propia casa, una vivienda que, según reza en la piedra de su fachada, “hízola Blas de Pazos año de 1714”. Nos recibe con cierta tiimidez, pero empieza a soltarse cuando nos introduce en su taller y empezamos a departir sobre lo que es su particular mundo,  el de la aviación. La pasión por volar le surge a nuestro protagonista con apenas 18 años, siendo un estudiante de COU en el instituto de Cambados. “Foi daquela cando caíu nas miñas mans un libro desos de iniciación ó aeromodelismo -recuerda- ; empecei a curiosear nel y rematei construindo as miñas primeiras maquetas, como tanta xente”.

Quería ser piloto
José Carlos Martínez muestra una maqueta de su Jodel D-92
Pronto le asaltó la idea de convertirse en piloto, y ese mismo año, al finalizar los estudios de C.O.U. se presentó a los exámenes de la Academia General del Aire. Aunque superó con holgura las prubas teóricas y los reconocimientos médicos, no pudo hacer lo mismo con las pruebas físicas donde la natación le cerró el acceso. “Aquel día atopeime mal na auga -señala-. Tiñamos que percorrer 50 metros en 1,01 e eu fíxeno en 1,12. Saín fatal da piscina, e coido que ata vomitei algo”. Admite que ello le supuso un golpe en sus aspiraciones “pero o xusto, o que se pode levar nunha oposición onde para 45 prazas se presentan 3.000 tíos”.
Mas su propósito no quedó ahí. No pudiendo acceder a la Academia del Aire optó por aprender a volar en ultraligeros y con 20 años hace sus primeros pinitos en el desaparecido aeródromo de A Lanzada, logrando conseguir su carnet para esta modalidad. Fue precisamente en esos años cuando comenzó a soñar con la posibilidad de construir este avión.
“A idea de face-lo meu propio avión na casa é algo que non xurde de repente, senón que aparece pouco a pouco, cando ves a alguén cun aparato que voa alá arriba e logo ao baixar resulta que che conta que o fixo el mesmo” “Tamén coñecía desos casos en revistas e libros especializados. Lembro que cando lía que fulanito de tal fixera un avión el mesmo, que lle levara cinco anos, 4.000 horas de traballo e non sei que máis, eu quedaba alucinado. E logo vías que non era un profesional senon que era un simple aficionado. Eu non mo acababa de crer”.
Por aquella época José Carlos mantiene contacto con una asociación de reciente creación en España que agrupaba a constructores  aficionados de aviones. A través de ella consigue la dirección de una empresa en Francia para adquirir unos planos.  Al poco tiempo le llegaran por correo tras abonar 350 francos por su compra -unas 7.000 pesetas por esos años-. Los planos solicitados pertenecían a un modelo Jodel D-92, un avión diseñado en 1948, muy reconocido en Francia y en el resto de Europa y sobre el que José Carlos tenía ya poseía suficiente información. Era el año 87.
Admite que no los comprara con la intención de construir el aparato, “eu mercáraos para acabarme de crer o que era aquelo, se se podía ou non facer na casa como tiña lido. Ademais daquela non tiña posibilidades reais para construilo. Non se  me pasaba nin pola testa”.  Pero con el tiempo comienza a estudiarlos en profundidad y en el verano del 93, sin tener nada todavía decidido, visita Francia “porque este país é un mundo aparte no tema da aviación”. Allí acude a una reunión donde constructores aficionados de toda Europa mostraban los modelos creados por ellos mismos. “Non me bastaba con lelo nas revistas e nos libros, tiña que ver cos meus ollos a un desos tíos, con dúas mans e dous pes, baixar dun avión feito por él para acabar de crerme que aquelo era posible”.
En el verano de 1994 nuestro protagonista  vuelve a Francia “xa co bichiño no corpo” y entra en contacto con una asociación a nivel europeo de constructores aficionados, la “Reseau de  l´Sport de  l´Aire” (R.S.A.), una entidad que ofrece cursos orientación y asesoramiento a constructores aficionados. José Carlos empieza a creerse entonces que su sueño era posible. 

