sábado, 28 de marzo de 2015

MIRADOR SAN CIBRÁN:

Entre el mito y la historia


Curceiro de Francisco Pazos que corona San Cibrán
A caballo entre los concellos de Meaño, Meis y Ribadumia el monte de San Cibrán, cuya atalaya elevada 209 metros sobre el nivel del mar se asienta en Cobas (Meaño), ofrece a modo de balconada una de las vistas panorámicas más bellas de la costa de Arousa. En él se celebra cada segundo fin de semana del mes de junio la festividad del santo Cibrán (Cipriano). Pero este monte es más que un mirador sobre la ría. En él se dan la mano la historia, el mito y la leyenda.

El castro
Se sospecha que el monte de San Cibrán, coronado hoy por el emblemático cruceiro de Francisco Pazos, alberga en el subsuelo los vestigios de un antiguo castro celta. Benito Orge, profesor durante 34 años del CEIP Coirón-Dena, tiene la certeza del mismo: “Recuerdo que a inicios de los 90  hice una salida con mis alumnos de sexto a San Cibrán. Íbamos equipados con pequeñas azadas y en la cumbre mismo, en la zona donde hoy se encuentra el cruceiro, cavamos y estuvimos toda una mañana trabajando sobre el terreno”. “Al cabo de un tiempo -continúa-, debajo de la capa de vegetación que cubría el suelo, empezó a asomar el contorno en piedra de la planta circular de las viviendas”. “En total -precisa- descubrimos el perímetro de tres casas, tomamos notas de campo, e incluso realizamos unas fotos, pero con el tiempo las acabé extraviando”. Reconoce que proyectó regresar con los alumnos en una segunda ocasión “pero luego, por unas cosas y otras no volvimos”.

El monte albergaba un castro con dos muros defensivos
Eso sí, a raíz del hallazgo que parecía evidenciar la presencia del castro, el profesor -a la postre también director del centro- habló de ello con el alcalde de Meaño Jorge Domínguez, quien por entonces estaba es su primer mandato, sobre la posibilidad de promover una excavación reglada en el monte “pero Jorge me dio para atrás -recuerda- argumentando que había muchos lugares así y Patrimonio prefería que quedaran enterrados y no se supiera mucho de ellos”.
Hoy ya jubilado Benito Orge lamenta que “actuaciones posteriores en el monte, con la construcción de un área recreativa incluida, hayan alterado mucho su fisonomía original”.

Monte Lobeira al fondo, visto desde de San Cibrán
La leyenda
El monte de San Cibrán tiene en su haber su leyenda conectada precisamente el mundo de los castros. Se trata del mito de la “trabe de ouro”, viga subterránea de oro que unía castros o lugares emblemáticos, fabulación mítica que aludía a fastuosos tesoros escondidos. El escultor, Francisco Pazos, conserva un archivo sonoro de los años 80, en el que ancianos de Cobas nos ponen sobre la pista en lo que a San Cibrán toca. A sus 85 años Nicanor Riveiro también da fe de ello con un dicho escuchado a sus antepasados: “desde Monte Lobeira a San Cibrán, pasando polos Aforcados (monte de) hai unha cadea de ouro que vale sete reinados”, refiere. El dicho mentaba una supuesta cadena de oro oculta bajo tierra, versión en la zona del mito de la “trabe” o “viga” de oro de los castros en el noroeste peninsular.
Otros testimonios recuerdan como, bajo el pretexto de buscar la codiciada cadena, en los años 30 un vecino del barrio de a Igrexa, de nombre Enrique Abal, conocido en la localidad por su militancia izquierdista –acabó huyendo a América para salvar su vida al inicio de la Guerra Civil-, convenció a varios convecinos para subir a cavar en el monte San Cibrán en busca del fastuoso tesoro. Provistos de pico y pala cavaron el monte durante toda una jornada, mas sin encontrar vestigio alguno de la mítica cadena. Se apunta que en un momento alguien dio con “un alfiler de oro”, hallazgo que, de haber ocurrido en la realidad, los vecinos apuntaban a una artimaña del promotor para animar a los demás a seguir cavando en días sucesivos, pero estos desistieron. Aquella excavación fue practicada hacia al suroeste, a la derecha de las escaleras que hoy dan acceso a la cumbre, lugar que precisa Nicanor Riveiro, quien evoca un recuerdo de infancia: “tenía yo siete u ocho años y andaba en San Cibrán con las vacas junto a otro, y recuerdo que existía allí una zona a medio cavar, con piedras removidas. Los mayores que sabían más del asunto referían que en ese punto estuvieran buscando algunos vecinos hacía años la preciada cadena de oro”.
Participantes en la empresa pretextaron luego haber acudido engañados, sospechando que, lo que en realidad pretendía su promotor era, cavar “algún tipo de refugio para utilizar en caso de guerra, o una base que sirviera para instalar algún tipo de cañón en previsión de un conflicto bélico” (archivo sonoro de Francisco Pazos).

Entorno de la antigua "fonte do ermitaño" el Fofán
La capilla y el ermitaño
Primer plano actual de la "fonte do ermitaño"
Tras su abandono los castros se convirtieron en espacios periféricos en el nuevo paisaje rural de las aldeas, lugares que albergaban restos materiales de un pasado pagano donde moraban en ocasiones seres imaginarios. Los moros, como personificación del mal, ocuparon muchas veces ese hueco. Precisamente también en San Cibrán la leyenda refiere que “en un pasado estuvo habitado por moros que fueron expulsados por Santiago Apóstol montado en su caballo blanco”, testimonio transmitido a través de generaciones y que Maruja Abal a sus 73 años refiere haber escuchado siendo joven a los viejos de Cobas.
Espacios así no pasaron inadvertidos a la Iglesia que acabó promoviendo la cristianización de muchos castros. Por ello, ya desde edad temprana y a lo largo de diferentes momentos históricos, se impulsó la construcción de capillas en sus cumbres que pasaron a acoger romerías, procesiones y ceremonias de carácter religioso sobre estos asentamientos protohistóricos en lo que era una forma de apropiación simbólica cristiana de estos poblados.

Una imagen del santo esculpida en el monte mirador
Imagen del santo Cibrán en la iglesia de Cobas





















San Cibrán tampoco fue ajeno a este último proceso. Testimonios, legados por segunda o tercera generación, hablan de la existencia de una pequeña ermita en el monte, la cual estaría situada en la ladera norte -frente al hoy acceso único que sube a la cumbre del montículo-, y en la que se rendía culto al santo Cibrán. Durante un tiempo la capilla habría estado al cuidado de un ermitaño que vivía en este monte y que tomaba agua de una fuente cercana de Fofán, que conserva todavía hoy por ellos el nombre de “fonte do ermitaño”.

