sábado, 18 de febrero de 2017

conversas.com 
José María Bello Santos
Delegado de la Asociación de Apicultura de O Morrazo


Natural de Moaña pero afincado en Bueu, y apicultor desde su infancia, José María Bello es el actual delegado de la Asociación de Apicultura de O Morrazo, que actualmente agrupa a una treintena de asociados vinculados al sector, organización que por extensión de la Asociación Gallega de Apicultura. Dada la falta de operatividad de los equipos de la administración, su colectivo viene llevando a cabo, por su cuenta y riesgo desde hace 2015, una lucha particular contra la avispa velutina, la cual actualmente tratan de exportar a varios concellos. La intención de un apicultor meañés, Rodrigo Pazos, más el caldense, José Ángel Cascallar, de promover una iniciativa similar en Arousa, ha llevado e José María Bello a intentar llegar con su propuesta a tierras salinienses, con el objeto de aunar esfuerzo de apicultores y concellos.

“LA LUCHA CONTRA LA VELUTINA PASA POR IMPLICAR YA A LOS CONCELLOS”

El apicultor José María Bello trabajando en sus colmenas
¿Es posible parar la plaga de la avispa velutina, tal y como se están extendiendo en estos últimos años?
Sí, claro que se le puede plantar cara y que podemos pararla, pero no como lo está haciendo la Xunta, con un método ineficaz que pasa por una empresa que es Tragsa y que es la que se encarga en muchos concellos de la retirada de nidos, pero que carece de la motivación necesaria para actuar con celeridad y erradicar la plaga.
En la asociación que usted lidera en O Morrazo se lo han propuesto por su cuenta. ¿Cómo surge la idea?
Fue vista la inoperatividad de la Xunta para actuar con prontitud ante los casos denunciados que una decena de apicultores del colectivo empezamos en 2015 a dedicarle tiempo y dinero para actuar por nuestra cuenta. Lo hacíamos con escaleras y arneses para subirnos a los árboles, jugándonos el tipo, hasta que un edil de Moaña, que un día nos vio trabajar en esas condiciones, nos dijo que aquello tenía que acabarse y movilizó al concello, que fue el primero, para apoyarnos y equiparnos debidamente para poder realizar nuestra labor en adelante con más seguridad.
Y desde ahí extendieron su plan a otros concellos.
Sí, amén de en Moaña, estamos actuando en Cangas, Vilaboa, Bueu, Marín e incluso llegamos a Barro. También se lo plateamos a Pontevedra, pero ahí, por su cuenta, el concello decidió invertir ya 20.000 euros en un equipo propio para afrontar la lucha por su cuenta.

Un nido de avispa asiática
¿Lo hacen de forma altruista?
Sí, pero esto no puede seguir así. Lo nuestro es pasión por las abejas, en mi caso las crio desde los nueve años, las quiero casi como si fueran de la familia, y no estoy dispuesto a quedarme quieto, quiero luchar lo indecible para no perderlas.
¿Qué resultados están logrando en esta actuación por su cuenta contra la velutina?
Sirva como ejemplo que desde de 7 de junio de 2016 hemos retirado 480 nidos de activos. Pero además, con las diversas trampas que hemos colocado en estos concellos, hemos capturado entre 1 de marzo y el 25 de mayo de 2016, 3.500 avispas reinas, lo que significa, evitar la creación de otros tantos nidos. Estamos haciendo por nuestra cuenta un trabajo que no sólo beneficia al apicultor sino que está siendo, por extensión, un servicio a toda la ciudadanía. Pero este es un parche, una situación temporal, nosotros no podemos estar continuamente dedicando tiempo y dinero en desplazamientos para brindar este servicio. La administración tiene que implicarse más, y cuando digo la administración pienso directamente en los concellos, que es la parte más cercana al ciudadano.
Pero los concellos se escudan en que carecen de personal y, además, no tienen competencia para ello, que es un problema que debería corresponder en exclusiva a la Xunta.
Cierto que no es competencia de los concellos, pero lo acabará siendo, no les queda más remedio que asumirlo porque en un problema real, creciente, y ante el cabe tomar el toro por los cuernos. En O Morrazo ya se tienen, producido picaduras de velutina que han acabado con gente el Meixoeiro o en el Álvaro Cunqueiro. Y el día en que se muera una persona por ello, entonces sí va a ser responsabilidad del concello de turno, porque tenía constancia de un nido que era un peligro potencial para la ciudadanía y, sin embargo, no hizo nada por erradicarlo.

José María Bello en una de susa charlas sobre la avista velutina
¿Cuál es, pues, su petición o recomendación a la administración local?
Lo primero que cabe recomendar a un concello es adherirse a un convenio que existe entre la FEGAMP y la Xunta, y que muchos desconocen, por el cual la administración autonómica equipa al concello con material: dos trajes específicos que cuestan 150 euros más IVA cada uno y, en ocasiones, a algunos también les aportan pértigas para fumigación que pueden ser de 7,2 y 27,30 metros y que vienen a costar unos 1.200 euros más IVA.
¿Y qué parte deben cumplir los ayuntamientos?
En cuanto a material, la parte que les toca es comprar los insecticidas y luego las trampas para capturar a las reinas.
¿De cuánto dinero estamos hablando?
Poco. Una garrafa de medio litro de insecticida ronda los 30 euros y da para fumigar una treintena de nidos. Luego las trampas para capturar reinas oscilan entre los 4 y 5 euros, y el líquido atrayente para disponer en ellas cuesta, según la marca, entre 28 y 38 litros, precios estos a los que cabe sumar el correspondiente IVA.
Pero también le tocaría al concello disponer de personal.
Claro, de momento es algo que estamos haciendo nosotros, pero, insisto, esta situación no puede perdurar en el tiempo, es un servicio a la ciudadanía por una cuestión que ya es de seguridad y que, por tanto, corresponde a la administración local, que es la más cercana al ciudadano. Es al concello a donde el vecino va a denunciar el nido de velutina que ve en el monte, que tiene en su finca o cerca de su vivienda.