Un hangar en casa     
Con el ala traseta del avión en el hangar de su casa
Así en las navidades de ese mismo año decide dar el paso. “Cando me puxen a elo xa me coñecía os planos de memoria e tiña reflexionado moito sobre cada peza”, admite. Comienza entonces la construcción de su particular hangar en el alpendre de su casa, obra que le llevó 8 meses, y el 24 de mayo del 95 solicita el permiso a la Dirección General de Aviación Civil para construir su Jodel D-92. Ocho meses después recibe una autorización provisional en espera de inspección. Apenas unas semanas más tarde lo visita un ingeniero de Aire que evalúa el proyecto y a la persona que lo pretende realizar, tras lo cual le conceden  la licencia definitiva.
Con los papeles ya en regla José Carlos trabaja de lleno en lo que se ha convertido en una verdadera pasión. Su Jodel D-92 es un avión monoplaza, todo él fabricado en madera, con 7 metros de envergadura -la distancia entre ambos extremos del ala-, 5,50 metros de longitud, un peso de 170-190 kilos, y que alcanzará una velocidad de crucero de 130 kms hora y una máxima de 160. Dispondrá de dos depósitos de combustible, de 25 y 35 litros, que le servirán para recorrer 800 kms más 1 hora de reserva. Nuestro protagonista quedara impresionado por un avión como éste en una de sus visitas a Francia, “cando  vin a un mozo de 30 anos pilotando un modelo igual, feito facía 36 anos, e permitíase incluso realizar acrobacias con él”. Cuando su avión salga a la pista hará el número 778 de este modelo en todo el mundo.        
A la familia le sorprendió la decisión “pero xa sabían da miña afición. En realidade, calquera que me coñecera un pouco podería pensar que tiña que rematar así. Non creo que os meus pais sintan inquietude porque eu voe, é algo que xa veño facendo dende fai anos e están acostumados”.  Sobre lo que le dicen sus amigos admite que procura evitar el tema “porque para min e unha cousa bastante íntima”. De hecho nos confiesa que sus compañeros de trabajo en el Hospital Provincial, donde ejerce de administrativo, no saben nada del proyecto que se trae entre manos. “Cando lle contas a alguén que estás construindo un avión na casa hai miradas raras, como se non o acabaran de crer ou preguntándose se estarei ben da testa”.

Motor de "Escarabajo"
Un Jodel D-92 como el construido por nuestro protagonista
Pero lo cierto es que la pasión le engancha. “Teño o avión á beira da cama. Hai domingos que baixo a por un destornillador e pásome catro horas dentro do taller como nada”. El trabajo debe ser en todo momento minucioso y milimetrado en cada pieza que construye “non só para pasa-las inspeccións correspondentes senón para logo voar e estar seguro no aire. Por eso é moi importante que as solucións que vaias dando sexan correctas e fiables. En cada peza hai un compoñente grande de reflexión, incluso pensando no punto de vista psicolóxico xa que todo debe estar supercontrolado para logo subir ahí arriba e voar tranquilo”.
A estas alturas José Carlos tiene fabricadas ya todas las piezas del ala y de la parte trasera. Empleó en ello maderas pino de Oregón, y en las partes duras haya y contrachapado de abedul de Finlandia. Algunas las consiguió, después de mucho buscar, en talleres de la provincia, pero otras muy específicas tuvo que adquirilas en Madrid o en Francia. En este momento está pendiente de una segunda inspección para cerrar los volúmenes y ponerse a trabajar el fuselaje. El motor será de la casa alemana Volkswagen adaptado de uno de sus vehículos modelo “escarabajo”. El color de que  pintará el avión no lo tiene todavía decidido, “quizáis llo darei a alguén que teña bo gusto para iso” admite.
Sea como fuere José Carlos, aunque no quiera admitirlo, se está gastando un pastón. “Costa o que unha boa moto” nos dice, pero nunca se preocupó de tratar de conseguir algún tipo de subvención “aínda que sei que hai compañeiros por ahí que se moven neso como peixe na auga, pero eu non me desenvolvo ben nese terreo”. Mientras tanto trabaja de lleno en su particular angar esperando poder volar en el verano del 98 “quizáis en Lugo ou ben preto de Valença en Portugal, onde están os aeródromos máis cercanos”. Además procura estar preparado para la gran ocasión y está ya quitando su carnet de piloto privado en el aeródromo de Lugo.
José Carlos Martínez quiere surcar el cielo con un avión construido íntegramente con sus manos. Nosotros, que lo hemos visto, que observamos las piezas que con tanta meticulosidad fabrica, que hemos conocido de su paciencia y pasión, estamos seguros de que lo conseguirá. Al más puro estilo de los hermanos Wright. Ver para creer.             



sábado, 6 de mayo de 2017

Unas 500 personas desafiaron al viento frío del norte y se dieron cita el pasado domingo 30 de abril en la Praza de Feira para presenciar el XXVI Festival de Bandas de de Música Meaño, que contó este año con las formaciones de Rianxo, Beade y Meaño, las tres referentes en la comunidad, no en vano, ganaron en la última década de alguna de las ediciones del Certame Galego. En total, más de 200 músicos sobre el escenario en representación de unas agrupaciones que, sumados sus socios, aglutinan a casi 700, en la mayoría padres que son hoy elemento esencial de la sostenibilidad de unas bandas que, con la ley en mano, no pueden ni repartir dinero alguno entre sus componentes.