Entorno actual del lugar donde estaría ubicada la antigua capilla
Más tarde la ermita fue objeto de litigio ente los vecinos de Cobas y los frailes de Armenteira porque, pese a sus reducidas dimensiones, estaba construida en suelo de ambas localidades -concellos de Meis y Meaño-. Maruja Abal, rememora el recuerdo legado por su abuelo José Abal, nacido en 1876: “la puerta estaba en Cobas -afirma- y ello resultó decisivo para que Cobas ganara aquel litigio”. Y en una de aquellas romerías los vecinos, temiendo por el santo, lo sacaron en procesión por la puerta -otra versión afirma que por una ventana lateral- y desviaron la comitiva para bajar el santo Cibrán a la iglesia parroquial de donde nunca más subió a la ermita. El culto en ella languideció y ésta acabó en ruinas. “Yo sólo recuerdo haber visto con 12 años el hueco de lo que un día fue la capilla en el suelo, y cuatro pequeña piedras, no más”, confiesa Maruja Abal.

Los vecinos construyeron un área recreativa en la zona
La recuperación de la fiesta
En la posguerra los vecinos de Cobas recuperaron la fiesta en el alto, aún sin ermita -Nicanor Riveiro, otrora trompetista de la banda de Meaño, tocaba allí en a finales de 40-. Unas veces en manos de vecinos de Cobas, otras en los de Fofán, la fiesta, no siempre de forma continuada, fue perviviendo hasta la actualidad.
Vinculada a ella unos y otros fueron acometiendo actuaciones en el promontorio con el objeto de mejorar el alto , a costa en ocasiones de destruir vestigios del pasado histórico que podían conectar con el presunto castro. Así, en los años 60 vecinos de Fofán practicaron la actual explanada en la atalaya, y en los 80 los de Cobas, promovieron un área recreativa que conllevó, entre otras actuaciones, la construcción de un muro de contención para sostener la parte alta que amenazaba con derruirse, si bien ello supuso la desaparición del muro original que pudiera haber respondido al recinto de cierre de las viviendas del castro. Otros testimonios refieren como una simbólica piedra ubicada en el alto -¿un menhir?- fue seccionado para ser útil para el ritual religioso. Incluso se barajó la construcción de nueva capilla en el alto del monte, proyecto que no cristalizó.

En su lugar, a inicios de los 90, se coronó con un monumental cruceiro concebido por el escultor de Cobas, Francisco Pazos. La aparente conexión de la pieza con modelos que evocan un pasado neolítico es mera coincidencia según su creador: “llevaba un tiempo haciendo piezas así, y no me planteé nada más, sólo colocar peldaños en el varal para poder ascender por ellos”. Y hoy, agazapado bajo esa cruz, el pasado aún aguarda.

domingo, 22 de marzo de 2015

Así foi e así soou…

300 PERSONAS ENCHERON O AUDITORIO DE RIBADUMIA NA GALA CONTRA O CANCRO DA BANDA DE MEAÑO E O CORO DA ESCOLA

Un momento da gala
Trescentas persoas encheron o auditorio de Ribadumia na Gala Musical Contra o Cancro promovida pola banda Unión Musical de Meaño e o coro da Escola de Música, nunha edición que voltou a ser todo un éxito pola causa. Baixo a dirección do meste Diego Javier Lorente e Marina Penas, banda e coro ofreceron un repertorio de cancións e bandas sonoras, na maioría da factoría Disney, que entusiasmaron a un público entregado.

“Lo más complicado en un evento así -recoñecía Diego Javier Lorente antes de iniciar a gala- es coordinar a cien personas sobre un escenario, chavales, jóvenes y adultos, todos con niveles muy distintos”. “Además -continúa- resulta complejo dar con el balance adecuado para que los instrumentos no tapen a las voces de los niños que, por encima, tienen un papel muy duro porque no es nada fácil aprenderse de memoria una obra de concierto”. De feito a maior carga de traballo cos nenos recaíu na parte coral  onde Marina Penas, recoñecía, levaba dous meses preparando o evento "o que, entre unhas cousas e outras, debeu de supor unhas 50 horas de ensaio cos rapaces, pero que respostaron moi ben".

Banda e coro reuniron a un centear de intérpretes
Baixo o fío conductor dun neno narrador, que acababa de recibir uns libros como agasallo por parte dos avós, o concerto foi levando ao público de conto en conto a través da música, mentras sobre unha pantalla do fondo se ían proxectando fotogramas das películas protagonistas.
O repertorio, de pouco máis dunha hora, incluía as pezas "O ciclo da vida", canción creada por Elton John para a película “O rei león”; “Un mundo ideal” de Alan Menken para a película “Aladdin”, “Pocahontas”, de Stephen Schwartz e Alan Menken; “Como niños”, do alicantino Vicente Egea; “A bela e a bestia” de Alan Menken; “A vida es bela” de Nicola Piovani, para a oscarizada película de Roberto Benigni; e “Que canten os nenos” do cantautor conquense José Luis Perales. Pero sin dúbida a que máis impactou pola seu vigor -e que, de feito, repetíu banda e coro ao final nun bis- foi “Heijamano” do belga Bert Appertmont da cal deixamos aquí unha mostra.


Deixamos aquí un vídeo da gala para que, 
onde queira que esteas, poidas velo.
Para elo pincha no seguinte enlace:
Gala Musical Contra o Cancro

Se queres visionar outro fragmento doa gala 
pincha no seguinte enlace:
Que canten os nenos (fragm.), 
Gala Musical Contra o Cancro



miércoles, 18 de marzo de 2015

Sábado 21, 20,30 horas: ¿Te lo vas a perder?
MÚSICA SOLIDARIA CONTRA EL CÁNCER

Cartel anunciador da gala solidaria
La solidaridad con la causa del cáncer tiene este próximo sábado una cita en el auditorio de Ribadumia a las 20,30 horas con un gala benéfica protagonizada por el banda Unión Musical de Meaño y el coro de la Escola Municipal de Música. Bajo el título “Que Canten os Nenos” las dos formaciones ofrecerán un repertorio para banda, coro y solistas que, conjuntamente, interpretarán bandas sonoras de películas de Disney más otro elenco de piezas, siempre con los niños como verdaderos protagonistas, y todo ello con el hilo conductor de la voz de un niño a modo de narrador.
Las dos formaciones, bajo la dirección de Diego Javier Lorente y Marina Penas, apuran sus ensayos conjuntos en estas últimas semanas con más de un centenar de intérpretes para un concierto con una buena dosis de emotividad y que promete hacer las delicias del público. 
El repertorio de la gala, cuya duración prevista es de una hora, incluye las piezas “El ciclo de la vida”, canción creada por Elton John para la película “El rey león”, “Un mundo ideal” de Alan Menken, “Pocahontas” de Alan Menken y Stephen Schwartz, “Como niños” de Vicente Egea, “La bella y la bestia” de Alan Menkes, “La vida es bella” de Nicola Piovani, “Heijamano” de Bert Appertmont, y la canción “Que canten los niños” de José Luis Perales.
Tanto banda y coro, así como la alcaldesa de Meaño -por cuanto el concello también colabora en la organización del evento- hacen un llamamiento al público para que llene en auditorio en favor de la causa. El precio de las entradas es de tan solo tres euros a modo de donativo. Estas se pueden adquirir en venta anticipada en la propia Escola de Música de Meaño y en luego en taquilla hasta completar las 304 butacas del aforo. Los fondos recaudados se entregarán en esta ocasión a la asociación de lucha contra el cáncer en Sanxenxo.
Se trata de la tercera gala de estas características que promueve la directora Marina Penas junto con Escuela de Música y, en este caso, la banda meañesa. Los dos años anteriores la gala se había centrado en la canción lírica y la zarzuela “pero en esta ocasión quisimos hacer algo distinto para banda y coro, y donde fueran protagonistas los niños”, reconoce la directora vilagarciana que lleva cuatro año al frente de coro de la Escola Municipal de Música de Meaño.

