sábado, 24 de octubre de 2026

 

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 Diego Javier Lorente López
Director de la Banda Unión Musical de Meaño


Lee la entrevista más completa!. Diego Lorente fue reconocido por un jurado internacional como el mejor director de las 17 bandas concursantes en el XIX Certame Galego de Bandas, celebrado hace unos días en Pontevedra, amén de llevar a la Unión Musical de Meaño a conseguir el primer premio en la sección primera en ese certamen. Y, añadido, haciéndolo con la puntuación más alta de la historia del certamen (98,30 punto sobre un máximo de 100). Natural de Murcia, Diego Lorente se afincó en el sur de Galicia en 2006 para dirigir a la Banda de Música de O Rosal. Luego, al alimón se le abrieron las puertas para hacerse con la batuta en las bandas de Salceda de Caselas y Meaño. A pesar de la distancia se decantó por esta última que le atrajo por ser un proyecto consolidado y creciente. Así desembarcó en la BUMM en 2013 y de su mano, ganó el primer premio en el Certame Galego en la Sección Primera en los años 2016 y 2019, en el prestigioso Flicorno d'Oro en Italia (2019), y en el Internacional “Villa de Aranda” (2022). Añadido, la formación se hizo con el Premio Martín Códax de la Música (2022), y él dirigió también a la Banda Infantil de Meaño para conseguir el primer premio de su sección en el Certamen Galego de los años 2018 y 2025. Fotos deste conversa cedidas pola FGBMP


“LES PEDÍ A LOS MÚSICOS ALARGAR EL CALDERÓN FINAL EN HOMENAJE A DANI PORTAS” 


Dos premios en el Certamen Galego de Bandas del pasado domingo: uno, el ganar por tercera vez en la Sección Primera con la BUMM; y el otro, el suyo particular, y que nunca había recibido: el de mejor director entre los 17 del certamen. ¿Cuál de los dos le hizo más ilusión en su interior?
El de la banda, sin duda. El otro es añadidura, nunca dirijo pensando en un premio mío. En un símil con el fútbol, una cosa es ganar el Mundial la selección, y otra, el logro personal de haber sido un jugador máximo goleador del torneo, que eso es algo menor. Con el director en ese tipo de eventos, para mí es lo mismo.

Diego Javier Lorente dirigiendo a la BUMM en el Certame Galego hace unos días

Pero no me diga que en sus 13 años en la Unión Musical de Meaño, con tres participaciones en Certamen, y habiéndolo ganado las tres veces, nunca se le había reconocido como mejor director.
Nunca pensé en ello y nunca lo eché en falta. Cierto que este año llena. de forma especial, el haberlo recibido de un jurado muy valorado en el panorama internacional, cuya labor conozco, como eran la italiana Sara Maganzini, el holandés Álex Schillings y el terraconense Marcel Ortega i Martí. Son tres grandes directores, y el que me lo reconozcan ellos, a toro pasado, confieso que he hizo mucha ilusión.

Con tantos años en el mundillo: ¿Qué es lo que valora un jurado para puntuar al director? De hecho tenían en su pantalla a los directores siempre vistos de frente para valorarlos. ¿En que se fijan más?
No supe hasta el final que tenían una pantalla para vernos de frente. Supongo, que lo que valoran, de partida, es la complejidad de las obras que afronta, porque cuando mayor es la complejidad, mayor en la dificultad del director. Añadido, está la sonoridad global del conjunto, lo afinado tímbricamente se suena, y esta es una gestión que tiene que hacer el director para saber sacarle el máximo a cada momento.
Reconocía una semana antes del certamen, que alguna de las obras que debían interpretar se les atragantó en la preparación. ¿Cuál de ellas de forma especial?
La Sinfonía nº 1 Kaprekar”, de Martínez Gallego, que requería de más de 20 solistas, y que era de extrema dificultad. Mismo varios compañeros directores me decían al final que era la obra más difícil que se había abordado por una banda. Y lo cierto es que la BUMM cuajó en el certamen una gran interpretación, la mejor.