MEAÑO CONGREGÓ A 500 MELÓMANOS 
EN SU FESTIVAL 

La Banda Unión Musical de Meaño en su desfile de presentación
La tarde fría y desapacible hizo que en el momento del desfile, a las cinco de la tarde, apenas sí unas 200 personas se apostaran en las aceras para aplaudir el paseíllo musical de cada banda a modo de presentación. Las autoridades evitaron esta vez balcón del consistorio y siguieron el momento a nivel de suelo. Luego, dentro de la carpa, fue subiendo el número hasta los 300 que cubrían la mitad del aforo de sillas en el momento del primer concierto. A ello siguió un goteo incesante que hizo que la cifra se elevara hasta los 500 cuando actuó Meaño, pero aún así lejos de las ediciones de mayor afluencia de este festival cuando los años 90.
Y eso que la organización repitió un esfuerzo encomiable disponiendo un escenario impecable, vestido para la ocasión con una decena de centros de flores y hasta olivos en maceteros, y sobre el que se habilitó una gran pantalla en la que se iban proyectando en directo imágenes del desfile de entrada de a la carpa, y primeros planos de los músicos en cada concierto, en aras a acercar al público la visión de un escenario elevado en el que no se divisaba más allá de la primera fila.

Banda de Música de Beade durante el desfile
Marco impropio
El evento puso en evidencia un año más la falta de un marco adecuado y las carencias en cuanto a comodidad, visibilidad y sonoridad que ofrece la carpa. Situación opuesta la de las bandas invitadas, Rianxo y Beade, que sí cuentan en sus localidades con auditorios que ofrecen esa posibilidad. Sus directores reconocían que realizar un festival de este calado bajo carpa resulta inusual: “sorprende que un lugar como Meaño -afirmaba Luis Alberto Collazo, director de Beade- con una banda que es desde hace año un referente en Galicia, y que cuenta con una escuela de música fantástica, no disponga de una instalación adecuada, no ya sólo para este evento, sino para los demás conciertos de su banda y la pujante actividad de su escuela”.

Sección de metal de la BUMM
Las bandas populares atraviesan hoy un momento de excelente salud, “porque hay más bandas y músicos que nunca -reconocía Rafael Collazo, director de Rianxo-, y en su mayoría muy jóvenes y con una excelente preparación”. No en vano ayer la media de edad de los componentes de las tres bandas era de tano sólo 17 años, y se estimaba que entorno al 40 por ciento de ellos o habían acabado o estaban completando su formación bandística con estudios oficiales en conservatorio.
No obstante, las bandas también viven un momento de grandes dificultades. Diego Javier Lorente, director de la banda de Meaño, apuntaba hacia la dispersión de la población en el rural “porque en Meaño aunamos músicos de localidades dispersas en un radio de unos 8 kilómetros y es difícil cuadrar horarios”, mientras que Luis Alberto González (Beade), enfatizaba en la dificultad de “tener cerca una ciudad como Vigo con una oferta de ocio muy grande que tira mucho de los jóvenes, lo que nosotros tratamos de contrarrestar con actividades, campamentos y excursiones para atraer a los chavales a la banda”.

Dificultades
Sección de viento madrra de la BUMM
Pero de entre todas las dificultades los tres coincidían en una: la económica. “La crisis -apunta Rafael Collazo- supuso un recorte brutal de las subvenciones, hasta el extremo de que desaparecieron por completo las destinadas a bandas y a escuelas de música”. Luis Alberto González precisaba que “en Beade hemos dejado de percibir en torno a 5.000 euros de subvenciones que nos llegaban cada año de la Xunta o mismo de la Diputación a través de su Certamen Provincial que hace años dejó de organizarse”. “Así las cosas -añade- subsistir resulta complicado, y en las bandas se está tirando para adelante gracias al sacrificio y al esfuerzo ímprobo de los padres, porque sin ellos, en el momento actual, todo el mundo y la cultura que emana de las bandas populares se iría al traste”. 


sábado, 29 de abril de 2017

Cualquier tratado de geografía al uso refiere que las Rías Baixas comprenden un total seis rías -si incluimos Aldán- que se extienden entre la frontera portuguesa y el cabo de Finisterre. Sin embargo, algunos meañeses reivindican una séptima, la de Dena, en un tramo costero donde la desembocadura del río Chanca conforma una ensenada que algunas cartas náuticas reflejan como ría de Dena. Ello recuerda que Meaño, tenido por muchos como municipio de interior, en realidad dispone de una fachada costera que a lo largo de unos 1.500 metros recorre por poniente la localidad de Dena, y en cuyo extremo sur se abre esta bocana a modo de ría que los vecinos claman por regenerar.