Nido de velutina en lo alto de unos eucaliptos
En Arousa dos jóvenes apicultores, Rodrigo Pazos y José Ángel Cascallar, se están proponiendo una iniciativa similar en la suya en O Morrazo.
Lo he leído, y me alegra, incluso lo mejor sería, por qué no, aunar esfuerzos entre nosotros y los apicultores arousanos. Me consta que en Meaño hay bastantes nidos de velutina y que los encargados de retirarlos es el Grupo de Emergencia Supramunicipal (GES) de Sanxenxo que, en realidad, no es un GES al uso. Y sé también de buena tinta que a Meaño lo tienen un poco de lado en esta cuestión. Por eso entiendo que Rodrigo Pazos y otros se planteen dar pasos… pero, insisto, le toca también al concello.
A raíz de esta información que publicaba FARO DE VIGO el pasado lunes y que se centraba precisamente en Meaño, ¿se ha planteado poner en contacto con la alcaldesa Lourdes Ucha para demandarle la posibilidad de que su concello se sumara al convenio de FEGAMP-Xunta?
Sí, a raíz de esa información mantuve un breve contacto telefónico con ella, pero la noté un tanto a la expectativa. Me gustaría poder hablarlo con ella con más calma. No obstante, para esta charla el concello de Portas invitará formalmente a los alcaldes de Moraña, Meis, Meaño y Vilanova. Concretamente, Vilanova y Meis, tienen un foco de velutina enorme, precisamente donde la empresa Tragsa tiene asignada la retirada de nidos y, volviendo a lo dicho en un principio, eso no es casualidad. Espero que los alcaldes, y entre ellos Meaño, acuda a esta charla para tomar conciencia del problema real que se nos está viniendo a todos encima.



sábado, 11 de febrero de 2017

conversas.com 
Carlos Carrión Álvarez
Presidente de Bodegas Paco&Lola

La bodega meañesa Paco&Lola es, con sus 420 socios, la cooperativa vitivinícola más grande de la Denominación de Orixe Rías Baixas, y la última en surgir por cuanto lo hace en 2005, si bien las instalaciones propias de la bodega en su ubicación actual no abren hasta 2007. La firma agrupa 220 hectáreas de viñedo y envasa 2 millones de botellas de Rías Baixas en una apuesta decidida por el mercado internacional. Su presidente Carlos Carrión Álvarez, un profesor de instituto natural de Castrelo, que asumió esta responsabilidad en su día con tan sólo 37 años, acaba de ser reelegido, con 45 años, por tercera vez, y sigue siendo el presidente más joven de las tres grandes cooperativas.


NO DEBERIAMOS SUBESTIMAR LAS CALIDADES QUE PUEDAN CONSEGUIR ALBARIÑOS DE OTRAS ZONAS”

el presidente de Paco& Lola, Carlos Carrión
Recién acabado 2016 y a tenor de como finalizaban el año las bodegas… ¿se está recuperando el sector del vino en cuanto a ventas en la denominación de origen Rías Baixas?
Todo parece indicar que sí porque 2016 ha sido un buen año y prevemos que 2017 lo sea también.  A nivel de la denominación de origen se ha vendido en torno a 2,5-3 millones de litros más que en 2015, y entendemos que se está invirtiendo la dinámica negativa que veníamos arrastrando desde 2009-10. Además que en 2016 no se hayan generado excedentes para comercializar entre las propias bodegas es también una buena señal.
¿Qué mercados tiran de esta recuperación?
Sobre todo el internacional, porque las exportaciones a nivel mundial han crecido un 25 por ciento en este último año. Están tirando mucho, países como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania u Holanda, pero porcentualmente cabe destacar el mercado asiático que ha crecido un 65 por ciento, con incrementos sustanciales en países como Japón, China o Singapur.
¿Y el nacional?
El mercado nacional a nivel del vino en general sigue a la baja, pero en cuanto a Rías Baixas 2016 ha sido un año de repunte. En el caso de nuestra bodega notamos como siguen tirando mercados como Madrid, Cataluña, la Comunidad Valenciana… pero sobre todo a nivel de ventas notamos un incremento sustancial en Andalucía, un mercado en el que estábamos menos.
¿Y perciben que este crecimiento es firme?
Todo hace indicar que sí y que 2017 debería ser el año de la consolidación.
¿Ese crecimiento se notará también  en el precio de la uva que cobra el viticultor, sobre todo en firma como ustedes que se organizan a modo de cooperativa?
Debería notarse primero en el propio precio del vino y, en consecuencia, también de la uva. Las estimaciones son que los precios dejarán esa tendencia a la baja que caracterizó estos años de crisis y repuntarán. Prevemos que las marcas con precios más bajos van a ir desapareciendo o tendiendo e precios medios y eso, en buena lógica, va a traducirse en un mejor precio para la uva.