Otro momento en el Certame Galego

En la dirección, ¿usted se siente más cómodo con o sin batuta?
La verdad, prefiero dirigir con las manos que con la batuta. Ésta no es más que una herramienta para que todo resulte más claro, ofreciendo a los músicos un campo visual más preciso. Pero las manos, que es lo que emplean los directores de coro, para mi resulta más natural a la hora de transmitir eso que quieres. Y yo, precisamente siendo joven, me inicié en la dirección como director de coro.
¿Cuándo y en dónde aquel inicio suyo en coro?
Fue en mi Torre Pacheco natal, en Murcia, cuando, con 14 años, empecé dirigiendo el coro parroquial. Y fue entonces cuando empecé a percibir el primer dinero: el cura Don Antonio me daba 200 pesetas (1,20 euros de hoy) por actuación.
La BUMM no había presentado candidatura a competir en el Certamen desde su último título en 2019. ¿Qué le empujó a regresar este año?
En mi caso, cuando supe que la obra obligada iba a ser “O mar dos ausentes”, eso me empujó a hacerlo. Era una obra que, dentro de mí y de muchos, nos hacía pensar en un homenaje a músicos que ya no están. Escuchándola, me embargaba la emoción, y creí que era el momento para rendirle con esa interpretación nuestro particular homenaje interior.

Y su homenaje interior, cuando dirigía: ¿a quién iba dedicado?
Les pedí a los músicos que el final de “O mar dos ausentes”, esos treinta segundos que simbolizaba el “cara a la eternidad” y que es un momento maravilloso y muy difícil, sobre todo para el metal, ahí le pedí prolongar su calderón final seis segundos más: uno, en mi interior, para mi abuela, a la que tanto quería y a la que perdí este año; otro, por Antonio Campillo, saxofonista, gran amigo desde época de estudios, que impartía en el conservatorio de Gran Canaria y al que se lo llevó en 2024 una de esas enfermedades crueles. Mismo el domingo dirigí vistiendo una camisa blanca suya, que en su día olvidó en mi casa, y que a la postre me dejó y  conservo en mi armario; Y el tercero, por Dani Portas (en la foto anexa), el trombonista de la BUMM, compañero en la Municipal de Santiago, y director, a quien el corazón se le rompió también en 2024, precisamente sobre el mismo escenario del Pazo da Cultura en Pontevedra, y en ese mismo atril sobre el que estaba dirigiendo. Pensar en ellos durante ese final de “O mar dos ausentes” fue sublime. Esa sensación hizo aflorar de tal forma las emociones que me hizo llorar al final: de alegría, por los premios; y de pena, por los ausentes, a los que tanto quise y quiero.


En otro momento del concierto del Certame Galego

¿Cuánto tiempo dedicó la banda a preparar este certamen?
Desde enero. Trabajamos muchísimas horas, y la intensidad creció en verano. El que un centenar de músicos hayan dedicado tantas horas de su tiempo a ensamblar esas tres obras a la perfección es un trabajo arduo, enorme. Una vez acabado ese trabajo, mi mensaje el día anterior para los músicos fue que no íbamos al certamen a competir para ser mejores, porque, pasara lo que pasara, el trabajo ya estaba hecho y nos había hecho mejores. Es un mensaje que traslado a las 17 bandas que ofrecieron sus conciertos, todos muy buenos: no importa el puesto en que quedes, si una banda es primera, segunda, tercera… o lo que sea, lo realmente importante es que, seguro, cada una de esas 17 bandas salió del certamen siendo mejores de lo que eran antes.

¿Qué diferencia existe entre aquella BUMM que recibe en 2013 y la que existe hoy?
Es una formación que sigue creciendo. Prueba de ello es que en este certamen, más de veinte solistas, en flauta, clarinete, requinto, saxofón alto, tenor y barítono, trompa, trompeta, chelo, fagot… eran músicos de la propia cantera, y estuvieron, todos ellos, maravillosos. Pero no es menos cierto, que hoy el mundo bandístico se ve inmerso en una sociedad que, tras la crisis del coronavirus, se ha vuelto más egocéntrica, adicta a la tecnología que nos distrae y nos aleja de la importancia de encontrarnos con el bien colectivo. En música competimos con una red y una  industria brutal, donde la gente no se priva de gastarse 500 euros para ver un concierto de Shakira o grandes estrellas… Y las bandas, pese a nuestro crecimiento, somos hoy un pequeño reducto que, aún innovando, nos aferramos a la tradición, frente al coloso que es la industria musical de hoy en día.
Cuando llegó a Meaño, usted hablaba de la importancia de contar con más músicos que completaran su formación en conservatorios profesionales y superiores, y la matrícula de meañeses ha crecido.
Sí, es cierto. Pero, en la práctica, para que un alumno se desarrolle musicalmente necesita de dos pilares: uno, un profesor que te haga crecer musicalmente, y ese no importa donde esté: si en un conservatorio, si en una escuela ligada a una banda, si un particular... Y el otro pilar, un grupo que te haga crecer: banda, orquesta… lo que sea. Pero a estos dos pilares no puedes quedarte a esperarlos, tienes que salir a buscarlos, y elegir tú lo mejor para crecer. Y si tienes la suerte de que en Meaño cuentes con ambos pilares tan cerca, mejor que mejor. Todo lo demás llega por añadidura.