LA RÍA DE DENA, ENTRE EL ESCOMBRO Y EL OLVIDO

Imagen de la ría de Dena con la marea baja y la isla de A Toxa al fondo
“En los años que trabajé embarcado -refiere un antiguo marino de Dena, hoy jubilado- pisé tierra en 37 países diferentes. Era el año 1973 o 74, y recuerdo bien cuando el capitán del buque finés Norrö, un gasero en el que estuve enrolado, cuando estábamos por las Bahamas se interesó por si de donde yo era había mar. Cuando se lo confirmé, buscó y unos días después me mostró en su carta náutica como esta zona figuraba con el nombre de ría de Dena”. “En este punto del río -continúa explicando a pie del puente de A Chanca-, cuando la marea alta es viva, el mar se adentra a través de la ría por el curso bajo del Chanca y la marea supera la PO 550, algo que muy poca gente sabe, excepto los que nos movemos en esta zona”.
A lo largo de esta fachada el tramo costero de Dena está salpicado de depósitos y vertidos que contribuyen a la mala calidad de sus aguas, los malos olores y a una imagen de semi abandono. En los años 90 e inicios de este siglo varios proyectos trataron de regenerar esta ría, pero al final la zona hubo de conformarse con una remodelación del área recreativa de Os Pasales más la reciente construcción de un pequeño sendero en zarzo que la vegetación amenaza con invadir a cada paso. Ni en los programas políticos de los partidos en las últimas municipales aparecía referencia expresa a la puesta en valor de este espacio protegido, de gran riqueza natural, no en vano forma parte del complejo intermareal Umia-O Grove, incluido en la Lista de Humedales de Importancia Internacional (Humedal RAMSAR), Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y Espacio Natural en Régimen de Protección General.

Una tubería que conectada directamente en la ría
Focos de vertido
Acompañados por el presidente de la asociación de vecinos de Dena, Nemesio Viñas, recorremos la zona. Durante el trayecto, con la marea baja -y el que nos encontramos con el anterior presidente del colectivo vecinal, Cesáreo Besada- advertimos en la orilla zonas de aguas turbias, limos, botellas de plástico, escombros de obra, restos de una tubería plástica, la carcasa de una vieja rueda de camión, fragmentos sueltos de batea, un depósito de caolín de una antigua baldosera e incluso una tubería de hormigón que vierte directa al mar. “Siendo yo un chaval -rememora el Nemesio Viñas-, cuando la marea estaba alta, nos bañábamos en estas aguas, y aquí se pescaban sollas, anguilas y chopos… hoy cualquier cosa de estas resulta impensable, esta ría de Dena perdió su riqueza y se asemeja más a un estercolero”.


El depósito de caolin de uan vieja baldosera se sigue vertiendo al mar
En el límite sur, próximo a Vilalonga, en las inmediaciones de la EDAR de Os Pasales nos muestra el que entiende como uno de los problemas: “a este punto -explica- vienen a parar todas la aguas residuales de Meaño, Castrelo y Vilalonga. Cuando se satura en invierno, con las pluviales que llegan a la red de residuales, sospechamos que se abren compuertas… y el olor, como mismo ahora estamos percibiendo con la marea baja, en pestilente”. “Visitar esta zona -añade- no resulta agradable en estos días, y quienes más lo sufren son los vecinos que viven en las inmediaciones”.
El presidente del colectivo vecinal incide en dos puntos más: el depósito de caolín de una vieja baldosera, “un montículo artificial del que el mar está arrastrando restos de manera continua, sin que se haya hecho nada por retirarlo o construirle una escollera”; y la vieja telleira de Noya “símbolo de Dena, que se rehabilitó con dinero público y que luego se cerró para disfrute privado”

Oposición     
Un fragmento de batea a la deriva en la ría de Dena
“Lo que primero para regenerar la zona es recuperar la calidad de sus aguas, y eso sólo cabe afrontarlo dentro de un proyecto conjunto que afecte a toda la ría de Arousa, algo que compete a la Xunta, y por eso el grupo socialista ya elevó en su día en este sentido una petición formal al gobierno gallego”. Así se manifiesta, cuando se le pregunta sobre el particular, la portavoz de PSOE meañés Icía García, que de seguido propone: “una vez recuperada la calidad del agua podría afrontarse un proyecto integral para atraer visitantes, involucrando en él a los concellos de Sanxenxo, Meaño y Cambados, que comparten este espacio, con el objeto de crear una senda verde desde Vilalonga, subiendo por Dena y Castrelo hasta la desembocadura del Umia”.
Por su parte José Manuel Aspérez (Meaño Independente) lamenta que “la ría de Dena, llamada a ser uno de los emblemas paisajísticos del municipio, la tengamos hoy que esconder, porque da una imagen penosa. Actuar en esta zona, para su puesta en valor, debería ser algo prioritario”.