sábado, 14 de marzo de 2015

LA BATEA: DEL MONTE AL MAR

Las bateas forman parte del paisaje de costa en Galicia
Las bateas forman parte del paisaje del mar de Arousa y, por extensión, de la costa gallega donde actualmente existen 3.500 de estas estructuras flotantes en las se cría mejillón y ostra. Un emparrillado de 60 toneladas de madera, sustentado por seis flotadores de chapa industrial de hierro, y del que penden las cuerdas para la cría del molusco, son la base de esta estructura de mar que nace en el monte mismo. En Galicia existe una única empresa que ejecuta todo el proceso al completo y es la meañesa Forjas del Salnés, asentada desde hace más de 30 años en una nave de la costa de Dena. De su mano en este reportaje seguimos paso a paso el proceso de fabricación de una de esas estructuras que acabó botada al mar esta misma semana en aguas de Domaio.

Nave de la firma Forjas del Salnés en Dena, empresa líder en el sector bateeiro
Forjas del Salnés es una empresa familiar -hoy en tercera generación- que arrancó en un taller de herrero en As Covas-Meaño y que en 1974 comenzó a especializarse en la construcción de flotadores metálicos para el nuevo modelo de batea que empezaba a imponerse. Aquellos flotadores se derivaban entonces a las diversas carpinterías de mar que existían en las riberas de Arousa y donde se montaba la batea propiamente dicha. Fue en 1982 cuando Forjas del Salnés empresa levanta una nave industrial en Seixiños en Dena y empieza a asumir todo el proceso al completo. Hoy es, con 32 años, la gran firma gallega -y por extensión española- especializada en la construcción de estas estructuras. Se calcula de que su mano se han fabricado más de 500 bateas en las últimas décadas hoy a flote no sólo en la ría de Arousa sino también aguas de Combarro, Aldán, Vigo, Sada, e incluso en aguas mediterráneas de Valencia y Málaga.

Preparando vigas de batea en un monte de Xil
En el monte
“El primer secreto de una buena batea está en el monte donde hay que seleccionar madera de primera calidad para que la estructura dure más años”. Quien así habla es Rodrigo Méndez Arosa, directo de Forjas, que se encarga de la sección de trabajo en el monte. “La madera debe ser eucalipto cultivado en zona alta o rocosa -explica- porque el de zona baja y húmeda es de peor calidad y en el mar comenzará a pudrir en en seis o siete años, mientras el otro resistirá quince o más”. La de eucalipto es elegida con respecto a otras maderas “por su mayor flexibilidad y menor coste porque, aunque se ha experimentado con otros materiales, estos son de momento mucho más caros”.
Preparar la madera para una batea le supone a una cuadrilla de tres personas una semana de duro trabajo en el monte. Tras talar los árboles seleccionados -deben tener un mínimo de 30 centímetros de diámetro y 30 metros de largo- se preparan sobre el terreno las diferentes vigas con sección cuadrada para confeccionar el emparrillado, a saber: 6 vigas maestras de 40x40 cms. y 27 metros de largo, que van directamente encima de los flotadores; 11 transversales, de 30x30 y también 27 metros de largo; dos “látigos” de 40x20 y 20 metros de longitud para unir la puntas en los laterales; y una viga de amarre de 40x40 y 8 metros de largo, que es donde se engarzará la cadena que une con el “muerto” de hormigón, anclando así la batea al fondo. La estructura se completa con 70 puntones -de 10x8 centímetros- de 4,50 m. de largo y otros 70 de 6,50 m. En total, se calcula que una batea estándar necesita entre 60 y 65 toneladas de madera.
En los últimos años Forjas del Salnés consigue buena parte de esa madera en la comarca de Santiago “porque allí hay menos minifundio y se pueden encontrar montes que aporten 70 u 80 vigas, mientras que en O Salnés tenemos que hacerlo cortando en varias parcelas y eso resulta menos rentable”

Vigas de eucalipto cargadas para ser trasladas del monte a la costa
El transporte
El traslado de la madera a la nave de Forjas en Dena o a la base donde se monta la batea -caso de esta de Domaio- se realiza mediante un transporte especial por parte de una empresa externa contratada al efecto, el cual debe autorizar la Guardia Civil de Tráfico. “Se cursa un solicitud -explica Rodrigo Méndez- y Tráfico marca el horario y define el trayecto que debe realizar el camión que porta la vigas y que debe viajar siempre con dos vehículos de apoyo, uno delante y otro detrás”. “Si algún lugar de paso es complejo -añade- es la propia Guardia Civil la que cursa aviso a la policía local del municipio en cuestión que espera al convoy para aclarar el tráfico en ese punto”.
Dada las características del convoy el viaje es lento en aras de la seguridad. “Desde Santiago a Dena un porte de vigas dura unas tres horas” precisa Rodrigo Méndez, quien añade que   “en este momento sólo existe una empresa en Galicia autorizada para efectuar estos portes por toda la comunidad, y es la meañesa Transportes Simane, que es con quien trabajamos, las demás  tienen limitado su radio de acción y sólo pueden realizar el traslado de vigas dentro de una circunscripción determinada”.

Flotadores para bateas dispuestos en el exterior de la nave de Forjas en Dena 
El montaje
Mientras, en la sede de Dena durante las dos últimas semanas los siete operarios del Forjas del Salnés, han venido construyendo los seis flotadores que sostendrán la estructura sobre el agua. Se trata de piezas cilíndricas de 4 metros de largo por 2,20 de diámetro -medida estándar, que puede variar ligeramente según la demanda del cliente- que se elaboran en chapa industrial de hierro de 8 milímetros de espesor y recubierta de poliéster. Esta es otra de las claves que apunta el gerente José Manuel Méndez Lázaro: “hay que ir siempre a materiales de primera calidad, un buen poliéster, una buena madera… en ello va la longevidad de la batea”. “Nosotros tenemos flotadores en bateas que llevan 40 años en el mar -añade- y que van con su cuarto emparrillado encima, esos flotadores no aguantarían tanto tiempo si el material fuera de segunda”.