CarlosCarrión en el exterior de la bodega
Foto: Iñaki Abella
¿Han dejado las bodegas de Rías Baixas crecer en número, desapareciendo incluso varias, para crecer ahora en producción?
Sí, es cierto que han desaparecido algunas pequeñas bodegas y que las grandes estamos creciendo en producción. Nosotros mismos están procesando ya toda la uva que producimos y ya no generamos excedentes, es más, en un plazo corto de años, tal y como estamos creciendo en el mercado internacional, vamos a necesitar más uva.
El albariño ha dejado de ser de las Rías Baixas gallegas, y se planta y se elabora ya en los últimos años en Cataluña, en Alicante, incluso en California… Me dirá que no son Rías Baixas, pero ¿ese albariño, con sus matices, podrá convertirse en seria competencia para los nuestros?
Es cierto que no son Rías Baixas, aquí el terreno y el Atlántico le otorgan a la uva una acidez y unos matices que el albariño de otras zonas nunca podrá tener. Ahora bien, no deberíamos subestimar las calidades que puedan conseguir en esas zonas, es cierto que tenemos que apostar por lo nuestro, pero sin caer en la complacencia. Primero, porque en los mercados internacionales la gente de a pie casi siempre pide por la variedad de la uva, y muchas veces no se fijan ni donde se produce. Y segundo, porque cuentan con unos costes de producción muy inferiores a los nuestros. Mismo hay vinos californianos elaborados con uva cabernet que superan ya de largo en calidad a los originales franceses, y eso es algo que nosotros no deberíamos perder la vista.

Interior de Paco&Lola
De un tiempo a esta parte en una misma bodega prolifera la variedad de marcas, todas elaboradas con una misma variedad de uva que le entra. Algunos se preguntan cómo es posible que con esa única variedad se elaboren tantos vinos distintos en una misma bodega.
La pregunta tiene su fundamento pero no tiene toda la información. Primero, no todas las fincas de una bodega grande como la nuestra están a la misma altura, y eso repercute ya en la uva. Luego, cuando se vendimia, se clasifica la uva por grado alcohólico para elaborar unos vinos u otros. Pero hay más: en el prensado se hace otra separación, una calidad con la uva que rompe por su propio peso, y otra que se consigue cuando entra la bomba neumática, y la fermentación de una y otra son también luego diferentes; o en el proceso posterior en bodega puedes obtener vinos frescos u otros criados sobre lías. Incluso si se le para la fermentación a unos vinos y no a otros se obtienen también matices...  Todo ello repercute en sabores, olores…Es un mundo mucho más tecnificado de lo que pueda parecer en un principio, y fruto de ello una misma bodega puede obtener vinos muy diferentes.
¿Y esa variedad de Rías Baixas (espumosos, ecológicos, de baja graduación) responde a una moda o, en realidad, el mercado lo está exigiendo?
Sí, responde a necesidades, y en, ocasiones, responde también a pruebas de ensayo y error para experimentar con nuevos vinos.
Algunos bodegueros, caso de Eulogio Zárate en Padrenda, abogan por una viticultura sostenible, hasta el punto de afirmar que la producción de albariño, con tal cantidad de productos fitosanitarios que se aplican en nuestra zona, es insostenible, y el mercado acabará rechazando esos vinos.
Personalmente comparto la preocupación de Zárate. Las quejas por el abuso de fitosanitarios es algo que está yendo en aumento. Sabemos que aquí la producción ecológica es muy difícil por el clima, pero lo que tenemos que ir es cara a un sistema de producción más sostenible que el que tenemos en esos momentos y que, además de generar conflicto, está matando, por ejemplo, toda la fauna útil que existe en el viñedo.

El consejo de administración recién elegido
¿La producción integrada es una solución?
Lo es en parte, pero aún se puede ir mucho más allá. Nosotros, de hecho, hemos comenzado un proyecto de tres años con una bodega del País Vasco y otra de Asturias encaminado a investigar en ese plazo de tiempo sobre la reducción de los tratamientos fitosanitarios en el viñedo. Tal vez suene idílico, pero tenemos que caminar hacia eso, en cuestión de diez años esto tiene que dar un vuelco total, y ese es uno de los caminos por los que debe apostar la D.O.
Venimos de fechas navideñas y los espumosos de Rías Baixas parecen que están teniendo una acogida excelente en el mercado. Ustedes en Paco&Lola, de momento van de mano, de un cava catalán. ¿Para cuándo un espumoso propio?
Los espumosos exigen una infraestructura y nosotros, entre este año y el próximo, vamos también a experimentar y a probar en esa línea.
¿Y aventurarse con los tintos Rías Baixas que, de momento, las grandes bodegas no apuestan?
También iniciaremos este año un proyecto con ellos, pero de momento es solo eso, un proyecto, no más.

sábado, 4 de febrero de 2017

Said Kalaahi
Said Kalaahi es el cambadés, hoy jubilado, cuya cara es conocida por ser el médico que cada jornada se sienta en el banquillo de Xuven, equipo con el colabora desde hace un lustro, dada su vinculación familiar en el presidente Toño Lema. Pocos saben, no obstante, de su origen sirio y que su localidad natal, donde pasó su infancia y buena parte de su juventud, fue Alepo, la urbe más populosa de Siria, reducida hoy prácticamente a escombros por los yihadistas del Estado Islámico en el marco de la guerra civil que desde 2012 azota el país. De hecho, en Alepo conserva aún dos hermanos con los que mantiene contacto asiduo. Hoy reconoce sentir “rabia e indignación por ver una ciudad tan maravillosa reducida a ruinas por el fanatismo”.