La vieja telleira de Noya, símbolo de Dena en plena costa
Proyectos frustrados
A mediados de los años 90, en plena fiebre de los paseos marítimos, el entonces alcalde Jorge Domínguez concibiera la creación de uno para la costa de Dena. Era un proyecto de 1,23 millones de euros (205 millones de entonces), para el que Costas comprometió 1,08 millones, y el concello los 150.000 euros restantes. El mismo contemplaba la retirada del referido depósito de caolín más un paseo a lo largo de la ribera, con tres zonas de esparcimiento. Aquel proyecto se aprobó e incluso se adjudicó la primera fase de la obra a la firma coruñesa Arias Hermanos.
Pero todo se cruzó cuando tres propietarios -alguno de ellos con mucha superficie afectada- no aceptaron el precio de compra propuesto. Cierto que con uno de ellos, el empresario de Dena José Touriño, Domínguez llegó a formalizar un acuerdo verbal que permitía al concello hacerse de paso con una vieja fábrica de cerámica, situada en el extremo norte, que funcionó en su día como secadero de madera, con la intención de reconstruirla y habilitar en ella un centro para la tercera edad. Pero los otros dos afectados no cedieron. Ello y la negativa de Costas en Madrid a declarar dichos terrenos de urgente ocupación dio la puntilla a la expropiación y con ello a un proyecto que desde entonces pasó a dormitar en un cajón de la administración central, quedando definitivamente olvidado a finales de los 90.

El acceso a la telleira fue cerrado por un muro
No obstante, el concello se propuso actuar en la zona y en 1999 invirtió los 150.000 euros comprometidos. Buena parte de aquel dinero se destinó a la rehabilitación de la conocida como telleira de Noya o de Os Seixiños. La construcción, todo un símbolo para Dena, fue recuperada, recubriendo su interior con un líquido especial de aluminio, y remodelando su exterior, por el que se construyó una escalera de acceso a la parte superior con el objeto de que ese punto actuara como mirador sobre la ría y observatorio de aves. Pero la actuación en la vieja telleira, acometida con fondos municipales, se hizo sin asegurarse el gobierno local su posterior utilidad pública por lo que al poco de ser remodelada, su propietario, cerró al acceso, y hoy su disfrute es exclusivamente privado.

Aves en la ría de Dena, considerada zona de especial protección
Otros proyectos aparcados fueron la posibilidad de regenerar la ribera para ganar un tramo de playa en Dena, o el de construir unas piscinas naturales sobre una parcela adquirida por el concello a pie de costa entre Seixiños y Os Pasales, con una zona de césped en talud con leve caída hacia el mar. Pero también estos, concebidos a inicios de este siglo, se convirtieron en quimera. Desde entonces la administración local empezó a evitar esta ría de Dena que hoy parece dormitar entre el escombro y el olvido.

sábado, 15 de abril de 2017

El “muiño do Crego” en Quintáns, uno de los emblemas de la ruta de los molinos de Lores, recuperado y convertido en aula didáctica y museo etnográfico por su dueño, se dispone a cerrar sus puertas forzado por las trabas que la normativa de Augas de Galicia le impone para que el agua del río Chanca entre por su canal, y permita las demostraciones de molienda tradicional que su propietario brindaba de manera altruista a escolares, campamentos y cuanto grupo de organizado se la demandaba. 
Fotos: Rafael Dovalo

EL “MUIÑO DO CREGO”, EMBLEMA DE LA RUTA MEAÑESA, ABOCADO AL CIERRE 

Exterior del "muiño do Crego" en Quintáns
Del viejo molino de Quintáns, o de “O Crego”, se tiene constancia documental desde el año 1752 en que el catastro del Marqués de la Ensenada lo recoge en su relación, atribuyendo su propiedad a José Gómez Presbítero. Desde siempre se sirvió para la molienda del agua de prorrateo del río Chanca, de la que también se conserva constancia documental fehaciente.
Cuando en 1999-2000, dentro del proyecto obradoiro "A Segorella", concello y Diputación empiezan a acometer las obras de construcción de la senda fluvial con la recuperación de los viejos molinos, su propietario actual, Pablo Dovalo, invirtió en él tiempo y dinero, sin ayuda pública alguna, tanto que, de hecho, fue el primer molino recuperado en toda la ruta. Su pasión por el mundillo le llevó a convertirlo en un aula-museo didáctica que se enorgullecía en mostrar en cuantos se lo demandaban, sin percibir dinero alguno por las visitas.
Ahora Augas de Galicia se dispone a dar al traste con la pasión de este meañés. “El pasado mes de octubre -explica Dovalo- recibí una comunicación de Augas de Galicia por la que, según una normativa del año 2009, por utilizar el agua para el molino se me exige el pago de un canon de 214 euros. Pero no sólo eso, sino que, para que se me autorice a dicho uso, me obligan a presentar un proyecto de un ingeniero sobre el molino, estipulando entre otros aspectos, el caudal que entra por el canal de acceso, habilitar un contador de entrada más otro de salida del agua, y otros requisitos, a los que no estoy dispuesto”. “Podría -agrega- atreverme con la tasa, pero no con el proyecto porque su coste supera los 2.000 euros”.

Un grupo de turistas sobre el canal de acceso del agua al molino
Dovalo entiende que el suyo es un caso único: “no existe ningún otro precedente en la provincia de Pontevedra de un molino que haya recibido una comunicación similar”. En su escrito Augas de Galicia le advierte además que, de seguir haciendo uso indebido del agua, se expone a una sanción “de entre 5.000 y 20.000 euros”. Es por ello que el propietario se ve abocado a cerrarlo “no me queda otra -lamenta- y, llegado el caso, tendré que desmantelar las piezas porque no estoy dispuesto a que me las roben”.