Bateas en la costa de Dena, en espera de ser tratadas por Forjas del Salnés
El montaje de la estructura se realiza en Dena si la batea está destinada para Arousa o a la ría de Pontevedra. En otros casos, como este de Domaio, se monta sobre una rampa del puerto concebida para esta finalidad “y en otros lugares como Sada las montamos arriba en el muelle y luego se bajan al mar con dos grandes grúas tipo Doniz”. Manuel García dirige desde hace 20 años el equipo de montaje. “Es un trabajo que nos puede llevar tres -afirma-, primero montamos vigas sobre flotadores y atornillamos con martillos neumáticos, y luego vamos colocando el resto de la madera hasta confeccionar toda la estructura”.
En este caso de Domaio, cuando la batea se acabó de montar en la rampa, se aprovechó una pleamar para soltar las amarras que la unía al muelle y la estructura acabó flotando en el agua y arrastrada luego por un barco a su destino. En cambio, cuando el montaje se ejecuta el Dena la empresa, con nave a pie de costa, trabaja directamente en ribera. “Aprovechamos la seca de la bajamar más larga que se produce cada 15 días -explica Rodrigo Méndez- para tener más margen de maniobra: en ese tiempo colocamos los flotadores y montamos las primeras vigas, para luego trabajar ya sobre esa estructura”. “Así -continúa- la batea está en el mar desde el primer día y no hay que bajarla. Cuando está terminada, aprovechamos el momento de pleamar más grande que se produce también cada dos semanas para que el barco del cliente disponga de calado suficiente, llegue, la enganche y la traslade a destino”.
Una vez en anclada en el mar la empresa ofrece también labores de mantenimiento. “En los primeros años ni es necesario -indica José Manuel Méndez- pero luego con el tiempo, es como un coche, y hay que ir realizando algunos reaprietes de tornillería”.

Las cuerdas, donde cría del mejilón, penden de las bateas bajo el mar
La alternativa
Una de las alternativas que maneja el sector es la batea con vigas de polietileno de alta densidad, material en el que Forjas del Salnés ya fabricó en 2011, en colaboración la firma ferrolana Tepsa -líder del sector en España-, una batea piloto que está anclada desde entonces en aguas de Combarro. “Cabe seguir investigando porque el material es aún algo flexible de más -apunta Rodrigo Méndez-, pero la batea en sí está comportando bien: le han quitado ya varias cosechas y no ha habido que practicarle aún ningún reapriete”. La ventaja del material es que “una batea así puede durar 40 ó 50 años en vez de los 15 de una convencional con vigas de eucalipto”. El inconveniente está en el precio “porque la de polietileno ronda los 120.00 euros, el doble que la de eucalipto”. Rodrigo Méndez reconoce que varios bateeiros se han interesado por este nuevo material “y de hecho se han puesto en contacto con nosotros, pero de momento hay que esperar, investigar y mejorarlo más”.

Vista aérea de la costa gallega pagada de bateas
El sector y la crisis
La crisis también sacude al sector. “Hace años fabricábamos unas 30 bateas anuales, ahora hacemos 7 u 8” indica Rodrigo Méndez, quien apunta razones para la merma: “la crisis económica, el sector del mejillón está muy desunido, hay problemas con los precios, la toxina… todo ello lastra el sector”. Cierto que los precios fabricación de una de estas estructuras flotantes no ha bajado y sigue rondando los 60.000 euros “porque están ya muy ajustados, y sólo podría rebajarse a costa de la calidad, a lo que nosotros no estamos dispuestos”.


Otra imagen de la nave Forjas del Salnés en Dena
En este momento la firma tiene en cartera cuatro pedidos, dos para Domaio y otros dos para Dena. Además no pierde de vista el exterior por cuanto cabe que tengan que construir este año dos bateas en Valencia donde ya montaron otras cuatro en 2010. “En Valencia existen actualmente 20 bateas dedicadas a la “clóchina”, que es como conocen allí el mejillón -explica Rodrigo Méndez-. Son estructuras construidas sobre el esqueleto de casco de barcos, tal y como se hacía antes aquí. Ahora allí están empezando a renovarlas y copiando ya el modelo de las actuales bateas gallegas”.
Pero la crisis también afecta a los propios bateeiros que, según reconoce Rodrigo Méndez “tratan de alargar la vida de la batea reparándola un poco aquí y allí para ir tirando, cierto que en ocasiones a costa de la seguridad, no sólo de la estructura sino de la persona que trabaja encima de ella”. “El problema -añade- es que, al estirarle la vida en exceso, se suelte un flotador o una viga maestra, y la batea se vaya al fondo o la deriva y haya que ir a buscarla como ya tiene ocurrido en alguna ocasión”. De hecho recuerda como los temporales del pasado año “dieron al traste con unas quince bateas, en parte porque van más viejas”.
Al final de su vida útil la batea es traída de nuevo a tierra. “Si los flotadores están en buenas condiciones -apunta Rodrigo Méndez- se les dota de una nuevo emparrillado y de nuevo al mar, sino se desmonta todo y tanto madera como flotadores se reciclan a través de empresas especializadas”.

sábado, 7 de marzo de 2015

Juan Carlos Vázquez Pérez
Presidente de la asociación Penaguda de Dena

La asociación cultural Penaguda viene de cumplir los 30 años de actividad con sus grupos de gaiteiros y baile regional que históricamente han sido -y lo siguen siendo- su principal reclamo. A lo largo de estas tres décadas la suya ha sido una historia humilde, sin apenas ruido, pero de constancia. La personalidad de su presidente Juan Carlos Vázquez Pérez (Dena, 42 años) resume este ideario. Rehúye el protagonismo y procura colocarse en un segundo plano en detrimento del grupo: “lo importante es la gente que está conmigo” advierte “o aquellos que, aún no estando en la directiva, nos echan una mano en la organización de actividades”. Lleva 14 años en la presidencia de la entidas, y los 30 vinculado a la asociación donde se inició como gaiteiro . El “Encontro Folclórico” de junio, el “Serán na Capela” o la cabalgata de Reyes cumple en esta edición los 29 años con la asociación se han convertido en santo y seña de esta entidad, cuyos gaiteiros han actuado en la Semana Santa de Sevilla o Salamanca, y que prepara ahora un libro que recoge parte de esta historia.