EL MÉDICO QUE VINO DE ALEPO

Said Kalaahi en Cambados, visto por objetivo de ca cámara de Iñaki Abella
“Nací y crecí en Alepo hasta los 23 años -recuerda Said Kalaahi-. Era una ciudad maravillosa, cuya economía se basaba en el comercio, porque está en pleno centro de la ruta de la seda, y en la que la producción industrial se centraba en el algodón. Recuerdo de manera especial su casco histórico, su antiguo castillo y su zoco con vida inusitada, plagado de pequeñísimas tiendas entre las que bullía la gente”. Quien así habla en Said Kalaaji, el médico cambadés que nació en Alepo hace 73 años y que se afincó en España cuando se vino estudiar con 23.
“Yo había acabado el bachillerato en Siria -recuerda- y, tras hacer un verano el campamento militar al que estábamos obligados, me vine a España con lo puesto, una maleta y poco más. Lo que quería era a estudiar fuera, y envié propuestas a varios países, hasta que fue España quien me contestó”. “Llegué -añade- pensando en estudiar el idioma y hacerme ingeniero. Estuve un tiempo en Madrid, luego Zaragoza, pero no acababa de sentar la cabeza, y finalmente me animé a venir a Santiago donde acabé por cursar la carrera de Medicina”.
Said era el mayor de siete hermanos, hijos de una familia que vivía con cierta holgura económica merced al almacén de productos agrarios que regentaba su padre. “En aquellos primeros años estudiando en España -rememora- fueron mis padres quienes me propiciaron sustento porque era un momento en que la lira siria estaba fuerte, y con poco dinero que me enviaran, aquí me cundía”. Cuando completó su carrera de Medicina se vino para trabajar en Cambados de manos de un amigo que acababa de abrir en la villa del albariño un centro médico. “Santiago era bonito -reconoce-, pero Cambados me cautivó para siempre, entre otras cosas porque tiene mar, aquí me asenté, hice vida, me casé… y aquí sigo”.

Nuestro protagonista en una imagen de su regreso a Alepo. Archivo familiar
Regreso a Alepo
Durante años no pudo regresar a Siria “porque yo no había realizado el servicio militar en el país y era, como quien dice, un prófugo”. Lo hizo a inicios de este siglo, pasado el tiempo prudencial para el olvido, y con el objeto de visitar a su familia en Alepo. “Cuando me vine para España a mediados de los años 60 -recuerda- había dejado una ciudad con una gente de carácter más cerrado al turista extranjero, pero más tolerante en su interior, en la que los judíos se habían ido por la presión popular, pero donde musulmanes, armenios y cristianos, tanto ortodoxos como católicos, convivían con naturalidad”. Pero en su regreso a Siria se había encontrado una urbe diferente: “Alepo -recoconoce- se había convertido en una ciudad que había crecido mucho, demasiado, era ya la más populosa de Siria, con dos millones e personas, superando a Damasco, una ciudad en la que había mucho dinero, con enormes avenidas provistas de tres y cuatro carriles, y casas magníficas con fachadas de mármol rojo”. Pero pronto percibió que el crecimiento tenía su parte gris: “se multiplicaran las mezquitas por doquier -afirma-, y había crecido el radicalismo religioso, las mujeres se tapaban el pelo con el velo, incluso a una cuñada que no conocía, no pude verla físicamente y tuve que limitarme a hablar con ella a través de una cortina”. “Me llamaba la atención -recuerda- porque yo crecí en Alepo en el seno de una familia musulmana con una madre de origen turco, pero que, como la sociedad de entonces, era muy tolerante, y en la que la religión era algo secundario. En cambio, cuando regresé fui consciente de la presión social que existía en el ámbito religioso, la televisión, la gente, todo tendía al adoctrinamiento”.

Dos hermanos en Alepo
Junto con su esposa a su viista a Alepo. Archivo familiar
Mientras, con emoción contenida, nos muestra en su teléfono las fotografías que le remiten los suyos hoy desde Alepo, en las que se comparan las imágenes de las calles, el castillo -uno de los símbolos de la Unesco- que daba entrada al casco antiguo, declarado en 2006 Patrimonio de la Humanidad, o el zoco, antes y después de la destrucción. Con el dedo sobre la pantalla de su móvil pasando las fotografías Said evoca la que fuera su ciudad: “Los yihadistas del Estado Islámico se han propuesto destruir todo lo antiguo, y el bello casco histórico de Alepo ha sido el primer objetivo de esta locura… No puedo más que sentir una rabia inmensa al ver las imágenes de tanta destrucción de unas calles que yo mucho pisé un día”.
Nuestro protagonista mantiene todavía a dos hermanos en la ciudad. “Los otros se fueron, el último, el más joven, Sajer Kalaaji, a Noruega en calidad de refugiado, y otro a Turquía porque, por edad, aún podía ser movilizado a causa de la guerra” explica. Con los dos que se han quedado en Alepo y con sus sobrinos habla menudo por teléfono “pero son conversaciones breves -explica-, para saber cómo están, en las que me cuentan lo justo y poco más, sobre todo por temor a que las comunicaciones puedan estar interceptadas”. “Y es que en Siria -agrega- hablar de economía y de todo lo demás, bien, pero hablar de política siempre fue muy peligroso, corrías el riesgo de desaparecer al día siguiente, y ese miedo sigue latente, si cabe más aún hoy”.
“En Alepo lo están pasando mal -refiere Said Kalaaji-, mismo a mi hermano Mudar un obús le ha destruido toda la fachada de su casa que ahora tiene cubierta con plásticos. A día de hoy, con la recuperación de la ciudad por parte de la tropas gubernamentales de Bashar Al-Asad hace unos días, me dicen que están más tranquilos, y que las bombas que están detonando son las dejadas por el Estado Islámico y que el ejército gubernamental está explosionando de forma controlada”.
Reconoce que algunos de sus hermanos le habló de la posibilidad de venirse como refugiado a España: “pero les cuesta, tienen allí toda su vida y yo, por mi parte, también les soy realista y les digo que aquí la situación no está nada fácil, porque poder salir adelante y encontrar trabajo es tarea ardua con la crisis”.