Último recurso
La situación podría afectar a otros molinos en la comarca que usan el agua de río para demostraciones de molienda tradicional. Mismo en Meaño, apenas unos metros más abajo, se encuentra el de “Entremuiños”, en la actualidad propiedad del concello, que organiza en él demostraciones de molienda tradicional para grupos organizados, lo mismo que en Ribadumia los molinos de Batán o el de Chantada, entre otros. Pero Dovalo insiste: “soy conocedor del mundillo porque formo parte de la asociación Amigos dos Muiños, y ninguno de los asociados ha recibido esta comunicación. Mi caso -añade- es una injusticia manifiesta o una persecución, alguien tiene que explicármelo”.

Cortina de agua en el exterior
Dovalo presentó en su descargo un pliego de alegaciones que le fueron denegadas. Su último asidero es el concello de Meaño y la Mancomunidade do Salnés: “cuando los ayuntamientos están acometiendo la reconstrucción los molinos de río -explica- no están solicitando la gestión del agua, y ellos mismos están en idéntica situación a la mía, también están incumpliendo la norma”. Con tal motivo acaba de presentar por registro en el concello de Meaño un escrito en el que solicita que las administraciones locales demanden a la Xunta la exención del canon del agua “a los molinos que, como el mío, funcionan como aulas didácticas o etnográficas, y donde no se cobra entrada alguna a los visitantes, para mí tan sólo supone el orgullo de mostrarles una tradición tan arraigada en Galicia como era molienda de río”. Si ello no es posible Dovalo demanda, en su defecto que, cuando menos, “las administraciones locales colaboren mediante sus técnicos en la redacción de los proyectos que exige la normativa, de lo contrario molinos como el mío, si la ley se aplica a todos por igual, están abocados al cierre”.

Un molino con historias
Pablo Dovalo (tercero por la derecha) con un grupo tras una visita guiada
Cuando Pablo Dovalo volcó tiempo y dinero de su jubilación en su recuperación, el “muiño do Crego” era una construcción derruida e invadida por la maleza. Documentos del siglo XVIII referían que se abastecía del agua del río Lotar, que así era conocida la zona de fincas en que se enclava-. De José González Presbítero -que es el primer propietario del que se tienen noticias- el molino fue heredado a través de generaciones hasta el que a finales del XIX llegó a manos de Miguel Padín Laredo, “un cura sin cargo de parroquia -explica Pablo Dovalo- que era conocido como “O crego de Quintáns, de ahí el nombre del molino”. Existe constancia documental de venta en el año 1918 por un montante de 1.000 pesetas  -unos 6 euros de hoy-, "500 a abonar al contado y otras 500 a lo largo de un año". Dovalo heredó el viejo molino de su abuela cuando él contaba sólo tres años: “dicen que me lo dio -precisa- por la alegría de que yo era su primer nieto, y que me parecía a ella en la nariz”.

Vista de la entrada al viejo molino
“Este molino era de maquía -explica su propietario-, por lo que el molinero se quedaba con una parte del grano, en torno a 2 kg. por cada 20, lo que era para él un medio de vida”. Hasta aquí bajaban gentes de Meaño, Lores, Simes, Nantes, Dorrón y Bordóns “porque era un molino rápido por podía moler unos 20 kg por hora”. “Tengo referencias -añade Pablo Dovalo-, tanto escritas como orales, de maquieros que trabajaron en él, caso de O Ferrolán, Ramón Lema y otros, siendo el último, en los años 70 e inicios de los 80 del pasado siglo en que el molino dejó de moler, un vecino de Lores conocido con el alias de O Xabeiro, que picaba las piedras cada 8 ó 15 días según el uso”. Dentro de este molino los maquieiros tenían hasta cocina y habitación. El mundo de los que pasaron por él está repleto de anécdotas, "las más sonadas asuntos de faldas -refiere Dovalo- y es que en los tempos da fame, en los que la harina era un bien preciado, algún maquieiro perdonaba la maquía a algunas mujeres a cambio de favores sexuales”. “Incluso me consta -agrega- que cierto maquieiro fue sorprendido aquí dentro, en pleno acto sexual, por sus hijos, que reaccionaron arrojando a la mujer al agua”. “U otro -añade- que, según la información que recabé, con 80 años cumplidos, concibió aquí dentro un hijo con una mujer de 40… Hay un sinfín de historias que encierra cada molino”.
En 2004 un grupo de 30 expertos internacionales visitaba este “muiño do Crego” y otros de la ruta en el marco de un “Simposio Internacional de Molinología”, alabando la labor realizada. Ahora todo ello amenaza con venirse abajo por una norma que, según denuncia el afectado, “sólo tiene afán recaudatorio, sin importarles si con ello se están cargando nuestro pasado y nuestra historia”.