“NECESITAMOS UN LOCAL ACONDICIONADO PARA PODER ENSAYAR”

Juan Carlos Vázquez, presidende de la cultura Penaguda de Dena
¿De dónde quita uno la energía y el tiempo para permanecer en la presidencia de una entidad sin ánimo de lucro catorce años?
La clave está en contar con gente que te ayude. Reconozco que antes me ocupaba más tiempo, ahora contamos ya con un equipo de gente muy rodado que se incorporó conmigo hace catorce años y que hoy es muy capaz de sacar adelante las actividades por sí.
Penaguda acaba de cumplir los 30 años de vida y usted estuvo presente en toda esta etapa. ¿Qué recuerda de cómo nació?
Nació en 1984 en el seno del colegio de Coirón. Allí una profesora que se llamaba Ilda Piñeiro daba clases de baile gallego apoyándose en un reproductor de cassette para que la música sonara. Fue entonces cuando varios profesores del centro en contacto con algunos padres alentaron la creación de una asociación cultural para impulsar la creación de un grupo de gaiteiros que pusieran música en vivo. Y así nació la cultural Penaguda, ligada desde siempre al baile y a la música regional. De hecho el primer presidente fue un profesor del centro, Benito Orge, y los vecinos de Dena, Rafael Dovalo y Fernando Otero, fueron los primeros profesores de gaita.
¿Cómo se organiza la formación musical en Penaguda?
Desde el año 2000 separamos bien lo que es la escuela de lo que son los grupos de actuación. En este momento contamos con una escuela de baile y otra de música tradicional que incluye gaita y percusión. En la primera están matriculado 45 personas, en su mayoría niños que empiezan ya con cuatro años; en la segunda tenemos 14 alumnos, que empiezan con ocho años. Aunque la mayoría de los alumnos son chavales también contamos con algunos padres y otra gente mayor. Luego tenemos los grupos de actuación propiamente dichos que tienen ensayos independientes: 10 personas integran en grupo de gaitas y 20 el de baile.

¿Cuántos gaiteiros calcula usted que han pasado por el grupo Penaguda a lo largo estos 30 años?
Más de 130.
¿Hicieron algunos carrera musical ligada a la música tradicional?
Sí, en el momento actual contamos con un miembro del grupo como es Antonio Prieto que completó sus estudios de zanfona y gaita en la Escuela de Música Tradicional de Vigo, y ahora está formándose en la percusión. También está María Vidal que realiza estudios de música tradicional en Santiago.
¿Dónde tienen actuado los gaiteiros de Penaguda a lo largo de estas tres décadas?
Hasta el 2000 la mayoría de las actuaciones tenían un carácter local o comarcal. Pero desde entonces trabajamos muchos los intercambios y eso nos ha llevado fuera de Galicia en varias ocasiones: hemos actuado en Oporto y otras localidades portuguesas, en Ibiza, Murcia… en 2014 lo hicimos en la Semana Santa de Sevilla y en 2013 en la de Salamanca.
¿Y cree que está reconocida en Meaño la labor de la cultural Penaguda con sus grupos de gaita y baile?
No, para nada. Siempre hemos sido una asociación un tanto olvidada, apenas existimos para muchos, creo que nunca hemos sido realmente valorados a lo largo de este tiempo.
¿Por qué cree usted que cuesta que la gaita cale en un municipio tan musical como es precisamente Meaño?
Creo que es porque ofrecemos una actividad que no es ocio propiamente dicho, como es el deporte, ni tampoco es formación o conocimiento al uso, como es el inglés, la informática… Nosotros estamos un poco a medio camino entre ambas: se necesita tiempo libre para ello, pero también mucha dedicación, y ambas cosas a la vez cuestan.

¿Han celebrado de alguna forma este 30 cumpleaños?
Dos carteles del "Serán da Capela", evento organizado
por la cultural Penaguda de Debna
Lo hemos estado haciendo a lo largo de todo el año organizando una actividad al mes, cierto que muchas apenas han tenido eco. Ahora estamos con el proyecto de editar un libro titulado “30 anos, 30 historias”, una publicación con fotografías de músicos que han pasado por la asociación, donde se muestra una foto de sus inicios a la par que una actual, y cada cual hace acompaña una pequeña reseña a modo de historia personal. Lo tendremos en la calle en los próximos meses.
¿Qué le parecería que se impartiera gaita en la Escuela Municipal de Música de Meaño?
Me parecería fantástico. Ya lo hicieron un año, pero se conoce que no caló. A nosotros nos vendría bien porque los chavales que aprendieran gaita allí precisarían luego de un grupo con el que salir a tocar y ahí entraríamos nosotros.
¿Cuáles son las principales dificultades con que se encuentra su asociación en el día a día?
La principal es la económica porque falta apoyo por parte de todas las administraciones, que sólo de cuando en vez te dejan caer algún “cacahuete”. Es por ello que asociación y grupos se mantienen íntegramente con el dinero que generan sus propias actuaciones. Nadie de los componentes ingresa dinero por actuar, el dinero se invierte luego en la compra de trajes, instrumentos, en financiar los viajes… Y, a cambio, estar en el grupo no supone gasto alguno a sus integrantes porque los trajes, instrumentos y demás los ha adquirido ya la asociación. En lo que respecta a las escuelas los padres aportan una tasa al mes para pagar tres profesores que tenemos.
¿Cuál sería  su principal demanda al concello de Meaño? 
La principal sería un contar con un local propio y debidamente acondicionado para poder ensayar. Desde hace unos años estamos ensayando en un local prestado por el concello que está en el peor sitio de la cultural de Dena: el sótano. Es un local que no reúne las condiciones mínimas: se trata de dos aulas bajas, con sonoridad pésima, una es interior y carece de ventana, hemos tenido que comprarle nosotros mismos los espejos de pared para las clases de baile… Incluso no podemos guardar allí los instrumentos, lo hacemos en un local que nos cedió la dirección del colegio de Dena en el recinto escolar. Y eso después de haber sido durante 30 años los verdaderos dinamizadores de la casa de cultura de Dena, era esta asociación la quien mantenía la actividad de las instalaciones cuando allí no había nada hace años.
La suya ha sido la cara de la asociación en estos últimos catorce años, ¿piensa que está asegurado el relevo si usted decide echarse a un lado?
Sí, de hecho creo que si yo no hubiera estado en los dos últimos años las actividades de la asociación se hubieran hecho igual.

sábado, 28 de febrero de 2015

DEPORTIVO XIL: TODO UN CLÁSICO
           
El Deportivo Xil se ha convertido en todo un clásico de la comarca: 42 años contemplan a este equipo nacido en 1973 fruto de un movimiento local promovido por Horacio Castro, Miguel García Quinteiro, los hermanos Galiano y algunos otros para la construcción de un terreno de juego que albergara el fútbol que los chavales de Xil practicaban en el campo de “O Pazo”. El Xil, que militó en segunda y tercera regional, se midió en su día en liga a equipos como Vilalonga, Portonovo, Céltiga, O Grove o Ribadumia entre otros, pero sin duda los partidos que despertaba más pasión cada año eran los derbis con el otro equipo meañés, el Unión Dena.