Alepo, antes y después de la destrucción
Pesimismo
Nuestro protagonista se muestra pesimista sobre la salida al conflicto que Siria vive desde 2012. “Aunque la guerra se termine -opina- persistirán las guerrillas, como lo han hecho en Iraq y otros países árabes, el conflicto se enquistará y la población civil seguirá padeciendo las consecuencias de la violencia”. Según este médico afincado en Cambados el conflicto está alentado por un trasfondo internacional. “Los países de la zona -explica- siempre estuvieron bajo el control de los Estados Unidos, excepto Siria cuya alianza natural ha venido siendo la Unión Soviética, ahora Rusia, que desde siempre ha tenido bases militares en el país. Y fueron precisamente estados como Arabia Saudita o Irán, muy vinculados a los norteamericanos, quienes financiaron la construcción masiva de mezquitas, en lo que era una lucha encubierta por hacerse con el control de país”. Y otro condicionante internacional azuza, según él, el conflicto: “la presencia, cada vez más frecuente de yihadistas llegados de occidente, gente forjada aquí y que están yendo a Siria para luchar por la causa del islamismo radical, y que se suman a los que, escapados de Iraq cuando la guerra y caída de Sadam, trasladaron su actividad precisamente a Siria”.
Sobre la posibilidad de volver un día al Alepo que lo vio crecer Said Kalaaji reconoce que “pese a la pena de ver la ciudad destruida no me importaría volver a visitarla, pero no para quedarme”. “Ya en su día -añade- mis hermanos quisieron convencerme para que, cuando me jubilara en España, regresara a vivir en Siria. Pero ni se me pasó por la cabeza, mi vida ha sido y es Galicia, y este Cambados que me encanta y donde ahora me dedico por afición a echarle una mano a mi sobrino en el Xuven, es algo que me gusta y con lo que también disfruto”.


sábado, 28 de enero de 2017

conversas.com 
Maximino Crespo González
Saxofonista meañés

A punto de cumplir los 92 años esta pasada semana fallecía, a causa de una fatídica caída en su domicilio, Maximino Crespo, saxofonista y último exponente de toda una generación de músicos, y al que la que cabía además el mérito de ser la persona de más edad de la localidad de Meaño. En plena posguerra la música había sido un medio para sacar adelante a los suyos. La banda de Meaño, formaciones de charanga y alboradas, y luego el mundo de la orquesta, cualquier formación era buena para salir a flote en unos años duros. El Gran Hotel de A Toxa fue el escenario de sus últimos años de saxofonista con casi los 77 cumplidos. De su mente y su voz salieron algunos de los recuerdos del Meaño que relatamos desde nuestro particular Ventanuco. Por ello traemos hoy a esta sección una entrevista que nos concedía apenas unos días antes de fallecer y que publicamos a modo de homenaje póstumo.

“EN LA POSGUERRA ÍBAMOS ANDANDO O EN BICICLETA HASTA DONDE TENÍAMOS QUE TOCAR”

Maximino Crespo en su casa hace unos días con motivo de la entrevista
Foto Iñaki Abella
Es usted el músico de más edad vivo de la antigua Banda de Música de Meaño. ¿Cómo empezó su pasión por la música?
Me inicie a los 18 años, estudiándola con Roberto Doce, que era maestro, contable, tesorero… y hasta fue director de la banda por aquellos años. Pero aunque todos me identifican con el saxofón, en realidad, mi primer instrumento fue el clarinete, que fue lo que toqué durante los aproximadamente 15 años que estuve en la banda.
Usted tenía once años cuando estalló la Guerra Civil. ¿Que recuerdo tiene de aquel inicio de adolescencia marcado por el conflicto armado?
En Meaño la guerra apenas la sentimos, a no ser por alguna gente que sí estuvo perseguida. Mi único recuerdo fue que en 1939, recién acabada la guerra, mi madre me mandó a oir una al San Benito de Lores. En la ermita me senté al lado de un soldado, con uniforme y todo, recién llegado de la guerra. Y cuando regresé a casa tenía el cuerpo todo lleno de pulgas que me pegara el soldado... Figúrate como lo debieron pasar.
Volviendo a la música: ¿cómo eran aquellas clases de música con Roberto Doce?
Muy exigentes… ¡Tenía un carácter! Hasta había ocasiones en que debía irme sin dar la lección por el cabreo que se cogía.
Recuerda cuánto le costó su primer clarinete?
Lo compré de segunda mano y me costó 50 duros (1,50 euros al cambio de hoy). Era un clarinete de 16 llaves.