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NOTA: Para ver un encuentro entrañable de vecinos en el interior de este molino 
pincha en el icono de play del seguiente vídeo




sábado, 8 de abril de 2017

Aunque desapercibido para muchos automovilistas y peatones cuando lo cruzan, el puente del Chanca en Dena, sobre el que e discurre la PO 550, ha sido en tiempo pretéritos lugar relacionado con la leyenda y mitos mágicos de la Galicia profunda. Y es que bajo este puente, donde se cruzan las aguas del río Chanca con las del regato de Fondón, y en cuyas inmediaciones existe un viejo cruceiro, era un enclave elegido para bautizos profilácticos o prenatales, un ritual que todavía pervive en la mente de los vecinos de más edad de la localidad meañesa de Dena.

UN PUENTE SOBRE AGUAS MÁGICAS

Las aguas del ríoc Chanca y Fondón se cruzan bajo este puente en Ponte-Dena
El bautizo profiláctico o prenatal era una práctica ritual de Galicia en tiempo ancestrales en que los partos, a falta de hospitales, se disponían en casa, sin asistencia médica y en condiciones higiénicas que dificultaban el éxito del alumbramiento, hasta el punto de, en ocasiones, acabar con la muerte de la madre o del recién nacido. El ritual se basaba en de una creencia vinculada al mundo de lo mágico y la superstición, como una llamada a salvar la vida de niño y madre, y por ello estaba indicado sobre todo para partos que se preveían complicados, o bien para madres que habían sufrido abortos o a las que sus hijos les morían a los pocos años de vida.
Dos eran las condiciones que debía cumplir el punto elegido: por una parte que, a modo de encrucijada, se juntaran en él agua de dos ríos; y, por otra, que contara con un cruceiro, a modo de elemento cristiano que contribuía a santificar el lugar. Ambos requisitos los reunía el puente de A Chanca, a la altura de Ponte-Dena, bajo en que confluyen las aguas del río Chanca, que baja de Armenteira, Simes y Lores, y las del regato de Fondón, arteria que, bajando de Xil, desemboca en este punto, justo bajo el puente. En la zona se eleva además un viejo cruceiro -enclavado en una parcela sobre la que hoy existe un restaurante-, en cuya de cruz se representa en el anverso una crucifixión, y en su reverso una  Virgen sobre peana, vestida con manto y coronada con un aura de divinidad, la cual porta en brazos el Niño que sostiene una pequeña bola del mundo. Un cruceiro cuya única razón de ser, no es en este caso un cruce de caminos, sino precisamente el encuentro del agua de dos ríos.

Vista superios del puente de A Chanca
El ritual mágico
Cuenta la leyenda, y así la refieren los vecinos, que el bautizo debía celebrarse, en los días previos al parto, justo en la medianoche. Momentos antes descendían hasta debajo del puente de A Chanca la pareja, con algún familiar cercano. A partir de esa hora bruja esperaban a que una persona se dispusiera a pasar sobre el puente. El primero en hacerlo era invitado a bajar hasta pie del agua (“home/muller de boa ventura, bautízame esta criatura!”) y a ejercer de padrino en el ritual del bautizo prenatal. Si la accedía se la instaba a no cruzar y regresar sobre sus pasos, mientras se esperaba a que pasara el siguiente para proceder de igual forma. “Pero si la persona hacía caso omiso y cruzaba el puente, el ritual ya no era válido esa noche, y debía aplazarse para volver en otra ocasión”.
Si el viandante aceptaba, bajaba a junto la familia y, con una concha de vieira que le facilitaban, debía tomar agua en el punto exacto del cruce entre ambos ríos, y verterla sobre el vientre de la embarazada al tiempo que refería: “eu bautízote no nome do Pai, do Fillo e do Espíritu Santo, se eres home Alberto -o el nombre que en su caso hubieran elegido los progenitores-; se eres muller, Alberta”, con atención a no acabar ninguno de los presentes con la palabra “amén”, de lo contrario se rompería el poder mágico del ritual. Todo ello en el más absoluto silencio, a la par que una persona vigilaba sobre puente porque, durante ese instante, “no podía pasar persona o animal alguno, de lo contrario invalidaría el bautizo”.