De esquea a dereita, arriba: Ribeiro, Gino, Pepe Zapateiro, Manolo Camiña, Doro,
Cielo e Caseano; e abaixo: Cándido, Lito, Galiano, Ernesto de Luis Domínguez.
Los orígenes
La historia del fútbol en Xil se retrotrae a los años 30 cuando en plena II República los jóvenes de la localidad integraban un equipo que jugaba en el “campo do Pazo” y en “el campo da Cagallona” (próximo al cementerio de Meaño) enfrentándose a otros de la comarca como el Libertad o el Juventud de Sanxenxo, “O Empalme” de Sisán, “O Racha” de Vilalonga, el “Xa Virán” de Castrelo, el Anduriña o el Pontearnelas, entre otros. Eran encuentros amigables en campos no reglados y que no formaban parte de ninguna competición oficial. Aquel equipo se disolvió a inicios de los 40 y aunque el maestro de la parroquia, José Durán Medaniche quiso recuperarlo a finales de la década -pretendía llamarlo Deportivo Gilense-, fracasó por no llegar a acuerdo con los vecinos para permitir que se jugara en el “campo do Pazo”.

Primeiro partido do Xil, amigable no campo de Marquesa en Barrantes, 22-08-73
Segundo partido amigable do Xil, amigable en Poio, verán de 1973
El fútbol organizado no se retomaría en Xil hasta 1973 en que nace el Deportivo Xil. Horacio Castro García, que fuera uno de los promotores del club -y a la postre primer presidente-, rememora el momento: “los chavales llegaron a un acuerdo con el dueño de una finca en O Pazo y le pagaban un alquiler, poniendo cada uno el dinero que podía, para jugar allí al fútbol, Recuerdo que un día íbamos caminando por el lugar Miguel de Quinteiro (García Quinteiro) y yo, cuando vimos como el balón les cayó en una finca aledaña, su propietario lo recogió y no se lo devolvió, acabándose allí el partido”. “En aquel momento -continúa- empezamos a hablar de lo bueno que sería que los chavales tuvieran un campo donde jugar, pues ya entonces empezaba a aparecer la droga y entendíamos que si los chavales ocupaban su tiempo en el fútbol se olvidarían un tanto de ella”. “Quinteiro -prosigue Horacio Castro- me dijo que tenía un monte bastante llano que, acondicionado, casi debía dar un campo y en las semanas siguientes nos pusimos a ello: hablamos con los vecinos colindantes para conseguir más terrenos y hacer un campo reglamentario, y empezamos a organizar un club federado”.


Obras de construcción do campo de Boavista, ano 1973

El campo de Boavista
El campo pudo construirse gracias a aportaciones vecinales más a la mano de obra que muchos de ellos ofrecieron de forma altruista. “Teníamos 25.000 pesetas -recuerda Horacio Castro- que fue lo que nos cobró la pala por allanar el terreno, el resto del trabajo fue nuestro”. El Boavista -que así se bautizó- se inauguró oficialmente el 23 de junio de 1974 en un partido en que el Deportivo Xil se medía a una selección gallega, ante la que cayó por 1-4. Aquella fue una jornada festiva en la parroquia: traca de bombas a las ocho de la mañana, misa a las 12 en el campo con sermón a cargo de cura párroco Manuel Cornes y presencia de la Virgen del Carmen -nombrados respectivamente coadjutor y protectora del club-, aperitivo en el campo y, por la noche, tras el partido, una verbena.

Personaxes que forman parte da historia do clube, nunha foto actual.
De esquerda a dereita:  Ricardo Galiano, Amancio, Horacio, Manuel Padín e Sueiro
Pocos saben, no obstante, que los colores oficiales rojinegros de la indumentaria con que se viste desde entonces el equipo -que evoca la del Milan italiano- son fruto de un error que nos explica el propio Horacio Castro: “En principio habíamos acordado que la camiseta fuera toda roja y el pantalón blanco, de hecho esos colores se registraran ya así en la Federación. Sin embargo, cuando la empresa de pinturas pontevedresa Celso Míguez, que se brindara a regalarnos la indumentaria, nos la entrega comprobamos al abrir la cajas que las camisetas era a rayas verticales rojas y negras. Entonces nos dijimos que también eran bonitas y nos quedamos con esos colores”.
Cierto que a la hora de entrar en competición oficial y estrenarse en aquella temporada 1973-74 surgieron problemas con el campo. Y es que la Federación Gallega de Fútbol, tras recibir una serie de reclamaciones, decidió excluir al equipo del campeonato al entender que el Boavista no reunía las condiciones requeridas, sobre todo en lo referente al excesivo desnivel del terreno de juego y a la falta de un acceso en condiciones al mismo. Pero el Xil apeló la decisión y consiguió una prórroga de ocho días para subsanar los problemas, lo que logró hacer en ese corto período de tiempo la directiva que presidía Horacio Castro.

Cartel anunicador do partido de inauguración do campo
de Boavista, 23-06-74
Empieza la competición: los años 70
El Deportivo Xil se estrenaba así en liga en la temporada 1973-74 con Leonardo Martínez (Barrantes) en el banco para disputar la entonces segunda regional “Rías Baixas”, una liga de 13 equipos en la que militaban clubs de tanta solera hoy como el Portonovo, Umia, Vilalonga, Deportivo Grove, Céltiga o Ribadumia, entre otros. Como cabía esperar el Xil no brilló en aquella su primera temporada: acabó colista con tan sólo siete puntos. Su primer gol lo materializó el meañés Luis Rodríguez “O Vigués” en un partido jugado en Boavista ante el Céltiga y donde el cuadro meañés cayó por 2-3. Su primera victoria llegó en el derbi ante en Dena, un domingo 13 de enero de 1974, en que Xil se imponía en As Cachizas por 0-2, goles ambos de Miguel Sueiro. El equipo lo integraban Andrés, Luis, Juan, Melón, Carmelo, Victor, Eduardo, Galiano, Sueiro, Miguel y Lino. Otra victoria ante el Ribadumia y tres empates completaron los puntos del Xil en aquella primera temporada.


1974, expedición do Xil en barco cara a Illa para xogar co Céltiga
En la 1974-75 el Xil clasificó séptimo en la mitad de la tabla, y en el 75-76 lo hizo octavo lo que le permitió salvar la categoría por un punto dado que al año siguiente se creaba la tercera regional. Horacio Castro refiere el conflicto que se produjo con el Cangués, filial del Alondras, que pretendía la plaza del Xil en segunda: “fue necesaria una reunión de la Federación en Santiago, en la que dijimos que estábamos dispuestos a apelar a la nacional porque entendíamos que la plaza era nuestra. Aquella votación la ganó el Xil y el Cangués, dolido, acabó disolviendo el equipo”.
Pero en la temporada 1976-77 el Xil no pudo mantener la categoría y, tras clasificar como colista, desciende a tercera. El equipo se movió durante casi una década en esta categoría donde los más que pudo fue clasificar tercero en la 1978-79.