Captado por la cámara de Iñaki Abella bailando con su esposa Escolástica
 en las ruinas del baile de Otero, con motivo de uno de nuestres reportajes
¿Por qué se cambió al saxo?
Porque tenía un vecino aquí en Meaño, que era Amancio García, que tocaba el clarinete, el saxo y el violín… Era un músico excelente. Fue escuchándolo a él tocar que el saxo me encandiló para siempre. Cuando me pasé al mundo de la orquesta ya fue para siempre mi instrumento.
Supongo que recuerda aquel primer saxo.
Sí, era un Bucher norteamericano, un saxo alto que me envió mi padre desde Argentina, porque él estaba emigrado para allá. Luego me compré un saxo tenor de segunda mano… Me costó más el arreglo que el saxo en sí, pero me quedó nuevo.
¿Cómo era aquella banda con la que usted tocaba en los años de posguerra?
Era una formación de unos treinta músicos. Vestíamos traje azul y gorra con visera plateada. Tocábamos por toda la comarca: en el San Tomé de Gondar, el San Juan de O Santo, en As Cabezas en Armenteira, en Combarro… Todos ellos, lugares a los que teníamos que ir andando o en bicicleta, porque de aquella no había autobús y cada músico tenía que arreglárselas por su cuenta para llegar y luego volver. Durante años me desplacé a tocar en una vieja bicicleta de segunda mano que pude comprarme con las primeras pesetas que gané en la banda.

En las ruinas del salón de baile de Otero en Meaño. Nuestro protagonista fue el último de una generación de músicos de la posguerra

¿Cuánto cobraba por actuación un músico de la banda por aquellos años 40?
Al repartir tocaba unas 20 o 30 pesetas (entre 12 y 18 céntimos de euros hoy), ¡que eso era dinero entonces!. Cierto que en algunos lugares nos pagaban más, caso de Combarro, a donde todas queríamos ir porque allí nos pagaban la actuación a 50 pesetas por cabeza y, además, si la completábamos tocándole una serenata a Don Bernardino López éste nos premiaba con 5 pesetas más por barba. Y por aquellos años no se ganaban sueldos como lo que nos pagaban en Combarro.
¿Cuál era el sueldo diario de un obrero por entonces?
Calculo que unas 15 pesetas al día.
¿Qué directores de banda recuerda de sus años en Meaño?
Yo empecé a tocar con Daniel González, pero también lo hice bajo la batuta de Roberto Doce, Eliseo Lopo y Andrés Blanco Rebornecho.
¿De alguno guarda especial recuerdo?
Como persona, de Eliseo Lopo, con él hasta salimos algo en autobús a Riveira, Carreira y Palmeira, pero el directo más competente como músico era Rebornecho.
¿La música daba para vivir en la posguerra?
Con la música y el trabajo en el campo compré fincas y saqué adelante a la familia. Aparte de la banda algunos ganábamos algo de cuartos con otras formaciones a modo de charanga con las íbamos allí donde nos llamaban. Con una de ellas recuerdo haber ido a los carnavales de Verín, donde tocamos cuatro días en el baile del Café-Bar Aurora, a razón de 30 pesetas por actuación. Me cansé de tocar porque el trompeta se hizo el enfermo y el otro saxofonista no tocaba nada… y todo el peso recayó en mí.

En la orquesta Columbia, Maximino Crespo, arriba, segundo por la izquierda
Y luego llegó el mundo de la orquesta.
Sí, a finales de los 50 dejé la banda y me metí en la orquesta. Lo hicimos varios… porque se ganaba más dinero. Durante unos años compaginamos banda y orquesta, pero luego Roberto Doce, que era tesorero y director, se opuso y nos acabamos yendo. Recuerdo que en una fiesta de Santa Cecilia, en la que la banda tocaba al salir de misa cerca del pozo de A Canle, tan nervioso estaba por el tema de la expulsión, que no asentó bien la tarima y se cayó de ella mientras dirigía… ¡Casi se parte la cabeza!
¿Fue el mundo de las orquestas el que significó la puntilla para la desaparición de aquella banda de Meaño en los años 60?
Las orquestas y la emigración a América que en los años 60. La emigración se llevó a mucha gente de Meaño, mismo yo probé unos meses.
No me diga que se acabó yéndose a América...
Sí, me fui a Argentina porque allí estaba mi padre. Aguanté ocho meses y me vine de vuelta, aquello no era para mí.

Integrando la Orquesta Melodías, de pie en centro de la imagen
¿En qué orquestas fue saxofonista?
La última fue en la Melodías, pero antes estuve en la Victoria, en la Columbia, en la Ritmo…
¿Cuál de ellas tuvo más tirón?
Con la Ritmo tuvimos muchas actuaciones… Contábamos con un vocalista de Vilagarcía que se llamaba Cadalda, era muy bueno y tenía mucho tirón.
Sus últimas actuaciones las protagonizó en el Gran Hotel de A Toxa.
Sí, allí toqué durante mis últimos años. Éramos una pequeña formación de amigos que actuábamos en él los casi todos los sábados contratados por el Gran Hotel para amenizar, bodas, comidas y picoteos. Los pasábamos muy bien: tocábamos, comíamos… Para nosotros era un entretenimiento, y nos pagaban bien. Mis hijos acabaron por convencerme para dejarlo por la edad… Yo debía tener unos 77 años, pero por mí aún quería seguir.

