*** Opinión
¿DEBERÍA CAERSE EL PUENTE?
Es el
único en toda España, que sí. La postura del ministro de Transportes, Óscar
Puente, de permanecer en el puesto, tras los accidentes ferroviarios de Urda y
Adamuz, con 115 víctimas mortales a cuestas -y en la memoria-, resulta inaudito, y se torna esperpéntico cuando se sale el ministro con el mensaje de que “la alta
velocidad en España es segura”. Más aún con el presidente de Pedro Sánchez,
afirmando que “lo acaecido es inasumible”, (ja!) una filigrana dialéctica sabiendo que al final no lo asume nadie. Ningún alto mando en ese país se
responsabilizó en su día del apagón (del que todavía no sabemos, ni nunca
sabremos), de la crisis-invasión de Ceuta, ni de Adamuz, ni ahora de Urda…
Cuando
se habla de responsabilidad en estos casos, no es la penal sino política. Y
esta última implica saber apartarse cuando no se ha gestionado bien. Es una
obligación ética y moral de toda persona serena y de bien, que no se aferra a la
poltrona cuando las cosas han salido rematadamente mal, muy mal. Y, peor aún, la
responsabilidad por lo acaecido -o por lo pueda acaecer- salpica también a éste y cualquier presidente por
no asumir la suya, en su caso, de cesarlo. No cabe más. ("De puente a Puente... y me lleva la corriente").
Y
hablando de responsabilidad, dos añadidas que vienen. Una, la de los
sindicatos de este país, con una huelga general convocada para el 11 de
noviembre. Tal y como pinta, la jornada está abocada, no a la reivindicación cívica,
sino al vandalismo y al pillaje en las calles. Al tiempo. Lo acaecido en Barcelona,
Bilbao… son sólo el entremés de lo que puede esperar a este país el 11 de noviembre. Y
lo que ocurra en esa jornada, digan lo que digan, será también responsabilidad
de estos sindicatos sigloveintescos,
con sus líderes anclados también en su mecedora. Solo visitan tu empresa en
vísperas de elecciones generales o sindicales. Visto lo visto, procede un ejercicio de estoica prudencia: desconvocarla, esperar nuevo gobierno, conceder
esos 100 días de margen y, llegado el caso, de haber razones contundentes, celebrarla en su día, pasada la
tormenta.
Y la
otra responsabilidad, la que nos queda, es la nuestra como ciudadanos. Esta
conlleva votar el día 29 de noviembre. Pero con la que cae, no hacerlo desde la
emoción, sino desde la razón. No sea forofo de equipo de fútbol trasladado a la
política. Sea constructivo, no lo use su voto como un castigo (vea en la
Histroia como Mussolini, Hitler, Jesús Gil, Trump… llegaron con las urnas
porque lo quisieron sus ciudadanos, y esa fue su responsabilidad). Haga ahora un
ejercicio de razón. Sólo nos consultan cada cuatro años, no se estanque,
aproveche el turno.

En recuerdo de las víctimas de Urda y Adamuz


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