Equipo do Xil na tempda 1976-77, de esquerda a dereita, arriba: Suso, Cons, Ferrancho, Ñico (porteiro), Ruel e Bernardino; 
e abaixo: Juan, Currás, Mazola, Quirós e Chas.

El regreso a segunda
Fue en la segunda mitad de los ochenta cuando el Deportivo Xil vive otro momento dorado, este de manos de José María Alonso Esperón en la presidencia y de Ramiro García Fariña (Dena) en el banco. En la segunda temporada de ambos, la 1987-88, el equipo se proclama campeón de su grupo de tercera y consigue el ascenso a la segunda regional. Aquel plantel todavía se recuerda en Xil: Dozo y Fandiño como porteros Varela, Uzal, Banjamín y Nando en defensa; Arturo, Eladio Abal, Pepe “O Rubio” y Horacito en el dentro de campo; y Manuel Ángel y Piñeiro en punta. Junto a ellos jugadores como César, Martiño, Andrés y Raúl Abal, Vázquez, Martiño y Eladio Vilas. No sólo habían conseguido el histórico ascenso sino que también llegar a jugar la final de la Copa Diputación en esa temporada, final en la que cayeron ante el ante el Moraña por 1-2. “Era una buena hornada de jugadores, de que los que muchos venían ya de nuestros juveniles con José Muras” recuerda hoy José María Alonso, de cuyas paredes del ya mítico Bar Xil cuelgan 14 fotografías del equipo en diferentes etapas del club. “Aquélla -continúa- fue una época de mucha unión entre todos, íbamos con autobús a los campos y llevábamos hasta parte de la banda de música de Meaño que viajaba a los partidos para animar al equipo”. No fue fácil retener el plantel “porque el Ribadumia, Vilalonga, Cambados, Umia y otros equipos de arriba en nuestra zona pronto pusieron sus ojos en varios de nuestros jugadores que se acabaron yendo”. Así las cosas el equipo se mantuvo dos temporadas en segunda tras las cuales cae de nuevo a la tercera donde milita hace 25 años, abonado casi siempre a la zona baja y siendo habitual farolillo rojo.

José Mª Alonso nunha foto actual
Otros logros se pueden mencionar de aquellos años 80. Así en la temporada 1984-85 se construye la única grada que hoy alberga en campo en su lateral sur. “La hicimos por la noche cuando íbamos a echar allí horas al regresar de nuestros trabajos -rememora José María Alonso-, incluso recuerdo ir con los tractores a buscar piedras por los viejos muros de los montes para hacer la cimentación”. También fue a mediados de esa década cuando se construyó un pozo para dotar de agua en condiciones al campo “porque antes la cogíamos literalmente en un regato cercano” apunta José María.  A ello ayudó el Vilalonga “porque estaba remodelando su campo de San Pedro y entrenó una temporada en Xil -explica el entonces presidente- Acordamos no cobrarles nada y que a cambio nos ayudaran a financiar la construcción del pozo y la canalización para dar servicio al campo”. La época trajo consigo también algún susto como cuando un invierno duro se cayó el muro de la fachada del campo que hubo que levantar de nuevo cuando al club apenas tenía fondo alguno.

Banquiño do Xil en Porriño no anos 70, con Fandiño no centro.
A súa deretia Albino (entrenador) de Manolo Galiano
Presidentes, entrenadores y jugadores
Los más de 40 años de historia del Xil fueron posibles gracias a la labor de presidentes como el mentado Horacio Castro, al que siguió Manuel Galiano, Silverio Méndez, José Mª Alonso, Telmo Martín -el empresario que fue alcalde de Sanxenxo, diputado provincial y alcaldable en Pontevedra presidió el Xil en la temporada 1988-89- Horacio Cacabelos, Olegario Ortega, José Manuel González, Marcelino Cores, Néstor Naveiro y el actual Ricardo Pardo. Por el banco han pasado, entre otros, entrenadores como Leonardo Martínez, José María Camiña, Chás, Ramiro García Fariña, “Balois, José Domínguez “O Rubio” o Albino entre otros. Y también sumaron muchos directivos en la sombra, por encima de todos el omnipresente Manuel Fandiño, el que más años de largo comprometió su labor, gris y efectiva, con el club de sus amores.

05-09-76: Horacio Castro impón a insignia de ouro
a Mullonio cando se vai para o Pontevedra
Cuando se pregunta por jugadores a cualquier aficionado histórico del Xil, todos mentan a Mulloni como el mejor. A José Manuel Martínez Mulloni -que era un nombre completo-, natural de Sanxenxo, bien lo recuerda Horacio Castro: “era un interior muy bueno, que destacaba mucho, y que vendimos en 1976, aún siendo juvenil, al Pontevedra por 50.000 pesetas, cuando por aquélla el presupuesto de una temporada nuestra debía rondar las 100.000 pesetas”. Cierto que el Xil obtuvo aún más dinero por el jugador por cuanto hizo añadir una cláusula en el contrato por la que si Mulloni se iba traspasado a otro equipo el Xil  percibiría el 5 por ciento del dinero de la operación. “Y como quiera que al principio Mulloni se fue al Pontevedrés que era el filial -explica Horacio Castro- y luego recaló en el Pontevedra como profesional, se entendió este cambio como un traspaso por lo percibimos 150.000 pesetas a mayores, que era mucho dinero, y que el entonces presidente Silverio Méndez empleó en construir unos nuevos vestuarios en un lateral del campo”. Después del Pontevedra Mulloni, según recuerda el Horacio, acabó recalando en el Lorca.
El que fuera primer presidente destaca a otro jugador de la quinta, Monchiño, “también un centrocampista muy bueno que acabó traspasado al Arosa en esa misma época por 25.000 pesetas”. Era un dinero que, cuando aparecía, suponía una inyección para un club que estaba siempre bajo mínimos y que únicamente se mantenía con las cuotas del poco más del centenar de socios que tenía, la cantina y la taquilla “porque por entonces con el Céltiga, Vilalonga, Dena, Portonovo, todos ellos equipos de aquí, había mucha rivalidad por lo que aún venía gente y se hacían buenas taquillas”.


Equipo do Xil cara a 1981
Aquellos fueron los únicos traspasos por los que se obtuvo dinero. Pero hubo jugadores que recalaron también en otros equipos de arriba: “A finales de los 80 -recuerda José María Alonso-, del equipo que subió a segunda, se fue el central Nando al Cambados que entonces militaba en tercera, o Eladio Abal al Vilalonga”. “De manera especial -añade- recuerdo a este último: era un centrocampista excelente, con buen disparo y que tenía unos saques de banda que parecían córners: ¡era capaz de colocar el balón al segundo palo! Tenía calidad para triunfar, pero quizá su timidez le impidió explotar”.