Era fiel seguido del Festival de Bandas de Meaño
Tiene tres nietos y los tres también tocan el saxofón.
La verdad es que sí, los tres acabaron tocando el saxo, supongo que indirectamente les influyó que el abuelo también lo tocara. A Manolo, el mayor, aún le enseñé yo algo y tocábamos juntos algunas lecciones.
¿Nunca actuó con ellos?
En público no, pero sí alguna vez tenemos tocado algo juntos aquí en casa.
¿Aún coge hoy el saxo?
Ahora apenas. La última vez fue el día de Santa Cecilia de este año que acaba de pasar, aquí en casa… pero aunque sí me acuerdo de las posiciones ya no era capaz de tocar aquellas canciones... Los años no perdonan. Pero echando la vista atrás, y con todo lo que he tocado, creo que quedé como buen saxofonista.



sábado, 21 de enero de 2017

conversas.com 
"Pepe de Lino"
Meañés "de pura cepa"

El entrañable San Amaro de Meaño volvió a reunir a los lugareños y a un puñado de devotos venidos de fuera, en torno a las misas en la ermita -la más pequeña de O Salnés-, la poxas de productos agrarios y algunos gallos de corral y, por la noche, a los ávidos de los callos, el roscón y la queimada que servía la organización al ritmo de la música del dúo “Marema” bajo la carpa a pide de capilla. Entre los devotos, uno muy peculiar, José Domínguez Méndez, conocido en Meaño como “Pepe de Lino”, que ejerce de todo un peregrino por cuanto desde hace décadas se desplaza en coche desde Madrid cada 15 de enero para degustar los preciados callos. A sus 75 años volvió a cumplir el pasado domingo con la tradición. Lo suyo es pasión.


“VENGO CADA AÑO DESDE MADRID A SAN AMARO POR MI AMOR A MEAÑO”


Pepe de Lino en la fiesta de San Amaro
¿Cuántos años viajando al San Amaro meañes desde Madrid?
Desde 1964 en que me establecí en Madrid. Unas veces vengo con mi mujer, otras solo, en esta ocasión lo hice con mi hermano.
Lo suyo sí que es devoción.
Sí, devoción al santo cuya ermita está justo al lado de la casa donde nací y me crie. Lo hago por una misa, dar una limosna al santo… y en los últimos años por los preciados callos (risas). Pero sobre vengo por amor a Meaño y a sus gentes, es algo que yo llevo muy dentro. Lo que más me ilusiona cada 15 de enero es subir desde Madrid para reencontrarme con los vecinos de mi generación, abrazar a mis amigos y departir con la gente. Mañana mismo cojo el coche y me vuelvo para Madrid.
Pero son 75 años para un viaje tan largo.
Sí, pero yo me siento como si tuviera 30.
En Meaño usted siempre fue recordado por ser el alma de cualquier fiesta con su inseparable trompeta.
En realidad,  empecé tocando el fliscorno en la banda de Meaño con 11 años, cuando dirigía la formación Juan Moldes. Hoy esta banda está plagada de chavales pero de aquella sólo éramos tres. Luego me pasé a la trompeta tocando en orquestas. Más tarde esa inseparable trompeta me acompañó en mi época de engrasador como marino mercante, con ella animaba el barco en los viajes que me llevaron a Estados Unidos, Suecia, Grecia, Angola, Irak… Y también en mi etapa de emigrante en Alemania trabajando en la Simens. Cuando me establecí en Madrid toqué con ella en orquestas de las mejores salas de fiesta y carabets de la capital, compartiendo escenario e finales de los 60 con formaciones como Los Brincos, Fórmula V o Camilo Sesto. Era un gran trompetista, incluso tuve la posibilidad de ingresar en la banda de música de ejército del Aire… pero no quise, yo siempre fui un espíritu libre.

Nuestro protagonista con un vecino de su generación
Respiraba música por los cuatro costados…
Y más… Estudié arte dramático durante tres años con Mº Luisa Prendes, pero lo acabé dejando, porque a mí me gustaba lo cómico. Incluso me saqué el título de entrenador de fútbol y entrené en Madrid a varios equipos. Mi vida ha sido, y sigue siendo, una inquietud constante.
Pero sus viajes a Meaño con ganas de fiesta no sólo fueron a San Amaro.
No. Tengo venido en Nochevieja, a propósito, en tren o en coche, unas veces de improviso, otras de incógnito, llegando de madrugada para liar a Pablo Dovalo, e ir yo con mi trompeta y él con su acordeón a tocarle las “xaneiras” a amigos y vecinos… Y no parábamos con la serenata hasta que los sacábamos de cama y nos abrían la puerta. Mismo una Nochevieja me presenté de madrugada, disfrazado de negro, con la cara toda maquillada y tocando “When The Saints” imitando a Louis Armstron, que era mi ídolo. Y cuando amanecía, vuelta para Madrid.
¿Qué es lo me más le reconforta de este San Amaro meañés?
El contacto con vecinos y amigos, el saber de ellos después de recorrer 700 kilómetros.
¿Viene con alegría y se va con pena?
Así es, porque llevo a Meaño muy dentro. De hecho, vengo con tal ilusión que llego en poco más de cinco horas… pero el regreso me lleva ocho. Es la morriña que llevo dentro.


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sábado, 14 de enero de 2017

Después de 15 años de vida la ruta de los molinos del río Chanca que sube desde Lores hasta Armenteira sufre el deterioro del paso del tiempo, con daños y desperfectos de hacen necesaria una actuación urgente para su regeneración. La senda, pese a estar menos divulgada que la Ruta de Pedra e da Auga, se ha convertido en cita para centenares de senderistas que optan por el carácter más intimista que supone su recorrido. La oposición meañesa lleva  más de año demandando su regeneración y el concello tiene en cartera un plan para ello en 2017. Pero mientras tanto, toca seguir esperando.