El viejo cruceiro que santtificaba en lugar
Acto seguido, se dejaba paso libre sobre el puente, mientras que abajo familia y padrinos compartían una cena. A su término era obligado, entre todos los comensales, tirar las sobras al río -haciéndolo de espaldas por encima de hombro, en pro de la buena fortuna-, y a continuación romper los platos y toda la loza en que fuera servida la cena. De hecho, un vecino de la zona, con una propiedad aledaña al puente, refiere como, cuando en los años 80 realizó obras en su finca, “justo a pie de río nos encontramos al cavar con numerosos pucheros y loza rota, sin duda restos de esos rituales ligados a los bautizos prenatales”.
Los ancianos de Dena refieren como este punto del puente de A Chanca era lugar al que acudían “no sólo vecinos del municipio de Meaño, sino también, de manera secreta, gente de toda la comarca, desde O Grove a Vilagarcía, y alguna muy instruida y de alta alcurnia”, en la creencia de que el ritual mágico de aquel bautizo protegería a madre de hijo del cualquier mal a la hora del parto. “Y no sólo el bautismo -refiere una vecina de Dena- sino que hasta aquí llegaban mujeres, de todas partes, con dificultad para concebir, para realizar a pie del cruce de ríos rituales mágicos”. “Recuerdo -continúa-, como siendo unos críos, encontrarnos bajo el puente muchas mañanas, camino de la escuela, loza rota y restos de velas en la orilla, justo al lado del cruce de ambos ríos”.

Testimonios
Otra imagen del río que discurre bajo el puente
Una septuagenaria de una localidad meañesa, hoy anciana y cuyo nombre omitimos a petición propia, nos reconocía como su madre realizara este ritual mágico bajo el puente de A Chanca antes de alumbrarla a ella. Era a inicios de los años 40, “cando os tempos da fame”, en plena posguerra. “A mi madre -nos refiere- ya le habían muerto dos niños antes, al poco de nacer, y fue una anciana de Dena quien la convenció para realizar el ritual del bautizo bajo el puente de A Chanca, para que el niño, que era yo, le brincara en el vientre, en señal de vida”. “Mi madre -continúa su relato- me explicó cómo fueron allí a medianoche y, mientras estaban bajo el puente, un familiar se apostó arriba, en la carretera, con una vara en la mano para espantar a todo animal que se aprestara a cruzarlo, porque no podía cruzarlo ni un lagarto, de lo contrario el ritual no era válido”. “Allí -añade- esperó a que pasara la primera persona, que fue un joven de Dena que entonces tenía 18 años, y que aún falleció hace poco, y que llegaba al puente pedaleando en su bicicleta entretenido mientras silbaba”. “El familiar -prosigue-, lo detuvo sobre el puente y le explicó con qué fin le necesitaban abajo. Por esos años, aquella era una carretera estrecha y una zona oscura y sin luz. El joven, al principio, no quiso prestarse porque decía tener miedo. Pero a fuerza de rogarle y cuando vio abajo a la anciana de Dena, que él conocía, se confió y bajó. Allí realizaron el bautizo, cenaron y al acabar rompieron la loza como mandaba el ritual”.


Imagen del anverso del cruceiro de A Chanca en Dena
El parto posterior resultó, y madre e hija vivieron. La tradición mandaba además, que los padrinos que habían realizado el bautizo prenatal, debían ser luego los que oficiaran como tales en el eclesiástico. En el caso de este testimonio, la vecina explica que no fue así “porque mis padres eligieron para el bautismo en la iglesia a miembros de la familia”. “Quizá fue por ello -agrega-, o porque mi madre no repitió el ritual, que un hijo que tuvo más tarde volvió a morirle a los pocos años de nacer”. “Fue así -concluye- que los cuatro, yo fue la única que vivió para contarlo. Hoy cuesta creer en esas cosas, tal vez fue casualidad, pero vaya usted a saber, dicen que habelas hailas”.
Uno de los vecinos de Dena más longevos, José Cacabelos, confirma, a sus 92 años, lo que es “vox populi” entre los mayores de la localidad: “muchos sábados se realizaba esos bautizos bajo el puente”. “Yo -añade- solía pasar sobre él de regreso a esas horas, porque tenía novia del otro lado y, la verdad, estaba deseando que alguien me escogiera de padrino, porque -comenta con sorna- era una manera de comerse una buena cena a costa de otros”. Un ritual éste que aparece referido también en algunos otros puntos de la comarca, caso del conocido “Ponte dos Padriños” entre Cambados y Ribadumia.
                       
Nuevos ritos
Aquel ritual fue desapareciendo a medida que la ciencia y los hospitales ganaban terreno y el alumbramiento se afrontaba en ellos con mayores garantías de éxito. Aún así algunos vecinos recuerdan como “aún hace cosa de 20 o 30 años llegaba gente a este punto, a propósito justo a medianoche, algunas personas, mismo en taxi, para acercarse a la barandilla y tirar algo en el punto de confluencia entre los dos ríos”.
El último ritual en aparecer, este con tintes ya más festivos, lo hizo este pasado mes de febrero con motivo de la celebración de San Valentín en que algunas parejas, aprovecharon la noche para colocar en la barandilla del puente un tradicional “candado del amor”, cerrarlo y lanzar las llaves al río como muestra de amor por vida, una tradición ésta muy habitual en puentes en las últimas décadas. Cierto que algún vecino, rememorando los viejos rituales, apunta: “no todos los puentes son lugares de cruce entre dos ríos, estos tiene tienen un carácter simbólico y mágico, quien sabe si también para los candados del amor que ahora se cuelgan”.