Sección de violonchelos de la BUMM durante el certamen

El violonchelo es un instrumento que irrumpe, se asienta y crece en las bandas de música populares. ¿Ve algún instrumento más en el futuro a incorporar o bien percibe mermas o otros?
Nuevos no veo, pero en la merma, y no sólo en Meaño sino también en todas las bandas de Galicia, existe una carencia grande de tubas. Quizás porque sea grande para la iniciación, pero es un instrumento hoy muy demandado y con mucha proyección para futuros alumnos de tuba.
¿Tiene ya nuevos retos en mente para la banda?
De momento, toca cargar pilas, que las tengo muy agotadas. Ha sido muy una temporada muy exigente preparando un repertorio tan complicado. Para la banda, lo que cabe en el futuro es seguir creciendo.

La tuba, el instrumento demandado. Sección de tubas de la BUMM en el certamen

Su idilio con Meaño dura ya 13 años. ¿Se mantendrá o teme que llegue el desencanto?
En realidad, soy en Meaño una fruta madura (risas). Pero es un idilio que se renueva, o no, cada año, cuando se hace balance. Justo por estas fechas, antes de fin de año, siempre se hace una reunión de músicos sin director. Y ahí, en consonancia con la directiva, votan con papeleta anónima si renuevan o no la confianza en el director. Esto es, la cabeza del director, y en este caso la mía, está en juego cada año.
¡Uy! Volviendo al símil que usted hacía hace un momento con el fútbol, su cabeza pende como la de los entrenadores… Más que la de los políticos, que estos la ponen en juego cada cuatro años.
(Risas) Sí, sí. Mi posición interior es que cada año, si no cuento con el apoyo del 80 por ciento, y el otro 20 por ciento de los músicos desea un relevo en la dirección, me voy.


Otra instantánea de la dirección durante el concierto

Si eso ocurriera, con su trayectoria y ahora estos premios… ¿A usted no le tira a su edad irse a un trabajo más tranquilo como impartir clases o dirigir en un conservatorio al uso?

No, no me tira. A mí lo que realmente me gusta es la dirección de las bandas. Mismo yo tenía la vida resuelta a los 20 años cuando oposité y me hice en lo militar con la plaza en la Banda de la Academia General del Aire de San Javier, de mi Murcia natal. Luego, dispuse de plaza e impartí clases en el conservatorio de Menorca. También concursé en Salamanca, aprobé una oposición en Sevilla… Pero mi ilusión por dirigir bandas de música me trajo a Galicia. Tras concursar, me eligieron en la Banda de Música de O Rosal y, avatares de la vida, me estrené por entonces en Galicia en la dirección de esa formación un 12 de octubre de 2006, justo un día después del día del Certamen Galego en esta edición con Meaño, cuando se cumplían los 20 años de mi estreno en Galicia. Sea en Meaño o en otra banda, lo que me atrae y me llena es la dirección y la formación en escuelas de música, porque aquí se es muchísimo más libre. En los conservatorios el trabajo está más sujeto a reglas y normas que vienen de arriba, y yo vivo más feliz siendo más libre en la formación.
Para finalizar. Estaba programada una fiesta anual de músicos y socios para el pasado domingo 18 de octubre, con actuaciones y almuerzo popular, y que al final se canceló por falta de inscritos. Aún así, ¿van a celebrar el premio de algún modo?
Se canceló porque todos nos hemos exigido mucho este año, a nosotros y a las familias. A estas alturas, estamos ahora un poco exhaustos, y todos precisamos un descanso. Pero algo haremos, lo hablaremos cuando volvamos a un ensayo. Lo mío, como murciano que soy, es el hacer una paella, que es todo un símbolo para celebrarlo en mi tierra.
 

Diego Lorente recogiendo el premio junto con la presidente Olga Pérez, de manos del presidente de la FGBMP, Iván Estévez

 

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