Anecdotario
1979-80, partido de farra en Xil.
De esquerda a dereita: Ruel, Cores e Victor
En sus orígenes el campo de Boavista estaba totalmente abierto “por lo que te imaginas el tiempo que se perdía cada vez que un balón se iba fuera” apunta Horacio Castro. Su cierre perimetral se acometió en la temporada 1975-76. El club, que sólo disponía para ello de 30.000 pesetas que aportara una tienda agraria de Sanxenxo, se encontró con la generosidad de un empresario de Xil y socio del club, Evaristo Varela, que tenía una fábrica de ladrillo en Dena -popularmente conocida como la fábrica de los Calixtos-: “el se brindó a aportar el material -recuerda Horacio- y esperaba por el dinero tres años. Envió los ocho camiones de ladrillo que hacían falta y al final nos condonó toda la deuda”. Eso sí, el empresario que era también acérrimo seguidor y socio de Pontevedra, ponía su condición: “cuando yo le decía que Mulloni podía ir al Celta -recuerda Horacio-, él me espetaba: ¡si no va al Pontevedra, olvídate del ladrillo!”.
Tal gesto sirvió para que el club nombrara a Evaristo Varela socio de honor y le concediera la insignia de oro: “recuerdo que cuando se la puse antes de un partido en pleno centro del campo -rememora Horacio- no se le aguantaba en la chaqueta de punto y él emocionado me apremiaba diciéndome: ¡rómpeme la chaqueta!, ¡rómpeme la chaqueta!”.

Equipo do Xil a fins dos anos 70
Los árbitros también dieron mucho juego por aquellos años. “Una vez en Grove -recuerda Horacio- estábamos ganando 1-2 y el trencilla pitó el final ¡quince minutos antes de la hora! Cuando se percató del error nuestros jugadores ya estaban con la ropa toda mojada festejando la victoria bajo la ducha y en estas el árbitro se presentó requiriendo que volviesen al campo. Al final acordamos jugar ese cuarto de hora otro día porque estábamos todos mojados, y ese otro día logramos mantener la renta”. “En otra ocasión en Arcade -continúa- desde la grada le llamé a un árbitro falangista y éste, ni corto ni perezoso, paró el partido y mandó la pareja de la guardia civil a donde yo estaba para recriminarme”.

Equipo do Xil a inicios dos 80 con Telmo Martín de porteiro
La presencia de la guardia civil era habitual en cualquier campo de segunda o tercera  “tanto que había árbitros que no empezaban el partido si no estaba presente la guardia civil” apunta Miguel Sueiro, quien fuera jugador y capitán del equipo. Y es que las trifulcas eran frecuentes: “yo tuve que encerrar a un aficionado del Xil en Mosteiro -recuerda Horacio- para evitar que se la armaran al árbitro”. “En otra ocasión -continúa- recuerdo que Silverio (Méndez) tiró un bote de bebida al terreno de juego y se dio a la fuga empezando a correr por la grada, pero la guardia civil que estaba en el campo lo paró y quiso llevárselo detenido. Tuvimos que convencerles entre varios para que desistieran”. “Eran situaciones que se vivían en todos los campos -precisa Miguel Sueiro-, que eran más fruto de la ignorancia que de otra cosa y que, con el tiempo, fueron remitiendo conforme fue habiendo más cultura”.
Otro mal endémico de aquellos años eran las alineaciones indebidas: “quien más y quien menos reforzaba en alguna jornada el equipo si tenía ocasión -reconoce Horacio-. Recuerdo en cierta ocasión al Deiro, que nos recibía en su campo, y que contó con Millán que era portero del Cambados. El partido se puso feo y al final denuncié al árbitro la alineación indebida. La cosa no sentó bien y cuando nos visitaron en la segunda vuelta en Xil acabamos a paraguazos”.

O Deportivo Xil a fins dos anos 80
Prima y triunfos sonados
El Xil ha sido siempre un equipo humilde donde el dinero falta por doquier. “Solo en los años 70 los jugadores percibían alguna prima por ganar si la taquilla era buena -apunta José María Alonso-, de hecho yo recuerdo haber recibido en una ocasión 300 pesetas”. Pero el dinero era excepcional y esas primas ocasionales desaparecieron con el descenso a tercera. “Cierto que en la temporada 88-89 hubo una -relata José María Alonso-, la única de que tengo constancia en 30 años y que ofreció el entonces presidente Telmo Martín, que mantenía un pique tremendo con Ribadumia, y que decidió pagar a cada jugador que ganó allí 0-1, 5.000 pesetas por barba por aquella victoria”. E incluso nos refiere el caso de la única prima a terceros en la historia del club: “nos la ofreció en 88-89 estando en segunda un directivo del Cuntis que se presentó aquí ofreciendo 100.000 pesetas por no perder en Bueu, porque si puntuábamos allí subía el Cuntis si ganaba”. “Pero aquel dinero no lo cobramos -continúa- porque en Bueu, que estuvimos ganando 0-1 durante buena parte del partido, caímos por 2-1 con un gol a poco para acabar el partido por un penalti fuera del área por mucho”.

O Xil arredor de 1996-99
Más de cuatro décadas de historia dan también para algunos triunfos sonados “como cuando ganamos al Céltiga 1-2 en a Illa, a donde entonces se iba en barco porque no había puente -rememora Horacio- Recuerdo que nuestro portero, Lino Cores hiciera un partido fantástico, tanto que le pedían la camiseta al final y él les repetía: ¿pero cómo voy a daros la camiseta si no tenemos dinero para comprarlas?” “Fue cierto -corrobora Miguel Sueiro-, Lino hiciera un partido tremendo  aquel día, llegara contento el hombre porque acababa de tener a su primer hijo y creo que venía de celebrarlo”. Un Céltiga con el que, por cierto se mantenían excelentes relaciones “hasta el punto de que cada vez que íbamos allí -recuerda José Mª Alonso de sus tiempos de jugador- nos invitaban a todos a pulpo”.


Plantilla actual do Xil, tempada 2014-15
Pero las victorias que mejor sabor dejaban en la afición eran se lograban ante el Unión Dena, el eterno rival. El derbi meañés dio durante años partidos de mucha pasión, no exentos de algunas dosis de humor entre ambas aficiones “como cuando algún aficionado del Dena llegaba con el saco y lo dejaba en el bar: “para que recojáis los goles mañana”, nos decía”, recuerda Manuel Galiano, secretario del club en los 70. “Eran la madre de todos los partidos, los dos más importantes de la temporada” añade José María Alonso que los vivió como jugador y como presidente. Y es que la victoria ante el vecino fue, para unos y otros, durante años la más codiciada por parte de ambos.


Otras imágnes para el recuerdo...












De esqueda a dereita: Sueiro, Horacio e Sineiro, rememoran os inicios do fútbol en Xil
diante do que foi no seu día campo de fútobl de O Pazo