LA RUTA DEL RÍO CHANCA CLAMA POR SU REGENERACIÓN


Una farola caída en en el tramo Couso-Axis desde hace meses
Un paseo por la ruta de ribera del Chanca desde Lores hacia Simes y Armenteira evidencia los daños del paso del tiempo sobre una senda creada hace quince años y que atrae cada temporada a centenares de visitantes ávidos de la naturaleza y el senderismo. La ruta, de 6 kilómetros de longitud que remonta el Chanca hasta su mismo nacimiento en un manantial terreño de monte en Valboa (Armenteira), sufre un deterioro que evidencia la necesidad de una actuación para recuperar su esplendor.
Así, partiendo de puente de Caxoi en Lores y en su marcha hacia Armenteira, el senderista puede encontrarse en el tramo bajo, entre Lores y Simes, con papeleras rotas, vallas de madera inseguras o caídas, alguna farola en el suelo e incluso la ausencia de un tramo de barandilla en el escalera de acceso al vial de Axís -en las inmediaciones del pontón recién remodelado-, cuyo peligro y riesgo de caída advierte una cinta plástica delimitadora de obras.

Impacto visual
Vallas que no ofrecen seguridad al viandante a la altura de Axís
Un pontón de Axís del que algunos senderistas lamentan el impacto visual que quedado tras su remodelación reciente. Y es que en medio de un paraje natural, donde prima la madera y la piedra antigua de los molinos de río, el senderista, en su llegada al pontón, se encuentra ahora con un grueso arco de hormigón -en torno a 1 metro de grosor- en forma de U invertida que sostiene un puente cuya parte superior sí está recubierta con piedra antigua. Vecinos y senderistas lamentan que esa piedra no recubra también cuando menos fachada de la estructura que sostiene el pontón, para de esta forma evitar el feísmo y hacerlo más acorde con el paraje en que está enclavado, emulando así el anterior pontón, todo él en piedra.
Subiendo de Axís hacia la conocida como “curva do sifón” de la PO 303 en las inmediaciones del cementerio de Simes, se repite la imagen de vallas rotas, otras caídas sobre el río y tablones sueltos en la pontella de “muiño do Pombal”. Luego, en el tramo que asciende desde la PO 303 hacia Armenteira, más agreste y por medio del monte, los daños se traducen en árboles rotos, caídos a cada paso sobre el cauce del río.

Árboles caídos sobre el río subiendo el Chanca
El deterioro de la ruta ha sido uno de los temas recurrentes por parte de la oposición en lo que llevamos de legislatura, en especial de la formación socialista de Icía García que, en reiteradas ocasiones, viene insistiendo en sesiones plenarias en la necesidad de regenerar una ruta “que es todo un emblema para Meaño, y cuyo pésimo estado contribuye a la mala imagen del municipio”. Cierto que las actuaciones de limpieza de la vegetación en los márgenes de la senda y de remodelación alguna estructura caída -caso de una pontella de madera en las inmediaciones de los molinos de Couso- han ido paliando hasta el momento la situación de una ruta que requiere, ahora ya sí, de un plan de completo regeneración. La alcaldesa Lourdes Ucha asegura que el mismo está en la agenda del grupo de gobierno para su puesta en marcha en 2017.
           
23 molinos
El molino de O Crego de Quintáns, uno de los 23 de la ruta. Foto: Rafael Dovalo
La ruta fluvial de Chanca es un trayecto de 6 kilómetros de ascensión con dos partes bien diferenciadas. La primera, más accesible y ascensión más tendida, discurre por un paraje de prados, donde los viejos molinos de río se suceden a cada paso, hasta completar el número de 23 construcciones. Alguno transformado en tasca rural, como el “muiño do Ferreiro”, de propiedad hoy municipal, y otros de gran valor, como el “muiño de Crego”, una construcción cuya existencia está documentada en el siglo XVII, y que a finales del XIX llegó a manos de Miguel Padín “o crego de Quintáns” -de ahí su nombre hoy-. Sus viejas ruinas fueron recuperadas hace unos años por su actual propietario, Pablo Dovalo, quien lo heredó de su abuela cuando el contaba sólo los 3 años de edad, y que creó en su interior una auténtica aula didáctica sobre estas construcciones.
Los trabajos de recuperación en otros molinos del tramo se han venido sucediendo a lo largo de los años. El último se está ejecutando estos días en el molino de A Besada en Simes, merced a un taller de empleo que ha puesto en marcha la Mancomunidade do Salnés, y a través de cual en Meaño se pretende recuperar esta construcción que ya aparecía recogida en el s. XVIII en el catastro del marqués de la Ensenada, propiedad entonces de Ygnacio de la Yglesia.
La segunda parte de la ruta, más agreste, asciende por la zona boscosa, con un río que discurre más encajonado, y donde el encanto se centra precisamente en el propio paraje natural del entorno.
La senda suma además una gran variedad de flora y fauna que la convierten en zona apropiada para el aprovechamiento didáctico por parte de los escolares. Así, sólo en el tramo bajo se han llegado a catalogar 15 especies distintas de árboles (olmos, robles, avellanos, abedules, nogales, castaños, pinos...), 14 de plantas (helechos, trébol blanco, diente de león, menta, ortiga, etc.) y 13 especies de fauna (colirrojo, golondrina, rana, libélula, caracol, trucha, lagarto de agua, etc.) que se añaden a la riqueza etnográfica de los molinos de río y la viejas pontellas.